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Las mentes más claras de la historia han ido tejiendo poco a poco la intrincada tela de araña del conocimiento científico. En cada programa del podcast Ciencia y Genios les ofreceremos la biografía de un gran sabio escrita por varios autores.

Alfonso X, un rey que supo ser sabio.

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Alfonso X nació en Toledo en 1221. Heredó el trono de Castilla y de León después de que sus padres, Fernando III de Castilla y Beatriz de Suabia, unificaran los dos reinos. Mientras tanto, al-Andalus ya había empezado a fragmentarse. Alfonso participó en el avance cristiano: en 1243 conquistó Murcia y años más tarde extendió el dominio castellano-leonés hasta Cádiz. La obra magna de Alfonso X está relacionada, sin duda, con la Astronomía. La contribución alfonsí puede ser dividida en dos partes: los Libros del Saber de Astronomía y las Tablas Alfonsíes.

Los Libros del Saber de Astronomía

Los Libros del Saber de Astronomía fueron compuestos entre los años 1256 y 1280. Varios astrónomos participaron de este enorme trabajo de compilación, entre ellos se destacan los judíos Isaac ben Sid (Rabiçag) y Yudá ben Mose y el musulmán Bernardo el Arábigo. Sólo un cristiano recibe la calificación de competente, según la opinión de J. Samsó. Formaban también parte del equipo un grupo de italianos.
Alfonso X tenía un interés muy grande por la astrología y en eso era un hombre típico del Medioevo.

Alfonso admiraba la cultura árabe pero parece ser que también el papel de la traducción establecida antes en Toledo por el Arzobispo Raimundo aproximadamente 100 años antes, actuó como un caldo de cultivo que fue debidamente aprovechado por el rey sabio. A fin de dotar a sus astrónomos del mejor material posible y, a la vez, organizar una biblioteca relacionada con el tema, probablemente estableció, junto con su equipo, un plan de trabajo: qué había que traducir, cuáles eran las fuentes disponibles y en qué idioma estaban, quién se encargaría de qué, etc. J. Samsó emite una hipótesis muy interesante con relación a qué manuscritos traducir: según él, las conquistas de Córdoba y Sevilla proporcionaron materia prima para las traducciones ya que las respectivas bibliotecas científicas eran un bocado difícil de ignorar. Sin embargo, a parte del valor intrínseco de las obras a traducir, el factor más importante fue la elección del idioma en la cual verterían las traducciones y las adaptaciones. Y en este punto Alfonso X fue bastante original: seleccionó el romance (una especie de español antiguo).

El romance no tenía, por aquel entonces, la versatilidad del árabe o del latín como lenguaje científico pero su poderío fue incrementado, por lo menos en el caso de la Astronomía, después de Alfonso X. Las traducciones alfonsíes muchas veces deberían ser hechas a dos, cuatro o incluso más manos. Traducir de una lengua a otra semejante normalmente presenta un menor grado de dificultad que hacerlo con una lengua troncalmente más alejada. Y éste era el caso: del árabe al romance. Además, hay que suponer que el equipo de traductores no poseía grados idénticos de conocimiento de Astronomía y de lenguas, lo que implica que el trabajo en conjunto era esencial. La introducción forzosa de nuevas palabras, de sufijos y de preposiciones ciertamente contribuyó a una mayor fidelidad a los textos originales.

De esta pequeña muestra vale la pena destacar el llamado Códice Alfonsí que se encuentra en la Biblioteca Complutense. Este códice tuvo una vida muy agitada: primero Sevilla, luego lo trasladaron a Alcalá, donde estuvo hasta el siglo XIX. De ahí a Madrid (1836), donde casi 100 años después estuvo en el frente de la Guerra Civil y fue rescatado de entre las ruinas de la Facultad de Filosofía y Letras. Faltan muchos folios (unos 70) y algunos de ellos están muy dañados, pero fue restaurado hace unos años.

Podemos encontrar una nota del astrónomo francés, Le Verrier (descubridor de Neptuno) respecto al primer volumen (1863) de la transcripción de los Libros del Saber en el número de Julio-Diciembre de 1865 del Comptes Rendus de la Academia de Ciencias. Como se trata de un documento un tanto raro, reproducimos parte de el: … gracias al trabajo de investigación de M. Rico y Sinobas, miembro de la Academia de Ciencias de Madrid. Hace dos años tuve la oportunidad de examinar una copia de la obra completa del rey Alfonso, en la cual encontré uno de los primeros libros sobre Astronomía práctica debido a astrónomos occidentales, escrito en español, bajo la dirección de este rey. Ni en griego, ni en latín, ni árabe; fue en una de nuestras lenguas vernáculas occidentales que la verdadera ciencia, hija de todos los siglos, pudo ser bien estudiada y bien comprendida en Europa por los grandes hombres de la Edad Media y de las épocas siguientes.

