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Zoo de fósiles

La mayor parte de los seres vivos que han poblado la Tierra han desaparecido para siempre. Quincenalmente, Germán Fernández Sánchez les ofrece en Zoo de Fósiles la posibilidad de conocer la vida de algunas de las más extraordinarias criaturas que vivieron en el pasado y que han llegado hasta nosotros a través de sus fósiles.

Los creodontos, carnívoros antes de los carnívoros.

Los creodontos - Zoo de Fósiles - CienciaEs.com

Hace unos 42 millones de años, a mediados del Eoceno, aparecieron los primeros Carnívoros en Norteamérica. No quiero decir con esto que antes de esa fecha no hubiera animales que comieran carne, estoy hablando del orden de los Carnívoros, el grupo de mamíferos que comprende hienas, mangostas, ginetas y civetas, félidos, cánidos, osos, mapaches y coatíes, mustélidos, mofetas, leones marinos, morsas, focas… Estrictamente, el orden de los Carnívoros está formado por el último antepasado común de perros y gatos y todos sus descendientes. Es un poco confuso que en español llamemos igual a los animales que comen carne y a este grupo de mamíferos, porque ni todos los animales que comen carne, como es el caso del tiranosaurio, pertenecen al orden de los Carnívoros, ni todas las especies del orden de los Carnívoros comen carne: el oso panda, por ejemplo, es casi exclusivamente herbívoro. Para evitar la confusión, llamaremos “Carnívoros verdaderos” a los miembros del orden de los Carnívoros.

Antes de que los Carnívoros verdaderos fueran los depredadores dominantes, otros grupos de mamíferos ejercieron ese papel. Uno de estos grupos fue el de los Creodontos.

Los Creodontos aparecieron en el Paleoceno, hace unos 63 millones de años, en Norteamérica, donde se convirtieron en los depredadores terrestres dominantes. A finales de ese periodo, hace unos 61 millones de años, se extendieron a África, y en el Eoceno llegaron a Europa y Asia. A finales del Oligoceno se extinguieron en Europa y Norteamérica, pero pervivieron en África y Asia hasta finales del Mioceno. Nunca llegaron a Sudamérica, que por entonces era una isla, ni, por supuesto, a Oceanía. Durante el Eoceno, hace entre 56 y 33 millones de años, fueron los depredadores dominantes en el Viejo Continente y Norteamérica, hasta que fueron sustituidos por los Carnívoros verdaderos. Aunque su posición en el árbol evolutivo de los mamíferos no está del todo clara, parece que sus parientes vivos más cercanos son los pangolines.

Los creodontos se dividen en dos grandes grupos, los oxiénidos y los hienodóntidos. Los primeros, más antiguos, aparecieron en Norteamérica, y se extendieron al Viejo Continente durante el Eoceno. Los hienodóntidos, por su parte, se extendieron por Eurasia y Norteamérica desde África. Los primeros creodontos eran pequeños, del tamaño de un gato, y probablemente eran omnívoros, animales oportunistas que se alimentaban de huevos, pájaros, pequeños mamíferos, insectos e incluso plantas. Hacia finales del Paleoceno ya aparecen en Norteamérica los primeros creodontos carnívoros de gran tamaño, como Dipsalidictis, del tamaño de un puma.

El cráneo de los creodontos es largo y estrecho, con un estrechamiento característico por detrás de los ojos. El cerebro es pequeño. La cresta sagital, extensión ósea en la parte superior del cráneo que sirve de soporte a los músculos de las mandíbulas, es grande. En muchas especies, la cabeza es bastante grande con relación al tamaño del cuerpo. Los creodontos tienen las patas relativamente cortas, con cinco dedos terminados en garras.

Los dientes caninos son siempre largos y puntiagudos. Los incisivos laterales son grandes, mientras que los centrales suelen ser pequeños. Los premolares son sencillos. Los creodontos tienen dos o tres pares de muelas carniceras, dientes de gran tamaño que se afilan constantemente por frotamiento y que cortan la carne y el hueso como cizallas, aunque normalmente solo un par es funcional. En los oxiénidos, las muelas carniceras son el primer molar superior y el segundo inferior, mientras que en los hienodóntidos son el segundo molar superior y el tercero inferior. En esto se diferencian de los Carnívoros verdaderos, cuyas muelas carniceras son el último premolar superior y el primer molar inferior. Al menos en los hienodóntidos, los dientes de leche se sustituían más lentamente que en los Carnívoros verdaderos.

A los largo de su evolución, los creodontos exploraron muchas de las formas que más tarde repetirían los Carnívoros verdaderos. Entre los creodontos encontramos especies parecidas a perros, gatos, osos, glotones, pumas, tigres de dientes de sable, hienas… Aunque también hay formas originales: Apterodon fue un excavador semiacuático semejante a una nutria, aunque con fuertes patas delanteras para cavar, como las de un tejón, que vivió en las costas de África desde mediados del Eoceno hasta el Oligoceno, y se alimentaba de invertebrados como crustáceos y moluscos con concha.

También había especies más grandes que los mayores carnívoros actuales: El mayor oxiénido conocido, Sarkastodon, alcanzaba los tres metros de longitud y los ochocientos kilos de peso, y tenía el tamaño y el aspecto de un oso grande. Vivió en Mongolia a finales del Eoceno, hace 35 millones de años, y probablemente cazaba al acecho grandes presas, como brontoterios, calicoterios y rinocerontes. Entre los hienodóntidos hay especies aún mayores: Simbakubwa, “gran león” en suajili, que vivió en Kenia a principios del Mioceno, hace 23 millones de años, superaba los mil kilos de peso y era más grande que un oso polar. Probablemente se alimentaba de rinocerontes y mastodontes.

Los últimos creodontos se extinguieron hace unos once millones de años. El último género fue Dissopsalis, un depredador de dos metros de largo, incluyendo la cola de 90 centímetros, medio metro de altura en la cruz y unos treinta kilos de peso, que vivió en Asia, desde Pakistán hasta China. Varias razones pueden explicar la derrota de los creodontos ante los Carnívoros verdaderos: su cerebro era de menor tamaño, su dentición les limitaba a consumir exclusivamente carne, y su aparato locomotor era menos eficiente, y con menor movilidad, de manera que solo podían usar la mandíbula para atrapar a sus presas. Esto último puede ser la razón del mayor tamaño relativo de la cabeza en los creodontos. Aunque no está claro si su extinción se debió a la competencia directa con los Carnívoros verdaderos, o estos simplemente se aprovecharon de su desaparición.

OBRAS DE GERMÁN FERNÁNDEZ:

Infiltrado reticular
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El expediente Karnak. Ed. Rubeo

El ahorcado y otros cuentos fantásticos. Ed. Rubeo


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