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El quilo, con “q” es el líquido formado en el duodeno (intestino delgado) por bilis, jugo pancreático y lípidos emulsionados resultado de la digestión de los alimentos ingeridos. En el podcast Quilo de Ciencia, realizado por el profesor Jorge Laborda, intentamos “digerir” para el oyente los kilos de ciencia que se generan cada semana y que se publican en las revistas especializadas de mayor impacto científico. Los temas son, por consiguiente variados, pero esperamos que siempre resulten interesantes, amenos, y, en todo caso, nunca indigestos.
Vamos a empezar hoy con una pregunta difícil. ¿Si fueras un mosquito hembra en una región tropical, a qué animal preferirías picar para obtener la sangre que alimentará el desarrollo de los huevos que se convertirán en tus hijos?
La pregunta no es fácil de responder, a primera vista. No sabemos lo que los mosquitos hembra – o mosquitas, para los amigos – prefieren como alimento, aunque, en principio, no debe ser lo mismo picar a un sapo que a una rata que a un ser humano.
Por mi parte, si yo fuera una mosquita, procuraría picar lo que me resultara más fácil. Y es que, al margen de lo apetitosa o nutritiva de pueda resultar la sangre de cada especie, hay que tener en cuenta la disponibilidad y el costo de conseguir alimentarse. No es sorprendente que la mayoría de la gente acuda al supermercado que tiene más cerca de casa, aunque no siempre ofrezca los alimentos de mejor calidad, ni los más apetecibles. Muchos valoran sobre todo la comodidad y la cercanía, y lo mismo pueden hacer las hembras de mosquito, que no tienen un pelo de tontas, ¾sobre todo porque los mosquitos no tienen pelo, al menos no pelos como los nuestros¾.
Así que cambiemos la pregunta anterior por otra: ¿qué especie de la selva tropical es la que resulta más accesible de picar para las mosquitas?
En una primera valoración, parecería claro que entre las especies preferidas no debería encontrase la humana, ya que esta no habita las selvas tropicales. Pero, un momento, detengámonos con cuidado en esta apreciación. Si nos centramos en la selva atlántica de la costa brasileña, resulta que, debido a la expansión humana, hoy queda en torno a un 10–30% de la cobertura original (según cómo se mida), y además extremadamente fragmentada. El resto ha sido seriamente afectado por la invasión humana.
Lo anterior apunta a que, si antaño las mosquitas se alimentaban de sangre de la gran variedad de especies que habitaban la selva tropical atlántica brasileña, hoy su patrón alimenticio puede haber variado. En los tiempos que corren, puede resultarles mucho más fácil picar a un humano que a cualquier otro animal.
Es una idea interesante y plausible, dado que la cantidad de seres humanos en algunas zonas de dicha selva puede ser ya superior a la de otros mamíferos o aves. Pero, como sucede con todas las ideas, es imperativo obtener información que permita probarla o refutarla. ¿Cómo la podemos conseguir?
Investigadores de la Universidad Federal de Río de Janeiro tuvieron la idea de desplazarse a la selva tropical y capturar a cuantos mosquitos hembra les fuera posible. Los científicos tenían la esperanza de capturar así hembras que hubieran picado recientemente a alguna víctima y tuvieran el abdomen repleto de su sangre. De ser así, los científicos podrían extraer la sangre y analizar, mediante técnicas de biología molecular, a qué especie pertenece.
Este análisis resulta hoy casi un juego de niños. Se trata de amplificar un gen particular mediante la técnica de la reacción en cadena de la polimerasa, la famosa PCR, a la que muchos fuimos sometidos durante la pasada pandemia de COVID-19 para detectar si estábamos o no infectados por el coronavirus. Tras la amplificación de su DNA, el gen puede ser secuenciado y su secuencia comparada con las de los bancos de datos de secuencias genómicas de especies animales para identificar a qué especie pertenece la sangre.
El gen que va a ser amplificado y secuenciado es elegido de modo que sea siempre diferente entre las diferentes especies, es decir, debe ser un gen lo suficientemente variable entre los diferentes animales como para que su secuencia pueda ser asociada a solo una especie concreta. Es como si debiéramos elegir frases particulares de obras literarias que solo aparecieran en una de ellas y no en las demás. Al leerlas, podríamos identificar a qué obra pertenecen sin ambigüedad. Por ejemplo, “mi querido Sancho”, o “el mejor de los mundos posibles” serían atribuidas a obras concretas sin duda alguna. Lo mismo sucede con la secuencia de letras de ese gen en diferentes especies. ¿Qué cuál es el gen? El del citocromo b, si quieres saberlo, un componente de la cadena respiratoria.
