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Ulises y la Ciencia

Desde abril de 1995, el profesor Ulises nos ha ido contando los fundamentos de la ciencia. Inspirado por las aventuras de su ilustre antepasado, el protagonista de la Odisea, la voz de Ulises nos invita a visitar mundos fascinantes, sólo comprendidos a la luz de los avances científicos. Con un lenguaje sencillo pero de forma rigurosa, quincenalmente nos cuenta una historia. Un guión de Ángel Rodríguez Lozano.

Catástrofes cósmicas. Los dioses nos protegen.

Impactos en Júpiter

La noche del 19 de julio de 2009, Anthony Wesley, un aficionado por la astronomía lo suficientemente loco como para tener un observatorio astronómico en su propia casa a las afueras de Murrumbateman, Australia, decidió observar Júpiter con su telescopio.

Las previsiones no eran buenas pero, sorprendentemente, las primeras imágenes fueron de una calidad inmejorable. Durante dos horas estuvo observando y grabando las imágenes del planeta gigante hasta que, alrededor de la medianoche, las condiciones comenzaron a empeorar. Anthony estaba a punto de cerrar e irse a la cama pero, como sucede a muchos aficionados por la astronomía, decidió tomarse un descanso e intentarlo de nuevo más tarde.

Media hora después volvió a fijar su mirada en Júpiter. Las condiciones eran excelentes: se veían perfectamente las franjas de colores que adornan el planeta y se destacaba con nitidez la Gran Mancha Roja, una inmensa tormenta cuyo diámetro es dos veces y media más grande que el terrestre. Anthony Wesley había mirado a Júpiter montones de veces y  todos esos detalles eran  familiares. De pronto, por el borde del planeta, cerca del polo sur, apareció una manchita oscura que nunca había visto.

En un principio, Wesley pensó que había nacido  una nueva  tormenta en la agitada atmósfera de Júpiter, pero a medida que las horas pasaban y la rotación del planeta ponía la mancha frente a él, comprendió que no era así. La mancha era totalmente negra, como sucedió otro mes de Julio, 15 años antes, cuando un cometa hecho pedazos, de nombre Shoemaker-Levy 9, impactó con extraordinaria violencia contra la atmósfera joviana. 

Wesley alertó a la comunidad científica y,  un día después, los astrónomos  Leigh Fletcher y Glenn Orton de la NASA confirmaron sus sospechas, Tras seis horas de observación con el Infrared Telescope Facility de Hawai, los astrónomos obtuvieron una primera imagen (infrarroja) que mostraba un objeto brillante justo donde estaba situada la mancha negra. No existe ningún fenómeno atmosférico capaz de dar esa imagen en el infrarrojo, sólo un impacto de un objeto exterior es capaz de producirlo.

Quince años antes Júpiter había mostrado, no una, sino un conjunto de manchas negras muy parecidas a la observada por Wesley.

El origen fue un cometa que se acercó demasiado a Júpiter hasta el punto de ser capturado por él. Fue descubierto en 1993 por Shoemaker y Levy cuando ya había sido destrozado por las enormes fuerzas de marea del planeta gigante. Durante un paso previo a su descubrimiento, en 1992,  el cometa pasó tan cerca de Júpiter que se partió en varios pedazos, los trozos se fueron separando a medida que vagaban por el espacio hasta que, finalmente, dos años más tarde, fueron cayendo sobre Júpiter.

Durante cinco días la comunidad científica y la humanidad entera observaba sobrecogida cómo los trozos más grandes del cometa se precipitaban uno tras otro. El día 18 de julio de 1994, un pedazo de 3,5 kilómetros explotó con una violencia desconocida: ¡6 millones de megatones! 600 veces el arsenal nuclear de la Tierra.
Cada explosión creó una mancha negra sobre la atmósfera de Júpiter, las manchas se fueron acumulando como inmensas heridas sobre la capa de nubes del planeta. Incluso con un pequeño telescopio se podían distinguir con claridad, mucho más claramente que la Mancha Roja. Días después las manchas se fueron  difuminando y sólo quedó una franja oscura sobre el hemisferio sur del planeta.
En 15 años hemos sido testigos de dos catástrofes de dimensiones planetarias. ¿Qué lección debemos extraer de esos acontecimientos? ¿Sucederá lo mismo en la Tierra? ¿Son las colisiones cósmicas más frecuentes de lo que suponíamos?
Un reciente estudio, publicado den Science Express  parece aportar algo de luz sobre el asunto. Según los cálculos realizados por Nathan Kaib y Thomas Quinn de la Universidad de Washington, Júpiter y Saturno protegen a la Tierra de catástrofes como la provocada por el Shoemaker-Levy9 o el reciente evento descubierto por Anthony Wesley.

La mayoría de los cometas que se adentran en el interior del Sistema Solar, proceden de una región extensa, conocida como Nube de Oort, que, según se cree, contiene miles de millones de cuerpos helados. La Nube de Oort se extiende desde 1.000 veces la distancia de la Tierra al Sol hasta los confines del Sistema Solar, a un cuarto de la distancia que nos separa de la estrella más próxima (Próxima Centauri). Desde allí vienen los cometas de periodo largo -se conocen más de 3.200 de ellos- algunos de ellos, potenciales amenazas para la Tierra.

Kaib y Quinn estudiaron mediante simulaciones de ordenador, la probabilidad de que un cometa procedente de la Nube de Oort choque contra la Tierra. En sus simulaciones incluyeron más de 1 millón de cuerpos en la Nube de Oort y simularon los efectos de los cuatro planetas más grandes en los cometas que allí se generan.

Los resultados revelan que Júpiter y Saturno ejercen una considerable labor de protección sobre los planetas interiores como la Tierra. Su fuerza gravitatoria es tan potente que  o bien obliga a desviarse a los cometas  o los absorbe capturándolos como hizo con los dos casos que hemos mencionado. Según los resultados del estudio, la colisión de un cometa de periodo largo con la Tierra es muy poco probable.  Así pues, después de todo, los antiguos no erraron mucho al adorar  a los grandes planetas como dioses protectores de la humanidad.

Hoy Ulises nos habla de meteoritos y colisiones planetarias.


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