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Ulises y la Ciencia

Desde abril de 1995, el profesor Ulises nos ha ido contando los fundamentos de la ciencia. Inspirado por las aventuras de su ilustre antepasado, el protagonista de la Odisea, la voz de Ulises nos invita a visitar mundos fascinantes, sólo comprendidos a la luz de los avances científicos. Con un lenguaje sencillo pero de forma rigurosa, quincenalmente nos cuenta una historia. Un guión de Ángel Rodríguez Lozano.

Lluvia de estrellas. Leónidas 2009

Leónidas

Vuelven las Leónidas y, como cada año, me entran las dudas de siempre: ¿debo anunciarlo a bombo y platillo y crear unas expectativas que quizás no se cumplan o es mejor quitarle hierro al asunto y quedar con cara de idiota cuando nos sorprenda una inesperada lluvia de estrellas? En el fondo yace el problema de siempre: lo difícil que resulta hacer unas predicciones fiables. Cruzo por el medio, ni una cosa ni otra ¡ale!

Si han escuchado ya el audio, si no es así le recomiendo que lo hagan, sabrán ya por boca de Ulises las cuestiones básicas. Las Leónidas -se lo recuerdo- son estrellas fugaces que se crean cuando la Tierra cruza la estela de desechos que el cometa P55/Tempel-Tuttle ha dejado a su paso. Esos desechos son, en su mayoría, diminutas motas de polvo, cristalitos de hielo o granos de roca que, al entrar en la atmósfera a velocidades tremendas ( 250.000 km/h), se ponen incandescentes y se deshacen dejando a su paso una estela luminosa.

El cometa Tempel-Tuttle sigue un camino que cruza la órbita terrestre cada 33 años. Como sucede con todos los cometas, a medida que se acerca al Sol, la superficie se va calentando y comienzan a estallar chorros de gas que eyectan materia hacia el espacio. Esas partículas van formando un rastro de materia que sigue al cometa en su trayectoria. Si la órbita del cometa fuera siempre la misma, el número de partículas iría aumentando hasta formar un único dónut cósmico, pero las cosas nunca son tan fáciles.

El cometa está sujeto a las leyes de la gravedad, como todo bicho viviente o no, y tiene que pagar un tributo por deambular entre los cuerpos del Sistema Solar. Los grandes planetas imponen su poder, a pesar de la lejanía, y empujan o tiran del comenta obligándole a seguir caminos distintos cada vez que se acerca al Sol. Si cortáramos su trayectoria con un plano, al modo de las dianas que se utilizan para las prácticas de tiro, a cada paso el cometa dejaría un agujero distinto. Su órbita cambia ligeramente cada vez y el rastro de partículas que le sigue, también.

Así pues, cuando la Tierra cruza la órbita del comenta Tempel-Tuttle, va barriendo los rastros de partículas dejados atrás por el cometa. Si el rastro es reciente, la concentración de partículas será grande y el número de estrellas fugaces espectacular: estaremos ante una tormenta de estrellas. Si nuestro planeta no atraviesa ningún rastro, o son muy antiguos, habrá pocas estrellas fugaces y nos llevaremos una gran decepción.

Hacer una predicción sobre el número de estrellas fugaces que vamos a ver es muy difícil. Además de conocer la trayectoria del cometa en cada paso, hay que saber cómo se han comportado las partículas que dejó atrás. Si en un momento dado estalló una burbuja de gas bajo la superficie del cometa, los restos salieron despedidos en una dirección y llevan una velocidad distinta a los demás, si sucedió hace mucho tiempo las partículas estarán muy dispersas. Dicho con otras palabras:  hay que especular sobre la cantidad de partículas, su masa, su dispersión, su velocidad, la influencia gravitatoria de los planetas, etc.

Con todos esos impedimentos, es casi un milagro que las predicciones cuadren con exactitud, a pesar de todo, algunos científicos se arriesgan y, la verdad sea dicha, no se les da mal. Jérémie Vaubaillon, del Observatorio de París es uno de ellos. Sus predicciones sobre las Leónidas del 2009 son las siguientes:

El día 17 de noviembre, a las 21:43 UT (una hora más en España) la Tierra cruzará la estela que el cometa dejó en su paso del año 1466 -no se dejen engañar por tal exactitud, los propios científicos dicen que bien podría suceder una hora más tarde- y se espera que puedan caer más de 100 estrellas fugaces  en una hora.

El mismo día y prácticamente a la misma hora (21:50 UT) nuestro planeta atravesará la estela que el cometa dejó en 1533, así pues, con un poco de suerte, ambas estelas se sumarán y pueden llegar a caer más de 200 estrellas fugaces en una hora.

Si en lugar en el que usted se encuentra es de día a la hora mencionada o está nublado, no desespere, se ha calculado que existirán otros máximos. Uno de ellos se debe al paso del cometa en 1567, se espera que la Tierra cruce esos desechos el mismo día 17 pero mucho antes, a las 7:27 UT, podrían caer alrededor de 25 meteoros por hora.  Otro máximo esta previsto para el día 18 de noviembre, a las 3:29 UT, cuando la Tierra pase por la estela que dejó el cometa en el año 1102, en este caso las previsiones hablan de una horquilla situada entre 10 y 50 meteoros a la hora.

No se tomen lo dicho al pie de la letra porque las predicciones tienen muchos cabos sueltos. Algunas trayectorias del cometa, como la que siguió en 1466, se conocen relativamente bien, porque la Tierra ya la atravesó el año pasado, pero otras, como la de 1533, son un verdadero misterio. Por supuesto hay muchos otros cálculos y no falta quien defiende que esta ocasión  es la buena y se verán hasta 1.000 estrellas fugaces en una hora. No parece probable pero ¡vaya usted a saber!

Lo que sí se puede afirmar con seguridad es que el cometa Tempel-Tuttle ha pasado tantas veces por la cercanías de la Tierra que ha dejado el espacio sembrado de partículas, pequeñas semillas que, en cualquier momento, entre el día 10 y el 24  de noviembre, se pueden convertir en preciosas estrellas fugaces creadoras de recuerdos imborrables y deseos imposibles. No sé ustedes, pero yo, por si acaso, pienso mirar al firmamento todas las noches.


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