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La mayor parte de los seres vivos que han poblado la Tierra han desaparecido para siempre. Mensualmente, Germán Fernández Sánchez les ofrece en Zoo de Fósiles la posibilidad de conocer la vida de algunas de las más extraordinarias criaturas que vivieron en el pasado y que han llegado hasta nosotros a través de sus fósiles.
Hace unos 150 millones de años, a mediados del Jurásico, el grupo de los cocodrilomorfos, que incluye a los cocodrilos actuales, era mucho más diverso que hoy. Dentro de este grupo encontramos a los metriorrínquidos, que estaban mucho mejor adaptados a la vida en el mar que el cocodrilo marino. Aunque este puede vivir y cazar en mar abierto, su ambiente predilecto son los manglares costeros, y se reproduce en tierra firme. Los metriorrínquidos, sin embargo, eran animales exclusivamente acuáticos.
Los metriorrínquidos aparecieron a mediados del Jurásico y se extinguieron a principios del Cretácico. Tenían las patas transformadas en aletas, más largas las traseras que las delanteras; se alimentaban de peces, cefalópodos, reptiles acuáticos e incluso de pterosaurios, a los que atrapaban cuando se acercaban a la superficie del agua. El cráneo es triangular, como en los cocodrilos, pero los ojos se sitúan a los lados de la cabeza. Los orificios nasales se abren en el extremo del hocico, lo que les permite respirar sin sacar la cabeza fuera del agua. Tenían una aleta caudal en forma de media luna, semejante a la de los tiburones e ictiosaurios; al igual que en estos últimos, la columna vertebral se doblaba hacia abajo en su extremo para sostenerla. Como los ictiosaurios y los plesiosaurios, su piel era lisa, sin escamas ni osteodermos, los huesos que cubren la piel en el resto de los cocodrilos. De esta manera eran más hidrodinámicos. La amplitud de las caderas sugiere que eran animales vivíparos. Su metabolismo, como el de los cocodrilos, era lento: eran animales de sangre fría. Probablemente pasaban toda su vida en el agua, y eran incapaces de sostener su peso en tierra firme. En algunos fósiles se han encontrado marcas de mordeduras, que pudieron haber sido infligidas por competidores de su misma especie, o por otros reptiles marinos depredadores más grandes. Como estaban desprovistos de coraza, debían confiar en su velocidad para escapar de estos últimos.
Por la forma del cráneo y el hocico, y por el número y tamaño de los dientes, los metriorrínquidos se dividen en dos grupos: los metriorrinquinos, con el hocico largo y un gran número de dientes pequeños, y los geosaurinos, con el hocico más corto y dientes grandes y menos numerosos. Sus fósiles se han encontrado en Europa y América.
Los metriorrínquidos más antiguos que conocemos son Neptunidraco y Tyrannoneustes, de mediados del Jurásico, hace unos 165 millones de años. Neptunidraco vivió en lo que hoy es el nordeste de Italia; en aquella época, gran parte de Europa estaba sumergida en el mar de Tetis, que separaba los supercontinentes de Laurasia, en el norte, y Gondwana, en el sur. Con un cráneo de unos 80 centímetros, se estima que la longitud total de Neptunidraco alcanzaba los 4 metros. Neptunidraco tiene el hocico alargado, con dientes largos y cortantes. Los ojos están cubiertos por una visera ósea.
Los fósiles de Tyrannoneustes proceden de Inglaterra, Francia y Polonia. La historia de su descubrimiento es curiosa: Los primeros fósiles de este género fueron recogidos por el cazador de fósiles Alfred Nicholson Leeds en una cantera de arcilla del distrito de Peterborough, en el sudeste de Inglaterra, entre 1907 y 1909, pero permanecieron almacenados en el sótano del Museo Hunteriano de la Universidad de Glasgow durante un siglo, hasta que fueron redescubiertos y descritos en 2013. Tyrannoneustes es un metriorrínquido de unos 5 metros de longitud, de hocico corto y grandes dientes, adaptado a la captura de grandes presas.
Entre mediados y finales del Jurásico vivieron Maledictosuchus y Suchodus. El primero, cuyos restos se han encontrado en España y México, es un metriorrínquido de hocico largo de 3 metros de longitud total. Suchodus, de hocico corto, vivía en Inglaterra y Francia, y alcanzaba una longitud de 5 metros.
