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Quilo de Ciencia

El quilo, con “q” es el líquido formado en el duodeno (intestino delgado) por bilis, jugo pancreático y lípidos emulsionados resultado de la digestión de los alimentos ingeridos. En el podcast Quilo de Ciencia, realizado por el profesor Jorge Laborda, intentamos “digerir” para el oyente los kilos de ciencia que se generan cada semana y que se publican en las revistas especializadas de mayor impacto científico. Los temas son, por consiguiente variados, pero esperamos que siempre resulten interesantes, amenos, y, en todo caso, nunca indigestos.

Ministerio de Ciencia e Innovación

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Universidad de Castilla - La Mancha

El coste mental de la empatía

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No puedo dejar de esbozar una sonrisa cuando oigo decir a algún comentarista, líder político o líder religioso que tenemos que ser mejores ciudadanos, más solidarios, más felices o cualquier otro objetivo que ellos consideran bueno para la sociedad. No niego que conseguir el objetivo que propugnan no mejore las cosas, pero la cuestión más importante es: ¿cómo lo conseguimos? Tras siglos y siglos de consejos similares, la Humanidad no ha logrado todavía ser buena, solidaria, altruista, honesta… Y hace ya más de dos milenios que alguien importante dijo: ama al prójimo como a ti mismo. En vista de los acontecimientos históricos, seguimos muy lejos de conseguirlo. ¿Por qué?

En mi opinión, la respuesta a esta pregunta solo puede provenir del estudio científico de la naturaleza humana y de nuestra psicología. Si obtuviéramos la respuesta, podríamos desarrollar estrategias psicosociales efectivas para, si no fomentar el amor, al menos sí limitar el odio o la indiferencia frente al prójimo. De otro modo, la situación sigue siendo similar a la de ese enfermo al que decimos que sería bueno que sanara, pero no le informamos de cómo hacerlo ni le sugerimos tratamiento alguno. Sin método, los objetivos jamás pueden conseguirse.

Uno de los consejos que más se escuchan últimamente es que debemos ser más empáticos con los demás, en particular con los refugiados, los inmigrantes, los pobres, los enfermos. Sin duda, es un buen consejo. La empatía es una de las habilidades cognitivas más importantes para navegar en la vida. Como sabemos, consiste en comprender el estado de ánimo de los demás, ponerse en su lugar y acercarnos así a experimentar sus emociones. Es conocido que la empatía puede favorecer las interacciones mutuamente beneficiosas con los demás. Puesto que esto es así, ¿por qué no somos todos más empáticos?

Para arrojar luz sobre esta aparente paradoja, la investigación en disciplinas tan diversas como la psicología social, la economía, la filosofía o las neurociencias ha dedicado importantes esfuerzos a estudiar la empatía. Hasta el momento, los estudios se habían enfocado en los obstáculos que dificultan la empatía, como el coste material y de tiempo (donaciones, voluntariado), o el coste emocional de sentir el malestar, la angustia y el estrés del otro. Normalmente, evitamos situaciones que demandan nuestra empatía cuando esta cuesta dinero, tiempo, o genera malestar emocional.

Ahora, un grupo de investigadores de las universidades de Pennsylvania y de Toronto estudian aún otro factor que podría afectar negativamente a nuestra capacidad o voluntad de sentir empatía: el esfuerzo mental que conlleva sentirse empático con los demás. Para estudiar este factor, que también fomenta que tantos y tantas eviten las ciencias, los investigadores realizan experimentos con voluntarios en condiciones en las que ser empático no costara ni tiempo, ni dinero, e incluso pudiera permitir experimentar emociones positivas. Al fin y al cabo, uno puede ser empático también con quienes son felices.

Elección de la empatía

Los estudios incluyen once experimentos con 1.200 participantes. Uno de estos experimentos intentaba responder a la pregunta de, si dada la posibilidad, los participantes preferían libremente sentir empatía o no. Para ello, los voluntarios podían elegir una fotografía de uno de dos montones. Las fotografías mostraban, en general, niños refugiados en situaciones duras. Si elegía una fotografía del primer montón, el voluntario debía simplemente describirla, pero si elegía una fotografía del segundo montón, el voluntario debía intentar sentir empatía con las personas que aparecían en ella y averiguar sus sentimientos. ¿De cuál de los dos montones elegirían los participantes fotografías con mayor frecuencia?

En otra serie de experimentos, las fotografías mostraban a personas tristes o alegres. De nuevo, los participantes podían elegir libremente extraer una fotografía de uno de los dos montones. En el caso de elegir una fotografía del montón de las personas tristes, solo se requería describir a la persona, mientras que, si se elegía una fotografía del montón de las personas alegres, había que intentar sentirse empático con ella.

Los resultados de estos experimentos indicaron que las personas intentamos evitar sentir empatía por los demás incluso cuando esto conlleva sentirse felices. Las fotografías del montón que obligaba a sentir empatía solo fueron elegidas un 35% de las veces, es decir, las fotografías del otro montón fueron elegidas casi el doble. La elección no estaba influida por costes monetarios o de tiempo, puesto que los participantes solo tenían que hacer el esfuerzo intelectual y emocional de sentirse empáticos.

Cuando, en cuestionarios subsiguientes, se preguntó a los participantes por las razones de su elección, estos manifestaron que evocar el sentimiento de empatía les resultaba intelectualmente más costoso que simplemente describir una escena o un rostro. Sabiendo esto, los investigadores intentaron averiguar si era o no posible estimular a las personas a sentirse más empáticas con los demás. Para ello, dijeron a un grupo de voluntarios que eran superiores al 95% de los demás en su capacidad de sentir empatía, pero solo eran mediocres describiendo escenas o rostros. A otro grupo, el grupo control, le dijeron lo contrario. En estas condiciones, los participantes a quienes se había hecho creer que eran excelentes empáticos eligieron con mayor frecuencia fotografías que requerían sentir empatía y afirmaron necesitar menor esfuerzo intelectual para ser empáticos que los otros.

Estos estudios indican que ser empático con los demás no solo no surge de manera natural en el ser humano, sino que puede ser voluntariamente evitado. Se hacen por tanto necesarias estrategias para fomentar la empatía, como también es necesario estimular las matemáticas, entre otras muchas cosas beneficiosas que no resultan siempre agradables, ni fáciles. Educar y estimular la empatía desde la infancia temprana, no obstante, podría resultar en importantes beneficios para la sociedad.

Referencia:
C. Daryl Cameron et al (2019). Empathy Is Hard Work: People Choose to Avoid Empathy Because of Its Cognitive Costs. April 18, 2019. http://dx.doi.org/10.1037/xge0000595

Más información en el Blog de Jorge Laborda.

Obras de divulgación de Jorge Laborda

Quilo de Ciencia Volumen I. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen II. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen III. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen IV. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen V. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen VI. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen VII. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen VIII. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen IX. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen X. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen XI. Jorge Laborda

Matrix de la homeopatía

Circunstancias encadenadas. Ed. Lulu

Circunstancias encadenadas. Amazon

Una Luna, una civilización. Por qué la Luna nos dice que estamos solos en el Universo

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Adenio Fidelio

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