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Quilo de Ciencia

El quilo, con “q” es el líquido formado en el duodeno (intestino delgado) por bilis, jugo pancreático y lípidos emulsionados resultado de la digestión de los alimentos ingeridos. En el podcast Quilo de Ciencia, realizado por el profesor Jorge Laborda, intentamos “digerir” para el oyente los kilos de ciencia que se generan cada semana y que se publican en las revistas especializadas de mayor impacto científico. Los temas son, por consiguiente variados, pero esperamos que siempre resulten interesantes, amenos, y, en todo caso, nunca indigestos.

Ministerio de Ciencia e Innovación

Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología

Universidad de Castilla - La Mancha

Baños y daños a flora de piel.

Baños y daños a flora de piel. Quilo de Ciencia podcast - Cienciaes.com

Comienza el periodo estival en el hemisferio norte y millones y millones de personas van a aprovecharlo para darse múltiples baños en mares y océanos. Supongo que buena parte de esas personas creen que esto del baño en el mar es una actividad de lo más saludable, mientras evitemos ahogarnos, que nos pique una medusa o nos muerda un tiburón, o nos bañemos en una playa con buena calidad del agua. ¿Están en lo cierto? ¿Hay pruebas suficientes para pensar así?

Es fácil pensar que lo que resulta agradable no es malsano, hasta que a algún aguafiestas, normalmente algún científico, se le ocurre estudiar si esto es o no cierto. Es así como hemos averiguado, entre otras muchas cosas, que demasiados alimentos apetitosos no son necesariamente beneficiosos para la salud de quien los come.

Y, cómo no, a un grupo de científicos les ha dado ahora por estudiar uno de los potenciales efectos tal vez más insospechados del baño estival, un efecto que hasta ahora solo unos pocos consideraban importante: cambios inducidos por el baño marino en las especies de bacterias que componen la flora bacteriana de nuestra piel.

Conviene recordar que el mar está densamente poblado de bichos en potencia mucho más peligrosos que los tiburones o las medusas, y de los que no podemos escapar en modo alguno si nos sumergimos en sus aguas: las bacterias. El análisis de la calidad de las aguas de las playas debe tener en cuenta a las bacterias que viven en estas. Obviamente, contaminaciones por aguas residuales, pero también por aguas de escorrentía debidas a tormentas o aguaceros, pueden modificar de manera sustancial a las especies bacterianas que viven en las aguas costeras. Esto puede conducir a que bañarse en esas aguas y tragar tan solo una pequeña cantidad de ellas, lo que de una forma u otra resulta casi inevitable, pueda causarnos una infección intestinal o respiratoria.

No obstante, supongamos que podamos evitar ingerir incluso la menor gota de agua pegada a nuestros labios durante o tras un baño. Pues bien, ni siquiera en ese improbable supuesto estaríamos exentos del riesgo de infectarnos si las bacterias marinas se adhieren a nuestra piel y permanecen sobre ella ¿Es eso posible?

Sí, es posible, claro. Para empezar, todos y cada uno de nosotros llevamos bacterias adheridas a la piel. La piel es la principal barrera física que nos protege de las infecciones y, curiosamente, en esta función colaboran las bacterias comensales y no patogénicas que viven adheridas a ella. Estas bacterias, junto con algunos virus y hongos microscópicos, constituyen lo que se llama el microbioma de la piel, similar al microbioma intestinal, más conocido como flora intestinal, constituido por cientos de especies de bacterias y otros microorganismos que viven en colaboración con nosotros.

Ruptura del equilibrio

Las bacterias del microbioma de la piel están adaptadas a vivir en un ambiente más bien duro, seco, ácido y sin demasiado aporte de alimentos, muy diferente del ambiente del interior del intestino, más acogedor para las bacterias. Sin embargo, su función no es menos importante para nosotros, ya que, como las bacterias intestinales, también participan en la correcta educación del sistema inmunitario, además de impedir que bacterias menos amistosas se establezcan sobre la piel, puesto que al ocupar su superficie no les dejan sitio para adherirse a ella. Esta adhesión es fundamental para, si la piel es dañada, permitirles eventualmente penetrar al interior del organismo e infectarlo.

Las diferentes especies bacterianas de la piel viven en equilibrio unas con otras. Este equilibrio puede ser roto por agresiones externas, como, por ejemplo, al ducharnos o bañarnos en casa con un gel de ducha demasiado agresivo. Esto deja huecos exentos de bacterias en la superficie de la piel en los que podrían establecerse otras más peligrosas y conducir a la generación de enfermedades infecciosas.

La cuestión que permanecía sin ser esclarecida era si un baño en el mar, sin jabón ni detergente alguno, afectaba también al equilibrio de la microbiota de la piel. En este caso, el peligro podría ser doble, puesto que el baño podría, en primer lugar, despegar a las bacterias beneficiosas de la piel y, al mismo tiempo, permitir que las bacterias del agua marina, algunas de ellas patogénicas, colonizaran los espacios de la piel dejados libres por aquellas. Esta posibilidad venía apoyada por algunos estudios que indicaban una tendencia positiva entre la frecuencia de baños en el mar y la ocurrencia de infecciones.

Para comprobar los efectos del baño en el mar sobre el microbioma de la piel, investigadores de la Universidad de California reclutan a nueve voluntarios que no habían usado crema solar ni se habían duchado en al menos doce horas, se bañaban más bien poco en el mar y no habían tomado antibióticos en los últimos seis meses. Mediante técnicas de biología molecular, el microbioma de estas personas en la zona de su nuca es analizado antes de bañarse y tras diez minutos de baño en el mar, una vez se han secado completamente. El análisis es repetido seis y veinticuatro horas después.

¿Qué encontraron estos estudios? No son buenas noticias. La microbiota había sufrido notables cambios. En particular, bacterias del género Vibrio (al que pertenece la bacteria que causa el cólera), normalmente ausentes del microbioma, se encontraron ahora en la piel. Estas bacterias se detectaron en todos los participantes tras haberse secado y a las seis horas del baño, pero, afortunadamente, a las veinticuatro horas las bacterias habían desaparecido de todos menos de uno de ellos. Curiosamente, la proporción de estas bacterias en la piel era diez veces superior a la presente en el agua marina, lo que indica que este género de bacterias tiene una clara preferencia por adherirse a nuestra piel durante el baño.

Estos estudios indican que tan solo diez minutos de baño en el mar pueden modificar drásticamente el microbioma de la piel, al menos durante unas horas. Es desconocida la modificación que el microbioma puede sufrir con baños más prolongados y combinados con largas exposiciones al sol y a cremas solares. Como no resulta extraño, estos estudios parecen indicar que es mejor moderar los baños en el mar y su duración. Vamos, lo mismo que ya nos decía nuestra abuela.

Referencia:
Ocean swimming alters skin microbiome, increasing vulnerability to infection

Más información en el Blog de Jorge Laborda.

Obras de divulgación de Jorge Laborda

Quilo de Ciencia Volumen I. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen II. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen III. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen IV. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen V. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen VI. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen VII. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen VIII. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen IX. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen X. Jorge Laborda
Quilo de Ciencia Volumen XI. Jorge Laborda

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