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El Neutrino

El neutrino es una partícula esquiva, en apariencia insignificante, pero necesaria para explicar el mundo. Ni la radiactividad, ni el big bang, ni el Modelo Estandar de la física de partículas serían posibles sin él. Con El neutrino, un blog nacido en febrero de 2009, el físico y escritor Germán Fernández pretende acercar al lector, y ahora al oyente, al mundo de la ciencia a partir de cualquier pretexto, desde un paseo por el campo o una escena de una película, hasta una noticia o el aniversario de un investigador hace tiempo olvidado.

Los elefantes de Tarzán, y los elefantes de Aníbal

Elefante trucado de Tarzán - El Neutrino podcast - Cienciaes.com

Hace poco he vuelto a ver una de aquellas viejas películas de Tarzán, el auténtico Tarzán, Johnny Weissmuller. Siempre que veo esas películas me llama la atención el rudimentario disfraz que llevan los elefantes: orejas de goma, colmillos postizos… ¿Por qué habría que disfrazar a los elefantes en una película de Tarzán? Pues porque son elefantes asiáticos que se pretende hacer pasar por elefantes africanos. Y hay que agradecer el esfuerzo, pues en otras películas más modernas se muestra sin rubor a Tarzán montado en un elefante asiático sin disfrazar.

Hay muchas diferencias entre elefantes asiáticos y africanos, y algunas saltan a la vista. La primera es el tamaño; los elefantes africanos son en promedio más grandes que los asiáticos, aunque esto no resulta un problema para las películas de Tarzán, puesto que Tarzán vive en la selva, y los elefantes africanos de selva son más pequeños que los de sabana, y de un tamaño más similar al de los elefantes asiáticos (o incluso algo más pequeños). La forma más fácil de diferenciar un elefante africano de uno asiático son las orejas; en los primeros son de forma triangular y cubren los hombros del animal, mientras que en los segundos son más redondeadas y bastante más pequeñas. Por eso, los elefantes que aparecen en esas películas de Tarzán llevan orejas postizas, que son claramente identificables por su excesiva rigidez; los animales nunca las agitan, como suelen hacer los elefantes con sus orejas verdaderas, sino que las mantienen pegadas al cuerpo. Algunos elefantes también llevan colmillos falsos, ya que tanto los machos como las hembras del elefante africano los tienen, mientras que las hembras del elefante asiático (e incluso algunos machos) suelen carecer de ellos; se nota que los colmillos son postizos porque no están sujetos rígidamente a la mandíbula del animal y se bambolean cuando éste corre. Hay otras diferencias más sutiles: la frente del elefante indio es más abombada, la espalda más arqueada y la cola más larga; tiene cuatro dedos en las patas traseras, cinco en las delanteras, y sólo un lóbulo, o dedo, en el extremo de la trompa, mientras que el elefante africano tiene dos lóbulos en la trompa, tres dedos en las patas traseras, y cuatro o cinco en las delanteras.

Alguien puede preguntarse qué necesidad hay de complicarse tanto la vida, cuando hay elefantes africanos a disposición. Sí, hay elefantes africanos (bien es verdad que cada vez menos), pero resulta que son más difíciles de domar. Algunas fuentes llegan a afirmar que es imposible domar un elefante africano. Aunque esto no es cierto: en varios países del sur de África se usan elefantes africanos para llevar a los turistas de safari. Sin embargo, hoy en día, todos los elefantes de los circos y los que se emplean para diversos trabajos en muchos países de Asia son elefantes asiáticos. Aunque tampoco éstos están realmente domesticados. Los elefantes asiáticos no se crían en cautividad, sino que se capturan en estado salvaje y se doman. Sería demasiado costoso alimentar a las crías hasta que alcancen una edad útil para el trabajo.

Entonces, si los elefantes africanos son tan difíciles de domar, ¿qué clase de elefantes eran los elefantes de guerra de la antigüedad? Durante la Segunda Guerra Púnica, a finales del siglo III a.C., el ejército cartaginés de Aníbal marchó sobre Roma con treinta y siete elefantes de guerra. El imperio cartaginés llegó a extenderse por gran parte del Mediterráneo, pero el elefante africano sólo se encuentra al sur del Sahara, mientras que el asiático se extiende por el sudeste asiático desde la India hasta Borneo. ¿De dónde sacó Aníbal sus elefantes? Lo que ocurre es que, hace siglos, las áreas de distribución de ambos elefantes eran mucho más amplias. Los elefantes africanos se extendían por todo el continente, y los asiáticos llegaban por el oeste hasta la costa del golfo Pérsico y Turquía. Al reducirse estas áreas, varias subespecies se han extinguido, algunas muy curiosas, como el elefante chino, una variedad de elefante asiático que vivió en China hasta el siglo XV y que se caracterizaba por su piel oscura y sus colmillos de color rosado.

Los indios, persas y macedonios, entre otras civilizaciones, emplearon elefantes asiáticos para la guerra. Pero en el caso de Aníbal, los frescos y monedas cartagineses de la época representan elefantes pequeños, de no más de dos metros y medio de altura, con las grandes orejas y el lomo cóncavo característicos de los elefantes africanos. Estos elefantes se han clasificado tradicionalmente como Loxodonta africana pharaoensis, una subespecie, hoy extinta, del elefante africano, probablemente más dócil que los elefantes africanos actuales, que vivía al norte del Sahara desde el Atlas hasta Etiopía. Pero esta clasificación se hizo cuando se pensaba que todos los elefantes africanos pertenecían a la misma especie. Sin embargo, hace pocos años se ha mostrado que existen suficientes diferencias anatómicas y genéticas entre los elefantes africanos de sabana y los de selva para considerarlos dos especies diferentes, Loxodonta africana y Loxodonta cyclotis respectivamente. Parece que los elefantes norteafricanos estaban más emparentados con los elefantes de selva que con los de sabana, por lo que probablemente eran una subespecie de aquéllos, Loxodonta cyclotis pharaoensis, o quizá constituían una especie diferente, Loxodonta pharaoensis. No lo sabemos. Desgraciadamente, nunca se han realizado pruebas de ADN para validar alguna de estas hipótesis. El elefante norteafricano se extinguió hacia el siglo VI d.C., aunque es posible que sobreviviera en las costas de Sudán y Eritrea hasta mediados del siglo XIX.

Así pues, los elefantes de guerra cartagineses eran elefantes africanos. Sin embargo, el elefante que montaba el propio Aníbal no lo era. Era un ejemplar mucho más grande, llamado “Surus”, que posiblemente significa “el sirio”. Este elefante era probablemente un descendiente de los elefantes asiáticos que los Ptolomeos de Egipto, sucesores de Alejandro Magno, se habían apropiado como botín de guerra tras sus campañas en Siria. Los elefantes sirios (Elephas maximus asurus) eran una subespecie de gran talla del elefante asiático, más grandes que los mayores elefantes asiáticos existentes hoy. Superaban los tres metros y medio de altura, y se extendían por Turquía, Siria e Iraq. Se extinguieron hacia el año 100 d.C. debido a la caza excesiva a la que se vieron sometidos para la obtención de marfil. Lo mismo que va a pasar con los elefantes africanos como no pongamos remedio.

OBRAS DE GERMÁN FERNÁNDEZ:

El expediente Karnak. Ed. Rubeo

El ahorcado y otros cuentos fantásticos. Ed. Rubeo


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