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Vanguardia de la Ciencia

Vanguardia de la Ciencia es un programa de divulgación científica creado por Angel Rodríguez Lozano en 1995. En cada episodio contamos la ciencia con amenidad y rigor para mostrar los avances que se producen en distintas áreas del conocimiento en forma de reportajes, noticias, entrevistas y curiosidades científicas.

Visitante extrasolar. Corazón de estrella. Perelman. Vacas locas.

Oumuamua, oveshooting, Perelman, vacas locas - Vanguardia de la Ciencia podcast - CienciaEs.com

Oumuamua, el extraño visitante interestelar.

El 19 de octubre de 2017, los telescopios del proyecto Pan.Starrs detectaron la traza de un objeto desconocido en el firmamento. Este tipo de descubrimientos es habitual porque el proyecto Pan–Starrs, cuyas siglas significan Telescopio de Rastreo Panorámico y Sistema de Respuesta Rápida, vigila permanentemente el firmamento con dos telescopios con espejos de 1,8 metros de diámetro desde la cima del Haleakala, en Hawaii. Estos telescopios han sido diseñados para tomar imágenes de una amplia región del cielo con una cámara de 1,5 gigapixels, imágenes que después son comparadas entre sí para detectar en ellas objetos que tienen un movimiento rápido entre las estrellas fijas. Cometas, asteroides, planetas y, en general, todos aquellos cuerpos que se mueven en el Sistema Solar y son lo suficientemente grandes como para que su luz sea captada dejan cada noche muestras de su movimiento en las imágenes y los responsables del proyecto se encargan de identificarlos. Aquellos cuerpos cuya trayectoria no se corresponde con ningún objeto conocido son inmediatamente notificados al Centro de Planetas Menores y a una amplia red de telescopios repartidos por toda la superficie del planeta, cuya misión consiste en detectar los objetos cercanos a la Tierra y calcular su tamaño y órbita para saber si constituyen algún tipo de amenaza para la Tierra.
Aquel 19 de octubre de 2017, como decía, se detectó la traza de un nuevo objeto en el firmamento. En un principio pensaron que se trataba de un pequeño asteroide, uno más entre los muchos que deambulan por el Sistema Solar, pero, a medida que se iban tomando imágenes que permitían calcular la velocidad y la trayectoria, los científicos iban descubriendo que no es trataba de un objeto corriente. La trayectoria de aquel objeto no era cerrada, como sucede con los que orbitan alrededor del Sol sino abierta ¡procedía de las profundidades del espacio interestelar! Se le asignó el nombre hawaiano de Oumuamua, que significa “el primer mensajero que viene de lejos”.
La alerta se difundió por todos los observatorios de la Tierra y miles de telescopios terrestres y orbitales comenzaron el seguimiento de Oumuamua. Un equipo de astrónomos dirigido por Karen Meech del Instituto de Astronomía en Hawái descubrió que el brillo de ‘Oumuamua varíaba muchísimo, en un factor de diez, a medida que giraba sobre su eje, una vez cada 7,3 horas. Esto llevó a la conclusión de que se trataba de un cuerpo muy alargado, de unos 800 metros, probablemente rocoso o metálico, sin el menor atisbo de polvo a su alrededor. Con estos datos, fue calificado como asteroide pero ahora, nuevos datos apuntan a la posibilidad de que sea considerado un cometa. Karen Meech, investigadora del Instituto de Astronomía de la Universidad de Hawaii explica la diferencia entre un cometa y un asteroide.
Referencia:
Micheli et al. Non-gravitational acceleration in the trajectory of 1I/2017 U1 (‘Oumuamua) N AT U RE , VO L 5 5 9, 2 2 3. https://doi.org/10.1038/s41586-018-0254-4

Overshooting en el corazón de las estrellas.
Antonio Claret, astrofísico del Instituto de Astrofísica de Andalucía habla de su último trabajo sobre el comportamiento del núcleo convectivo en el interior de las estrellas, publicado en The Astrophysical Journal. Las estrellas liberan la enorme energía que crean las reacciones nucleares de su interior por dos medios principales: por radiación o por convección. Los modelos de evolución estelar que describan el comportamiento del núcleo convectivo de la estrella han sido difíciles de comprobar debido a la dificultad que imponen las restricciones observacionales. La últimas investigaciones demuestran que algunas estrellas cuyo comportamiento no se ajustaba a los distintos modelos de evolución que suelos manejar los astrofísicos encuentran explicación en el modelo desarrollado por Claret.

Referencia:
Antonio Claret y Guillermo Torres. The Dependence of Convective Core Overshooting on Stellar Mass: Additional Binary Systems and Improved Calibration. The Astrophysical Journal, 859:100 (8pp), 2018 June 1. https://doi.org/10.3847/1538-4357/aabd35

Gregori Perelman
La colaboración de Astronomía al Aire presenta hoy el caso del científico que rechazó un premio de un millón de dólares: Grigori Perelman.

¿Qué fue del Mal de las Vacas Locas?