Los Libros del Saber es un códice de 16 libros. Gran parte de la obra está dedicada a la descripción, uso y construcción de instrumentos astronómicos. Hay una notable diversidad en los instrumentos descritos aun cuando algunos de ellos tenían la misma finalidad, lo que demuestra el interés por las diferentes técnicas y métodos. Esto confiere a la obra alfonsí un carácter compilador jamás alcanzado en el Medioevo.

Las Tablas Alfonsíes

Las Tablas Alfonsíes son un conjunto de datos que posibilitan el cálculo de las posiciones de los planetas y de las estrellas. Se estima en casi diez años el intervalo de tiempo necesario para su elaboración: 1263-1272. Normalmente, las tablas astronómicas eran acompañadas de un canon, o, en términos modernos, de un manual de instrucciones. El canon relativo a las Tablas Alfonsíes, procedente de un manuscrito de finales del siglo XIV o inicio del XV, fue introducido en la edición que hizo Rico y Sinobas de los Libros del Saber. En este canon se describe la serie de observaciones llevadas a cabo en Toledo por los astrónomos del equipo alfonsí y como se utilizaban los datos.

La necesidad de nuevas tablas era notoria ya que las preparadas bajo la dirección de Azarquiel (Tablas Toledanas) presentaban ya muchos problemas con relación a las observaciones. No sólo es importante destacar que las Tablas Alfonsíes sustituyeran las Toledanas; hay también que hacer hincapié en que la rectificación fue llevada a cabo en la misma ciudad, lo que demuestra, inequívocamente, la vocación científica de la ciudad del Tajo. Se dice, y creemos que con razón, que toda la Astronomía occidental generada en esta época era de origen español.

En el canon se introduce la necesidad de discutir el uso de las diversas eras: romana, hebrea, persa, árabe, etc. Las Tablas Alfonsíes tomaron como punto de partida el inicio de la llamada era alfonsí, o sea, el primer día de enero de 1252 y fueron calculadas para el meridiano de Toledo. Como en un buen manual de instrucciones, encontramos detallados consejos de cómo usar las tablas para calcular las posiciones de los planetas. También contienen datos de la ecuación del Sol, de la Luna y de los planetas. Trata también del movimiento de los planetas, de los eclipses, de las posiciones de los astros al cruzar el meridiano para terminar finalmente con la determinación de los días de fiesta de carácter religioso. Un grave problema relativo a las Tablas Alfonsíes es que no se conserva el original en romance. Por fortuna, hay diversas traducciones latinas que han sobrevivido. Como cabe suponer, eso ha generado muchas discusiones de cuáles serían la tablas originales.

A pesar de la dificultad de difusión, por cuestiones lingüísticas, las Tablas Alfonsíes tuvieron amplia penetración, a través de traducciones – principalmente al latín – en toda Europa. De hecho, sustituyeron a las Tablas Toledanas con mucho éxito, primero en versiones manuscritas luego en ediciones impresas. La importancia de las Tablas Alfonsíes se puede medir, por ejemplo, por el número de ediciones impresas. Después de la versión veneciana (1483), hubo 12 ediciones más (1487, 1488, 1409, 1492, 1493, 1518, 1521, 1524, 1539, 1545, 1553 y 1641). El diseño de las tablas era tal que permitía una reducción en su volumen final, lo que era toda una ventaja, principalmente en lo que concierne a las versiones manuscritas. Además, la facilidad con que se podía cambiar de calendarios (cristiano, persa, árabe, etc) contribuyó a su amplia difusión.

Solamente las Tablas Rodolfinas, publicadas por Kepler en 1627 y en base a las observaciones de Tycho Brahe, las superaron en calidad. Fueron siglos de un reinado que concretó y confirmó el nombre de Alfonso como un rey sabio. Su legado ha sido perpetuado en dos objetos celestes: un cráter en la Luna y un asteroide.

REFERENCIAS

El texto anterior es un extracto del libro “Azarquiel y otras historias de la astronomía en Al-Andalus” escrito Antonio Claret dos Santos y editado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

El autor facilita una copia gratuita del libro, en versión electrónica, a los oyentes de cienciaes.com que lo soliciten por Email a claret@iaa.es


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