suscripción
La ciencia no deja de asombrarnos con nuevos descubrimientos insospechados. En el podcast Ciencia Fresca, Jorge Laborda Fernández y Ángel Rodríguez Lozano discuten con amenidad y, al mismo tiempo, con profundidad, las noticias científicas más interesantes de los últimos días en diversas áreas de la ciencia. Un podcast que habla de la ciencia más fresca con una buena dosis de frescura.
Los deltas del mundo se hunden
¿Qué pasa cuando el mar sube… pero el suelo bajo tus pies baja aún más rápido? Muchos de los lugares más poblados del planeta viven esta doble amenaza silenciosa. Un estudio internacional publicado en Nature revela que todos los grandes deltas del mundo se están hundiendo, en muchos casos a mayor velocidad que la subida del nivel del mar. Ángel Rodríguez Lozano explica qué está ocurriendo en regiones clave y por qué la actividad humana acelera este proceso.
Los deltas —las zonas donde los ríos desembocan en el mar— son auténticos puntos calientes del planeta. Aunque solo ocupan alrededor del 1 % de la superficie terrestre, albergan a cientos de millones de personas, grandes ciudades, tierras agrícolas clave y ecosistemas fundamentales. Y, precisamente por ser tan bajos y planos, son extremadamente vulnerables.
El estudio analiza 40 deltas repartidos por todo el mundo, desde el Nilo hasta el Mekong, pasando por el Mississippi o el Amazonas. Utilizando datos de radar de los satélites Sentinel-1 entre 2014 y 2023, los investigadores han medido con gran detalle cuánto se mueve el terreno hacia arriba o hacia abajo. El resultado es claro y preocupante: todos los deltas estudiados se están hundiendo.
En más de la mitad de los casos, el suelo desciende a un ritmo superior a 3 milímetros al año. Y en 13 deltas, el hundimiento es incluso más rápido que la subida global del nivel del mar, que actualmente ronda los 4 milímetros anuales. En algunos lugares, como el delta del Chao Phraya (Tailandia) o el del río Amarillo (China), el terreno se hunde el doble o el triple de rápido que lo que sube el océano.
El problema no es solo la velocidad, sino la extensión. El estudio estima que entre el 54 % y el 65 % de la superficie habitable de los deltas del planeta está en proceso de hundimiento. En ciertos deltas, más del 90 % del territorio pierde altura de forma continua. Es decir, no se trata de zonas aisladas, sino de regiones enteras que están literalmente descendiendo.
¿A qué se debe todo esto? Parte del hundimiento es natural: los sedimentos blandos que forman los deltas se compactan con el tiempo. Pero hoy el factor decisivo es la actividad humana. La extracción masiva de aguas subterráneas, la construcción de presas que impiden que los ríos lleven sedimentos hasta la costa y la urbanización acelerada están multiplicando las tasas naturales de subsidencia.
En muchos deltas, bombear agua del subsuelo provoca que los sedimentos se compacten de forma irreversible. En otros, el problema es que los ríos ya no aportan el material necesario para “reconstruir” el delta frente a la erosión marina. Y, casi siempre, estos factores se combinan con ciudades cada vez más grandes y pesadas construidas sobre terrenos muy frágiles.
Una de las conclusiones más importantes del estudio es que, en la mayoría de los deltas, el hundimiento del terreno contribuye más al riesgo de inundación que el propio aumento del nivel del mar. Esto cambia por completo el enfoque del problema. Incluso si mañana se frenara el calentamiento global, muchos deltas seguirían hundiéndose durante décadas.
El impacto humano es enorme. Los deltas donde la subsidencia es dominante albergan a más de 230 millones de personas, muchas de ellas viviendo a menos de un metro sobre el nivel del mar. Ciudades como Alejandría, Bangkok, Daca, Shanghái o Yakarta ya están sufriendo inundaciones cada vez más frecuentes.
Además, no todos los países tienen la misma capacidad para responder. El estudio muestra que dos tercios de los deltas se encuentran en regiones con pocos recursos para adaptarse, lo que aumenta el riesgo de crisis sociales, económicas y ambientales.
La buena noticia es que, a diferencia del cambio climático global, el hundimiento provocado por el ser humano se puede frenar. Regular la extracción de agua subterránea, recuperar el transporte natural de sedimentos o replantear el crecimiento urbano son medidas difíciles, pero posibles. El reto no es solo científico, sino político y social.