Utilizando trampas luminosas para atraer y capturar a los mosquitos, con gran paciencia y determinación, y obviamente sin la ayuda de ningún repelente de mosquitos que pudiera evitar su picadura, los científicos capturaron a 2.077 mosquitos de diversas especies. De estos, solo 145 hembras contenían sangre en sus abdómenes, aproximadamente el 7%.
Los investigadores no pudieron identificar el origen de la sangre extraída por todas esas 145 hembras de mosquito. Por diversas razones técnicas, solo pudieron identificar la sangre de 24 de ellas. No obstante, los resultados fueron bastante claros: 18 de esas hembras habían picado a un humano; una había picado a un anfibio; seis, a aves; otra, a un cánido (quizá un perro) y, finalmente, otra a un ratón.
Si has prestado atención te habrás dado cuenta de que los animales picados suman más de 24. De hecho, suman 27. ¿Es esto un error? Resulta que no, porque tres de las hembras de mosquito habían picado a más de una especie y albergaban en su abdomen una mezcla de sangres, que resultaron ser de anfibio y de humano, de ratón y de ave, y de ave y humano. ¿Quién lo hubiera pensado?
La conclusión que extraen los investigadores de estos estudios es que la disponibilidad de sangre humana está condicionando el patrón alimenticio de las especies de mosquito de la selva tropical invadida por los humanos. Nuestros congéneres son cada vez más numerosos y presentes en el hábitat de esos mosquitos. Aunque algunas especies de estos pueden tener preferencias innatas por conseguir sangre de una determinada especie no humana, el hecho de que estas están siendo extinguidas por los humanos invasores de su hábitat crea una fuerza evolutiva en favor de aquellas mosquitas que puedan conseguir sangre humana y alimentar con ella el desarrollo de sus huevos. En otras palabras, aquellas especies de mosquitos que se adapten mejor a la sangre humana serán las favorecidas por la selección natural, mientras las otras corren hacia su extinción y serán en breve solo mosquitas muertas. Esto no nos dice lo que las mosquitas prefieren, en abstracto, sino lo que acaban haciendo cuando el humano está disponible y otras especies no lo están, o lo están en mucha menor frecuencia.
Lo anterior no parece ser preocupante para nosotros, sino solo para los pobres mosquitos, pero si creemos eso es que no entendemos la magnitud del problema. Los mosquitos hembra son vectores de enfermedades infecciosas muy graves, entre las que podemos mencionar la fiebre amarilla, dengue, Zika, Mayaro, Oropuche y Chikungunya. Nada de lo que debamos preocuparnos ¿verdad?
La progresiva adaptación de las hembras de mosquito a picar a los humanos para obtener sangre incrementará sin duda el riesgo de contagio de esas enfermedades, que antes quizá estaban limitadas a las especies animales a las que preferían picar los mosquitos. Y es que, en las circunstancias actuales, primero ha cambiado el menú disponible, pero, si el cambio persiste, puede cambiar el mosquito, al adaptarse genéticamente a ese cambio. Peor aún, (y esto es solo mi opinión informada), los virus transportados por esas hembras de mosquito se verán introducidos con la picadura en el organismo humano, en lugar de en el de otro animal para el que tal vez estuvieran antes mejor adaptados. En otras palabras, no solo las hembras de mosquito se ven forzadas a adaptarse a los humanos, sino también los virus que las utilizan como vectores de transmisión. Esto hará que esos virus también estén cada vez mejor adaptados a la especie humana, y los hará capaces de aumentar su expansión en ella.
No acaban aquí los problemas. El calentamiento global puede influir igualmente en la expansión geográfica de esos mosquitos tropicales y, lejos de disminuir su presencia, pueden incluso aumentarla en zonas en las que antes estaban ausentes por ser demasiado frías. En estas nuevas zonas transmitirán y expandirán las enfermedades que transportan, que luego los humanos podremos expandir por todo el planeta racas al turismo y a los modernos medios de transporte. Así fue como se expandió el último coronavirus
Si a esto unimos la estupidez humana antivacunas, de la que Estados Unidos parece ser, paradójicamente, líder mundial en estos momentos, la receta para el desastre no puede ser fácilmente mejorada.
A pesar de lo dicho, queda la esperanza de que, con la ayuda de todo el mundo, el conocimiento científico, la razón, la mesura, o incluso el respeto a las leyes y convenios internacionales se expandan por el planeta al menos a la misma velocidad que la de esas temibles enfermedades antes mencionadas.
Por ello, me despido, como siempre, con mis mejores deseos de salud y felicidad. Que los buenos alimentos y anticuerpos te acompañen siempre. Hasta el próximo programa, buena ciencia. Adiós.
Referencias:
Dálete Cássia Vieira Alves, et al. Aspects of the blood meal of mosquitoes (Diptera: Culicidae) during the crepuscular period in Atlantic Forest remnants of the state of Rio de Janeiro, Brazil. Front. Ecol. Evol. (falta el volumen y año. Consultar).
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