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Ulises y la Ciencia

Desde abril de 1995, el profesor Ulises nos ha ido contando los fundamentos de la ciencia. Inspirado por las aventuras de su ilustre antepasado, el protagonista de la Odisea, la voz de Ulises nos invita a visitar mundos fascinantes, sólo comprendidos a la luz de los avances científicos. Con un lenguaje sencillo pero de forma rigurosa, quincenalmente nos cuenta una historia. Un guión de Ángel Rodríguez Lozano.

Zorros, conejos y superpoblación

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Ulises ha decidido contarnos un cuento, dirigido a los adultos, cuya moraleja tiene que ver con la población de nuestro planeta. La idea se le ocurrió un día que, navegando por Internet, descubrió una página web dedicada a mostrar la población de la Tierra en tiempo real. Más allá de la exactitud dudosa de los datos, lo que llamó su atención fue la cifra global de población mundial que facilitaba. En aquellos momentos, la cantidad superaba los 7.200 millones de personas (ahora son más, aquí tienen el link para consultarlo). La cifra recordó a Ulises un cuento, no tan infantil, pero sí con moraleja, inspirado en la física del Caos. Escúchenlo y… saquen ustedes sus propias conclusiones.

El cuento de los zorros y los conejos.

“En una isla perdida en el océano vivía una cantidad enorme de conejos. Carecían de enemigos naturales y con el tiempo su población había alcanzado a un equilibrio casi perfecto. Se reproducían con rapidez durante la primavera, pero muchos de ellos morían durante la estación seca, cuando la hierba escaseaba. De esta manera, año tras año su número apenas variaba.

Pero un día ocurrió algo imprevisto. Flotando sobre un viejo tronco de árbol, una pareja de zorros agotados y hambrientos alcanzaron la playa. Estaban tan débiles que a duras penas lograban mantenerse sobre sus patas. Un conejo simpático y curioso se acercó confiado a los recién llegados. Nunca había visto un zorro y le perecían conejos enormes. Su curiosidad… le costó la vida.

El nuevo lugar fue una bendición para los zorros. Con la abundancia de comida procrearon y su número fue en aumento. Primero fueron decenas y después cientos. La población de zorros subía y la de conejos menguaba. Pronto hubo miles de zorros por toda la isla. Eran tantos que los conejos comenzaron a escasear.

Los zorros comenzaron a sentir el azote del hambre. El hambre les hizo afinar su instinto y se redujo aún más la población de conejos. Se desató una gran hambruna. Cada vez que un zorro cazaba un conejo, otros intentaban arrebatárselo y se producía una pelea a muerte. La escasez se fue cobrando víctimas y… los miles de zorros pasaron a ser cientos, y los cientos… decenas. Cuando apenas quedaban unos pocos zorros, los conejos supervivientes se sintieron menos acosados y comenzaron a reproducirse con rapidez. Su número aumentó muy deprisa y pronto poblaron la isla de nuevo. Los pocos zorros que quedaban volvieron a tener comida y comenzó un nuevo ciclo…

Una lección para la especie humana.

La historia que acaban de escuchar es un ejemplo típico de dos poblaciones que se desarrollan en ambientes cerrados. En el fondo, encierra una gran lección para la especie humana. ¡Tal vez alguien piense: “¿Sí hombre, ahora ve a resultar que somos como los conejos! No, no, tranquilo…., nosotros no somos como los conejos. Si tuviéramos que hacer un símil con el cuento, nosotros seríamos más bien…. ¡los zorros!

Vayamos por partes. El ejemplo que hemos puesto describe lo que ocurre con las poblaciones en dos casos diferentes. El primero, el de los conejos antes de la aparición de los zorros, representa a una población en equilibrio estable. Nacen tantos como mueren y viven tantos como permite el espacio cerrado de la isla. El segundo, el de la población de zorros y conejos juntos, es un ejemplo claro de sociedades en desequilibrio. Como resultado, las poblaciones oscilan entre el desastre y la abundancia, entre la superpoblación y la baja cantidad de individuos. Pero eso le sucede a los conejos y a los zorros ¿Qué está ocurriendo con los humanos?

Evolución de la población humana.

Analicemos la evolución de la población humana a lo largo de su historia: Se calcula que hace 2.000 años, había 170 millones de personas sobre La Tierra, una cantidad a la que se había llegado después de más de cuatro millones de años de evolución. Un crecimiento bastante lento. En el año 1000, la humanidad estaba formada por unos 250 millones de personas. O sea que en mil años había aumentado en 80 millones. Una nimiedad si se tiene en cuenta que actualmente aumenta más de esa cantidad en un solo año. En 1575 la población se había duplicado, o sea, 500 millones. A partir de entonces los números impresionan. Tan solo 300 años después la población humana en el planeta se volvió a duplicar, era el año 1800 y había cerca de 1000 millones de seres humanos. Volvió a duplicarse 123 años después, en 1927, 2.000 millones. Lo hizo de nuevo en 1974, en tan solo 47 años la población alcanzó los 4.000 millones de personas. Actualmente el número supera los 7.200 millones y sigue creciendo a un ritmo de casi 8 millones de seres humanos al mes, una población como la de Suiza, todos los meses. La pregunta es: ¿hasta cuándo?