Referencias:
Ohenhen, LO, Shirzaei, M., Davis, JL et al. Subsidencia global de deltas fluviales. Nature 649 , 894–901 (2026). https://doi.org/10.1038/s41586-025-09928-6
Adiós al platino: ‘plásticos’ que fabrican hidrógeno verde con luz y vitamina C
El hidrógeno suele presentarse como el combustible limpio del futuro. Y, en cierto sentido, lo es: cuando se usa en una pila de combustible, el producto final vuelve a ser agua. El detalle importante —el que separa el eslogan de la realidad— es cómo lo fabricamos. Hoy gran parte del hidrógeno se produce a partir de combustibles fósiles. El “hidrógeno verde”, en cambio, implica obtenerlo del agua usando energía renovable. Suena perfecto. Pero hay una piedra en el camino: hacerlo barato, eficiente y escalable.
Para separar agua en hidrógeno y oxígeno no basta con “darle energía”. Puedes hervir agua y seguirá siendo agua. Para romper enlaces de forma útil necesitas dirigir esa energía hacia la química, no hacia el calor. Aquí entra la palabra clave: catálisis. Un catalizador no crea energía; actúa como una “palanca molecular”, un atajo que facilita que la reacción siga un camino más eficiente. Como una llave inglesa: no hace fuerza por ti, pero convierte tu esfuerzo en un giro más fácil y útil.
Durante años, los sistemas más eficaces para producir hidrógeno han dependido de catalizadores basados en metales escasos y caros, con el platino como protagonista habitual. Y ese es el problema: un futuro energético no puede apoyarse en un material limitado, caro y con impactos ambientales asociados. Por eso resulta tan llamativo un estudio reciente que logra alta producción de hidrógeno sin platino, usando un enfoque de catálisis mediante luz, la llamada fotocatálisis orgánica.
La idea es elegante: emplear polímeros conjugados (materiales orgánicos semiconductores, “plásticos” diseñados para absorber luz y mover cargas) y convertirlos en nanopartículas dispersables en agua. ¿Por qué nanopartículas? Porque no solo aumentan la superficie de contacto; también mejoran la accesibilidad del agua al material y facilitan que las cargas generadas por la luz participen en la reacción antes de recombinarse y perderse como calor. Un detalle decisivo del trabajo es cómo modifican el polímero para que “se lleve mejor” con el agua: al hacerlo más hidrofílico, la actividad catalítica se dispara.
Ahora bien, hay un matiz crucial, y conviene contarlo con honestidad: en estos experimentos se usa vitamina C (ácido ascórbico) como donante de electrones. Es decir, funciona como una “muleta” química que ayuda a mantener el flujo de electrones necesario para producir hidrógeno. Eso implica que el ascórbico se consume y debe reponerse en condiciones experimentales. Esto hace necesario disponer de elevadas cantidades de vitamina C, que hoy por hoy no permite escalar la producción de hidrógeno. El propio trabajo y la nota asociada apuntan al siguiente gran objetivo: lograr la división global del agua (hidrógeno y oxígeno) con solo luz y agua, sin aditivos.
Aun con esa “muleta”, el avance es enorme: demuestra que se puede alcanzar un rendimiento extraordinario sin platino y abre una ruta prometedora hacia un hidrógeno verdaderamente solar, barato y sostenible.
De esto habla hoy Jorge Laborda en Ciencia Fresca.
![]()
Apoya a CienciaEs haciéndote MECENAS con una donación periódica o puntual.

40,8 millones de audios servidos desde 2009
Agradecemos la donación de:
Eulogio Agulla Rodiño
Luis Felipe Alburquerque
“Me encanta Hablando Con Científicos. Felicidades!!”
Angel Quelle Russo
“Vuestra labor de divulgación de la ciencia y en particular del apoyo a los científicos españoles me parece muy necesario e importante. Enhorabuena.”
Angel Rodríguez Díaz
“Seguid así”
Anónimo
Mauro Mas Pujo
Maria Tuixen Benet
“Nos encanta Hablando con Científicos y el Zoo de Fósiles. Gracias.”
Daniel Dominguez Morales
“Muchas gracias por su dedicación.”
Anónimo
Jorge Andres-Martin
Daniel Cesar Roman
“Mecenas”
José Manuel Illescas Villa
“Gracias por vuestra gran labor”
Ulrich Menzefrike
“Donación porque me gustan sus podcasts”
Francisco Ramos
Emilio Rubio Rigo
Vicente Manuel CerezaClemente
“Linfocito Tcd8”
Enrique González González
“Gracias por vuestro trabajo.”
Andreu Salva Pages
Emilio Pérez Mayuet
“Muchas gracias por vuestro trabajo”
Daniel Navarro Pons
“Por estos programas tan intersantes”
Luis Sánchez Marín
Jesús Royo Arpón
“Soy de letras, sigo reciclándome”