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Quilo de Ciencia

El quilo, con “q” es el líquido formado en el duodeno (intestino delgado) por bilis, jugo pancreático y lípidos emulsionados resultado de la digestión de los alimentos ingeridos. En el podcast Quilo de Ciencia, realizado por el profesor Jorge Laborda, intentamos “digerir” para el oyente los kilos de ciencia que se generan cada semana y que se publican en las revistas especializadas de mayor impacto científico. Los temas son, por consiguiente variados, pero esperamos que siempre resulten interesantes, amenos, y, en todo caso, nunca indigestos.

El abuelo que saltó por la ventana tal vez no era tan viejo

El abuelo que saltó por la ventana tal vez no era tan viejo - CienciaEs.com - Podcast Quilo de Ciencia

El creciente envejecimiento de la población amenaza nuestro futuro, sea cual sea nuestra edad. Se estima que para el año 2050 el número de personas mayores de 80 años se habrá triplicado y será superior a los 400 millones. Esta predicción ha llevado a responsables económicos de la talla intelectual y moral de Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), a recomendar que se bajen las pensiones en todo el mundo porque “la gente podría vivir más de lo esperado”. Cuando hablaba de altura no quería sugerir que fuese mucha. Vamos, que morirse más tarde de cuando toca les sale muy caro a los demás y el FMI parece estar muy preocupado por los demás; no tanto por usted.

Sin embargo, el problema, en realidad, no es el envejecimiento, sino el envejecimiento en malas condiciones de salud. Una persona de 80 años de edad en buen estado de salud es más barata de mantener viva que una persona de 60 años que ya ha desarrollado una enfermedad crónica, como la diabetes, por ejemplo, la cual necesita intervención terapéutica continuada. Si la vida tiene finalmente un precio (¿lo duda alguien aún?), este es netamente menor si estamos sanos.

Para mantenernos sanos el mayor tiempo posible, además de incrementar la educación para la salud de la población y estimular modos de vida saludables, sería también conveniente poder identificar aquellos individuos que pudieran tener mayores probabilidades de desarrollar enfermedades crónicas en el futuro, y hacerlo antes de que estas se desarrollen, de manera que se puedan tomar medidas concretas con estas personas para evitar o retrasar su aparición. Esto no es fácil de conseguir, y si el FMI piensa que es más caro conseguirlo que dejar que la gente enferme de modo natural, como ha hecho toda la vida, estamos perdidos. Además, no se trata de identificar a personas con riesgo de desarrollar una enfermedad concreta (diabetes, enfermedad cardiaca, pulmonar, etc.), sino de identificar a personas con riesgo de desarrollar enfermedades crónicas, en general, e intentar tomar medidas para retrasar su aparición o evitarla. Parece una tarea imposible.

Afortunadamente, un grupo de investigadores de la universidad de Duke, EE.UU., han explorado una nueva estrategia para estudiar la tasa de envejecimiento en personas jóvenes e identificar aquellos que, a pesar de tener la misma edad cronológica, han envejecido más deprisa de lo normal, incluso si están perfectamente sanos. La hipótesis de estos investigadores era que, contrariamente a lo que se piensa, no todas las personas envejecen a la misma velocidad, a pesar de que el tiempo transcurra igual para todos. Algunas personas envejecerían más rápido y esas serían las que mayor riesgo tendrían de desarrollar enfermedades propias de la vejez antes de lo normal. De ser esto cierto, y de poder identificar a estas personas, sería posible comenzar intervenciones con ellas para retrasar la aparición de enfermedades.

Edad biológica

Estas ideas no carecían de apoyo racional. Estudios anteriores realizados con miles de participantes habían demostrado que la medida de diez variables fisiológicas relacionadas con la vejez, y el empleo de una fórmula matemática desarrollada con ellas, permitía atribuir una edad biológica a cada persona, la cual predecía la mortalidad con más precisión que la edad cronológica. Esto indicaba que la edad biológica, determinada mediante esos factores, era más próxima a la realidad que la edad cronológica.

Los investigadores deciden determinar de este modo la edad biológica a personas nacidas en los años 1972-1973 y que participan en el llamado Estudio Dunedin, realizado en Nueva Zelanda. Este estudio sigue a los participantes desde su nacimiento hasta hoy para determinar la evolución de su salud a lo largo de sus vidas.

Los investigadores estudian a 1.037 personas participantes del Estudio Dunedin de una edad de 38 años, perfectamente sanos, y examinan sus fisiologías para comprobar si esta población joven muestra o no alguna variación en la extensión del envejecimiento. Los resultados de este examen, en efecto, indicaron que los individuos contaban con edades biológicas diferentes a la cronológica.

Una vez determinada la edad biológica, los investigadores estudian si aquellos que muestran fisiologías más envejecidas revelan igualmente signos de deterioro superior a los de su edad en sistemas como el cardiovascular, el sistema inmune, el metabolismo, pulmones, riñones, encías, etc., y también en su ADN. Para determinar este posible deterioro, los investigadores comparan los datos obtenidos en la actualidad con los obtenidos cuando los participantes tenían 12 y 26 años de edad. Finalmente, también investigaron si las personas que manifestaban un mayor envejecimiento, en teoría, también mostraban un mayor deterioro en sus capacidades físicas y cognitivas.

Los resultados de estos estudios confirmaron que algunas personas envejecen más rápido que otras. De hecho, algunos de los participantes tenían una edad biológica de más de 60 años, y estos indicaron sufrir de peor salud general y revelaron signos de deterioro físico y cognitivo.
Además, eran los que aparentaban una mayor edad a ojos de los demás, a pesar de tener la misma edad cronológica que el resto.

Los autores de este estudio concluyen que el proceso de envejecimiento puede ser medido y cuantificado en personas aún jóvenes y que no han desarrollado todavía enfermedades propias de una edad avanzada, lo que abre la puerta al empleo de terapias antienvejecimiento (que no hay que confundir con los cosméticos). Así pues parece que la ciencia del envejecimiento haría bien en estudiar también a los jóvenes y no solo a los viejos, salten por la ventana, o no.

Referencia:

Daniel W. Belskya et al. (2015). Quantification of biological aging in young adults. www.pnas.org/cgi/doi/10.1073/pnas.1506264112. 2.- Jonas Jonasson (2009). El abuelo que saltó por la ventana y se largó. ISBN: 978-84-9838-416-1.

Obras de divulgación de Jorge Laborda

Quilo de Ciencia Volumen I. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen II. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen III. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen IV. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen V. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen VI. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen VII. Jorge Laborda

Circunstancias encadenadas. Ed. Lulu

Circunstancias encadenadas. Amazon

Una Luna, una civilización. Por qué la Luna nos dice que estamos solos en el Universo

One Moon one civilization why the Moon tells us we are alone in the universe

Adenio Fidelio

El embudo de la inteligencia y otros ensayos


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