Volvamos a nuestro ejemplo de los zorros y conejos. Los zorros crecieron hasta alcanzar los límites de su hábitat: La isla. También nosotros tenemos un límite: El planeta Tierra. Hasta ahora hemos crecido quitándole a otras especies su espacio, es algo inevitable. Quizás podría hacerse de una forma mucho más racional, pero ése es otro tema. El caso es que, incluso para nosotros, hay un número máximo. En éso todos están de acuerdo. La discusión está en la cantidad: Los más pesimistas dicen que lo máximo que este planeta puede soportar son 8.000 millones de personas y los optimistas hablan de 15.000 millones. Ambas cifras las alcanzaremos este siglo al ritmo de crecimiento actual ¿qué sucederá entonces?

El CAOS en las poblaciones.

Hace treinta años, algunos ecólogos pensaban que el crecimiento de las poblaciones se detenía al alcanzar los límites del hábitat y a partir de ahí los nacimientos igualaban a las defunciones, para mantener el número, como en los conejos del cuento. Ésa era la teoría, pero cuando se observaban poblaciones reales, de bacterias o insectos, las cosas no eran tan simples. Se producían fluctuaciones en las que excesos de población iban seguidos de grandes mortandades, tras las cuales, la población comenzaba a crecer de nuevo.

Algunos matemáticos y físicos comenzaron a estudiar las ecuaciones que representaban la evolución de estas sociedades. Eran fórmulas simples: a partir de los datos del número de individuos de una generación y la tasa de hijos de éstos, se obtenía la cantidad de sujetos en la generación siguiente. Para hacer la simulación más realista, incluyeron un nuevo factor, un número límite de la población en función del hábitat de la especie. Simularon distintas situaciones con ordenadores y obtuvieron resultados sorprendentes. Para algunas tasas de crecimiento las poblaciones tendían a valores estables, para otras, en cambio, el número final de sujetos oscilaba entre dos valores, como un péndulo. La sorpresa saltó cuando, para algunas tasas de crecimiento particularmente rápidas, la evolución de la población se hacía totalmente inestable, caótica, tanto que, a veces, se llegaba a la extinción total de la especie en estudio.

Las enseñanzas se pueden resumir de esta forma: Lo importante no es el número máximo que pueda soportar el planeta, sino “la manera” de acercarnos a él. Si el ritmo de crecimiento de la población es lento, alcanzaremos la meta con suavidad y será fácil “frenar” para mantener estable el número final. Si la velocidad de crecimiento es grande, a la humanidad le sucederá como al corredor que alcanza la meta muy rápido, no podrá frenar y se pasará del límite. Después, con una población que ha excedido la capacidad del hábitat en el que vive, se producirán situaciones de carestía, aparecerá el hambre, la guerra y la miseria, todos esos factores harán decrecer la población de tal manera que nos volveremos a pasar, pero hacia atrás, para subir de nuevo, como el péndulo oscila alrededor del punto de equilibrio. Cuanto más rápido nos acerquemos más amplias serán las oscilaciones. Y si pasamos cierto límite el comportamiento final puede ser caótico. Esa es una posibilidad de la que debemos huir a toda costa.

Pero la población humana introduce factores imprevistos en las ecuaciones. Su distribución por La Tierra no es homogénea y la evolución es muy distinta en unos sitios y en otros. En el mundo desarrollado la tasa de natalidad ha bajado tanto que en algunos lugares la población amenaza con bajar. En cambio, entre los países pobres el crecimiento es tan grande que hace temer lo peor. Existen sociedades en las que se ha impuesto un sistema de control de la natalidad por la fuerza y como consecuencia se están produciendo otros desequilibrios. Ahí está el caso de China, donde sobreviven más niños que niñas. Todo indica que el control de natalidad viene por sí solo cuando las personas tienen acceso a la cultura, al trabajo y al desarrollo. Pero esas opciones están fuera del alcance de la mayoría de los seres humanos de este planeta. Por esa razón, la solución del problema de la superpoblación no es fácil.

Los zorros del cuento no fueron lo suficientemente inteligentes para prever lo que se les venía encima. Pero nosotros no somos zorros ¿no? O tal vez… sí ¿Quién sabe?

Más información:

La población mundial

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