En 1730, un ganadero del sudeste de Inglaterra observó que algunas ovejas de su rebaño comenzaban a sufrir unos temblores extraños. A medida que pasaban los días el estado de los animales empeoraba, las ovejas perdían coordinación en sus movimientos hasta el punto de que no podían mantenerse en pie y había que sacrificarlas. En algunos casos los animales se tornaban irritables y sufrían fuertes picores que les llevaban a rascarse con tanta furia que se arrancaban la lana. Ese afán por rascarse sirvió para llamar a la enfermedad con el nombre de “scrapie” (screipi) que deriva, en inglés, del verbo raspar o rascarse. El conjunto de síntomas hizo pensar que las ovejas infectadas sufrían alguna forma de locura.
Años después se detectó la misma enfermedad en las cabras y con el tiempo se descubrió que prácticamente cada especie tiene una enfermedad del mismo tipo. El nombre genérico es el de “encefalopatía espongiforme”, encefalopatía porque ataca al cerebro y espongiforme porque los cerebros de los animales afectados aparecen llenos de agujeros como si fueran esponjas.
Los primeros indicios de una encefalopatía espongiforme que afecta al ser humano fueron descubiertos en 1922. La enfermedad comenzaba con síntomas suaves, como pérdida de memoria, apatía o problemas de visión, pero poco a poco la persona afectada iba empeorando hasta llegar a la locura, la parálisis y la muerte. Como recompensa por el descubrimiento, la comunidad científica bautizó a la enfermedad con los nombres de sus dos descubridores: Creutzfeldt (Crutfild) y Jacob (Yacob). A principios de los años cincuenta, un grupo de misioneros llegó a las tierras de la tribu Fore, en el interior del territorio de la nación Papúa Nueva Guinea. Fueron bien recibidos por los aborígenes y se quedaron a vivir con ellos. No tardaron en comprobar que algunos de los habitantes del poblado sufrían una rara enfermedad mortal que ninguno de ellos había visto antes. Lo aborígenes, en cambio, estaban acostumbrados a convivir con el mal, incluso le habían asignado un nombre , lo llamaban “Kurú” palabra que en su idioma significa “muerte de la risa”. El enfermo afectado de “Kurú” comenzaba su particular calvario con esporádicas pérdidas de memoria, pero poco a poco el estado empeoraba hasta la pérdida del control de los movimientos y la demencia.
La enfermedad afectaba a la tribu Fore llegó a alcanzar unas dimensiones tremendas. Tan solo en un año, en 1957, murieron 400 personas, todas ellas nativas, en cambio, ninguno de los misioneros padeció la enfermedad. El origen de tal epidemia parecía venir de un ritual con el que los Fore honraban a sus muertos. Cuando un ser querido fallecía, los familiares lo despedían con una ceremonia macabra en la que consumían el cerebro y las vísceras del muerto. Los médicos estudiaron la situación y determinaron que el kurú era una enfermedad neurológica infecciosa que se transmitía al consumir las vísceras de las personas infectadas. Convencieron a los indígenas que abandonaran la práctica caníbal y a partir de ese momento el número de afectados comenzó a disminuir hasta desaparecer prácticamente en nuestros días. El extraño suceso de la tribu Fore fue descrito en un congreso médico en 1957 y fue allí donde un veterinario de origen americano asoció los síntomas del kurú con los del scrapie de las ovejas. Pero lo que realmente preocupó fue el carácter contagioso de la enfermedad. Pronto se conocieron otros casos de contagio; algunas personas adquirieron la enfermedad en lugares donde habían ido a curarse de otras dolencias. En ciertos hospitales aparecieron casos esporádicos de enfermedad de Creutfeldt-Jacob (Crutfild-Yacob) adquiridos por el uso de instrumentos quirúrgicos contaminados, unos pacientes quedaron infectados al recibir un trasplante de córnea, otros al implantarles electrodos contaminados en el cerebro y hubo algunas personas que adquirieron la enfermedad por inyección de hormonas de crecimiento procedentes de donantes. Todos son casos son muy raros, pero dejaron constancia de un hecho indudable: La enfermedad se puede contagiar entre individuos de la misma especie. En 1972 nadie conocía los agentes infecciosos de la enfermedad. Fue entonces cuando el investigador estadounidense Stanley Prusiner decidió investigar la enfermedad. Diez años después, Prusiner logró preparar una solución con el agente infeccioso a partir del cerebro de un hámster infectado. Cuando se conocieron los resultados del análisis el investigador no podía salir de su asombro: el culpable de la infección no era una bacteria ni de ningún otro microorganismo conocido, tampoco era un virus porque carecía de material genético, ¡el culpable era una molécula de proteína!. Prúsiner estaba seguro de su hallazgo y llamó a la proteína “Prion”, acrónimo de la denominación inglesa que significa “Partícula proteínica infecciosa”. Cuando dio a conocer los resultados de la investigación, la comunidad científica se negó a creerlo ¿Cómo puede reproducirse e infectar a un organismo algo que no tiene material genético? ¿Dónde tiene almacenadas las órdenes para tal cometido?

Os invitamos a escuchar el reportaje completo en este episodio de Vanguardia de la Ciencia, con Angel Rodríguez Lozano.


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