A finales del Jurásico, hace unos 160 millones de años, nos encontramos en el sudeste de Francia con Aggiosaurus. Solo tenemos una mandíbula superior en mal estado y con pocos dientes, pero por estos, que alcanzan hasta 12 centímetros de longitud, sabemos que Aggiosaurus es el metriorrínquido con los dientes más grandes. Más o menos de la misma época es Gracilineustes, de 2 a 4 metros de longitud. Es un metriorrínquido de hocico largo, cuyos fósiles se han encontrado en Inglaterra y Francia.
Algo más tardío, aunque aún del Jurásico superior, es Metriorhynchus, el género que da nombre al grupo. Metriorhynchus vivió en lo que ahora es Francia hace entre 157 y 150 millones de años. Mide unos tres metros de longitud y era un superdepredador: en el interior de un ejemplar fósil se han encontrado las agallas de Leedsichthys, el pez óseo más grande de todos los tiempos, un gigante que medía entre 16 y 27 metros y podía alcanzar las 45 toneladas de peso. Metriorhynchus tenía unas glándulas especializadas en el hocico para expulsar el exceso de sal del organismo. Estas glándulas salinas, también presentes en otros metriorrínquidos, le permitían beber agua salada y alimentarse de animales con alto contenido en sal, como los cefalópodos, sin deshidratarse.
Plesiosuchus es contemporáneo de Metriorhynchus. Sus restos se han encontrado en Inglaterra, España y la República Checa. Casi alcanzaba los 7 metros de longitud, y era también un superdepredador de fuertes mandíbulas.
Muy parecido a Metriorhynchus es Purranisaurus, que supera los 3 metros de longitud. Vivió en lo que hoy es Argentina y Chile a finales del Jurásico, hace unos 145 millones de años.
Entre el Jurásico superior y el Cretácico inferior, hace entre 160 y 136 millones de años, vivió Cricosaurus, un pequeño metriorrínquido de hocico largo de entre 2 y 3 metros de longitud. Sus restos fósiles se han encontrado en Alemania, Suiza, Francia Inglaterra, México, Cuba y Argentina. Tanto los ejemplares juveniles como los adultos tenían glándulas salinas.
De la misma época son Dakosaurus, Geosaurus y Rhacheosaurus. Dakosaurus es un superdepredador de 4 a 5 metros de largo, con dientes largos, serrados y comprimidos lateralmente, cuyos restos se han encontrado en Inglaterra, Francia, Suiza, Alemania, Polonia, Rusia, México y Argentina. Cuando se encontraron sus primeros restos fósiles, que eran dientes aislados, se confundieron con los de un dinosaurio carnívoro. El cráneo de Dakosaurus es robusto, de forma triangular, con el hocico relativamente corto y fuertes músculos en las mandíbulas. En algunos cráneos de México se puede observar la cavidad que albergaba la glándula salina. Un ejemplar descubierto en Baviera contenía el esqueleto completo de un neonato, en el que se aprecian las patas en forma de aleta, inapropiadas para caminar en tierra firme. Esto apoya la idea de que los metriorrínquidos eran animales vivíparos y parían en el agua. Dakosaurus se alimentaba de presas de gran tamaño, de las que arrancaba grandes pedazos que tragaba enteros.
Geosaurus era similar a Dakosaurus, aunque algo más pequeño, entre 2,5 y 3 metros. Sus restos se han encontrado en Alemania y Francia. Rhacheosaurus, que vivía en lo que hoy es Alemania, era aún más pequeño, medía alrededor de 1,5 metros, y tenía el hocico largo equipado con un gran número de dientes cónicos, como Cricosaurus. La presencia de cuatro géneros coetáneos en los mismos mares europeos sugiere que existía un reparto de nichos: mientras que los géneros grandes de hocico corto y grandes dientes, Dakosaurus y Geosaurus, cazaban grandes presas, los pequeños, con el hocico largo, Cricosaurus y Rhacheosaurus, estaban especializados en la captura de peces más pequeños. Estos dos últimos competían también con Aelodon, un cocodrilomorfo teleosáurido semejante a los modernos gaviales.
Con la pérdida de biodiversidad de principios del Cretácico y el descenso global de las temperaturas y del nivel del mar, los metriorrínquidos no pudieron competir con otros depredadores marinos, como tiburones y pliosaurios. La estructura de sus senos nasales les impedía sumergirse a gran profundidad, una desventaja frente a sus competidores. Durante el principio del Cretácico los metriorrínquidos entraron en decadencia y acabaron por extinguirse.
Germán Fernández (11/02/2026)
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