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Cierta Ciencia

En Cierta Ciencia, de la mano de la genetista Josefina Cano nos acercamos, cada quince días, al trabajo de muchos investigadores que están poniendo todo su empeño en desenredar la madeja de esa complejidad que nos ha convertido en los únicos animales que pueden y deben manejar a la naturaleza para beneficio mutuo. Hablamos de historias de la biología.

La mordida de un virus abre puertas al entendimiento de la memoria.

virus y memoria - Cierta Ciencia podcast - CienciaEs.com

En el año 2007, Lonni Sue Johnson enfermó de encefalitis, producida por un virus del herpes simple (HSV-2). Mientras duró la infección y al cabo de unas pocas semanas, Lonni, una ilustradora profesional de mucho éxito, había perdido una cantidad considerable de tejido en sus lóbulos temporales, en especial del hipocampo, esa zona del cerebro que es crucial para la formación y el almacenamiento de la memoria.

Con un hipocampo incompleto y no funcional, Lonni, con más de 50 años, no podía tener acceso a la casi totalidad de los recuerdos que había acumulado a lo largo de su vida. No se acordaba de que alguna vez estuvo casada ni de la muerte de su amado padre, un hecho muy traumático para ella. Reconocía a su madre y a su hermana pero a ninguno de sus viejos y cercanos amigos.

Siendo una artista visual, resultaba muy chocante ver cómo lo único que reconocía era la Mona Lisa de Leonardo da Vinci y nada, nada más. Ella también era una intérprete de música clásica, la viola, pero no sabía qué era y para qué servía una melodía de feliz cumpleaños. Tenía lo que los neurocientíficos llaman amnesia retrógrada, la incapacidad de recordar el pasado.

Más grave aún, Lonni había perdido también la capacidad de formar y almacenar nuevos recuerdos. Si se tenía una conversación con ella –sí, conserva intacto el lenguaje– y se salía de la habitación por un instante, al volver, Lonni no tenía la más mínima idea de que con quién había hablado. Nueve años después está en un estado que los neurocientíficos llaman “amnesia profunda”. Vive sólo el momento.

Ella no es la primera persona en sufrir esa situación. Está el caso de Henry Molaison, conocido como HM* un paciente que permitió a los neurocientíficos mapear en el cerebro las regiones encargadas de procesar, almacenar y consolidar lo visto, lo oído, lo aprendido, como memoria de largo plazo. Prestó una vida entera de servicio a la ciencia.

Pero el caso de Lonni es diferente y de un inmenso valor para la investigación de la memoria porque ella acumuló una cantidad enorme de información y conocimiento, de lejos mayor que la de HM quien ni siquiera fue más allá de la secundaria y cuya epilepsia no le permitió desarrollar habilidad alguna. Por todo el conocimiento manejado por Lonni como artista, música y empresaria, los neurocientíficos tienen una mina para explorar.

Empezaron a probar en Lonni, cómo se crea una pieza de arte. Después de un año de haber desarrollado la amnesia, ella empezó a dibujar de nuevo. No es sorprendente que fuera capaz de hacerlo: se asume que el acto físico de pintar reside, en la memoria de trabajo. Como había sido demostrado en el caso de HM, ésta se mantiene casi intacta cuando se daña el hipocampo. Lo que si fue sorprendente, asombroso, fue que ella pudo responder preguntas explícitas sobre cómo se hacía una acuarela o un dibujo con pluma y tinta. Pudo explicar cómo se puede crear la ilusión de profundidad. Sabía cuáles pinceles usar para pintar al óleo, diferentes de los usados para el acrílico. Podía hablar sobre los principios del diseño. Al día de hoy, ninguno de los científicos puede explicar cómo su cerebro, disminuido como está, puede acceder a esa información.

Las sorpresas siguieron cuando los científicos pasaron de la pintura a la música. Lonni no podía reconocer melodías tan sencillas como lo hace un niño pequeño. Pero cuando el equipo del Johns Hopkins le puso en las manos su viola y la hizo practicar una melodía especialmente escrita para ella, en incontables sesiones, aprendió a tocarla. Luego los científicos le retiraron la hoja con la partitura, para devolvérsela después. Ella no tenía ni idea de que ya la había visto antes y menos recordaba la melodía. Con la práctica fue mejorando. Pero aprender a tocar una pieza musical nueva y difícil, es sin embargo una tarea cognitiva complicada: no solo se necesitan habilidades motoras, sino un monitoreo consciente del timbre, el tono y el tiempo.

Lonni ilustra algo que los investigadores de la memoria habían empezado a establecer: las divisiones de los diversos tipos de memoria sugeridas por el caso de HM, –la memoria declarativa para los eventos vividos, almacenada en el hipocampo por un lado, y la memoria de trabajo para las habilidades físicas, que no está en el hipocampo–, no eran así de simples.

Los investigadores también empiezan a entender que tenemos otros tipos de memoria que no caen en ninguna de estas categorías. Así, científicos en Princeton han sometido a prueba a Lonni en algo llamado “aprendizaje estadístico”, un proceso por el cual y de forma inconsciente recogemos y absorbemos información sobre lo que nos rodea, sin siquiera notar que lo estamos haciendo. Por ejemplo, el andar un camino hecho mil veces ya no dependerá si seguimos un mapa sino más bien de recordar el edificio de la izquierda, la tienda de la derecha, una señal de tráfico: es reconocer. Hasta que se estudió a Lonni no era claro si este tipo de aprendizaje se desarrollaba en el hipocampo. Sí, ella no es capaz de hacer el aprendizaje estadístico.

Lo que sí puede hacer es aprendizaje adaptativo, el proceso por el cual aprendemos cuáles señales, sonidos y objetos en nuestro medio ambiente necesitan nuestra atención y cuáles no. Podemos ver pasar un auto sin prestarle mayor atención pero si lo vemos viniendo hacia nosotros de improviso, suenan las alarmas. El papel del hipocampo no era claro tampoco. El sentido común nos dice que es probable que el hipocampo sea necesario. Las pruebas hechas en Lonni dicen que tal vez no sea el caso.

Durante unos cuatro años de pruebas, los neurocientíficos tan solo han arañado la superficie de todo lo que se puede aprender sobre la memoria en casos como el de Lonni. Lo bueno es que ella tiene apenas 66 años y está saludable y es una persona amable y feliz. No aportará como HM casi medio siglo de información. Pero dado todo lo que los investigadores han aprendido de Lonni hasta hoy, ella seguirá siendo de una ayuda enorme en el campo de los estudios de la memoria, sin preocuparse un instante del pasado o del presente.

(Josefina Cano, 12/2017)

*En “ Atrapado en un eterno presente”, (www.ciertacienciablogspot) contamos su historia

Este escrito está basado en un artículo de Michael D Lemonick, editor en Scientific American y autor de The Perpetual Now: A Story of Amnesia, Memory, and Love (2017)

Más información en el Blog de Josefina Cano: Cierta Ciencia


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