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La ciencia no deja de asombrarnos con nuevos descubrimientos insospechados. En el podcast Ciencia Fresca, Jorge Laborda Fernández y Ángel Rodríguez Lozano discuten con amenidad y, al mismo tiempo, con profundidad, las noticias científicas más interesantes de los últimos días en diversas áreas de la ciencia. Un podcast que habla de la ciencia más fresca con una buena dosis de frescura.
Una inteligencia artificial entre bacterias y virus
¿Puede una inteligencia artificial descubrir algo que los científicos no habían advertido, aunque estuviera delante de sus narices? La pregunta tiene interés porque acumulamos secuencias de ADN mucho más deprisa de lo que conseguimos comprenderlas. Disponemos de una biblioteca biológica gigantesca, pero muchos de sus libros siguen esperando lectores capaces de reconocer qué contienen.
Investigadores de Anthropic han encargado esa lectura a agentes de Claude. Su misión consistía en buscar nuevos sistemas relacionados con las transcriptasas inversas, enzimas capaces de fabricar ADN utilizando ARN como molde. Tras unas veintiuna horas de trabajo, uno de los agentes detectó una organización peculiar en el genoma de ciertos bacteriófagos, los virus que infectan bacterias.
La enzima ya era conocida. Lo novedoso fue advertir que aparecía acompañada de otro gen y de una serie de repeticiones de ADN intercaladas con regiones variables. Los investigadores denominaron ART a este conjunto. Su disposición recuerda a CRISPR, el sistema inmunitario con el que muchas bacterias reconocen invasores mediante pequeñas moléculas de ARN, y que hemos transformado en una herramienta de edición genética.
Sin embargo, aquí las piezas pertenecen al virus. ¿Podrían ayudarle a superar las defensas bacterianas? Es una posibilidad, todavía sin demostrar. Tampoco sabemos si ART reconoce dianas específicas ni si podrá convertirse en una herramienta biotecnológica. El parecido con CRISPR invita a investigar. Tal vez pueda desarrollarse una nueva herramienta biotecnológica de importancia.
Los experimentos realizados por los científicos revelaron que las regiones repetitivas producen distintos ARN cortos. En datos de una infección, estos llegaron a representar el ocho por ciento del ARN vírico. Algo sucede en esa región del genoma, pero todavía ignoramos qué hace el conjunto. Ni siquiera se ha demostrado experimentalmente que la transcriptasa inversa utilice esos ARN como moldes.
La historia contiene otra sorpresa. Cuando los investigadores repitieron diez veces la búsqueda completa, ninguna recuperó el hallazgo. Los agentes no examinaron el tramo de ADN decisivo. En cambio, al recibir directamente las secuencias, los modelos más capaces reconocían las repeticiones con elevada frecuencia. Saber interpretar una pista y encontrarla entre millones de posibilidades son capacidades diferentes.
También examinaron patrones de activación internos del modelo sensibles a las repeticiones. Estas observaciones permiten estudiar aspectos de su procesamiento, aunque no equivalen a leer una mente ni demuestran consciencia.
El trabajo, difundido como prepublicación, abre así dos investigaciones: una sobre una maquinaria molecular desconocida y otra sobre cómo aprovechar mejor la inteligencia artificial para descubrirla. Por ahora, el resultado más sólido es haber localizado una pista que merece nuevos experimentos y atención científica.
Y detrás permanece una batalla antigua. Bacterias y fagos evolucionan entre defensas y contradefensas que modifican sus poblaciones. En los océanos, esas interacciones afectan al reciclaje de nutrientes y al destino del carbono, procesos relevantes para el clima. No sabemos si ART desempeña algún papel en ello.
Quizá lo más sugerente sea que parte de lo desconocido ya está guardado en nuestros ordenadores. Hace falta encontrarlo, comprenderlo y comprobarlo. La inteligencia artificial empieza a ayudarnos con esa tarea. Las preguntas, afortunadamente, siguen multiplicándose.
Referencia:
Anthropic says Claude found a new enzyme system with CRISPR-like repeats
Mariposas que engañan con ilusiones ópticas.
Las alas de las mariposas exhiben una extraordinaria diversidad de colores, manchas, franjas y dibujos. Durante mucho tiempo, los científicos han investigado las funciones que desempeñan estos patrones. Algunas especies utilizan el camuflaje para pasar inadvertidas, como la mariposa hoja seca, Kallima inachus, cuyas alas cerradas imitan una hoja marchita. Otras recurren al mimetismo, adoptando la apariencia de especies tóxicas o desagradables para los depredadores. La mariposa monarca, por ejemplo, exhibe una llamativa coloración naranja y negra que advierte de sus defensas químicas.
Los colores también intervienen en la selección sexual, facilitando el reconocimiento y la elección de pareja, y en la termorregulación, al favorecer la absorción o reflexión de la radiación solar. Sin embargo, estas funciones no explican necesariamente todos los dibujos que encontramos en las alas.
Una investigación publicada en la revista Nature, titulada Butterfly wing patterns in flight create powerful illusory motion cues, propone una función adicional y sorprendente: los dibujos de las alas, combinados con su movimiento durante el vuelo, pueden generar ilusiones ópticas que dificultan a los depredadores calcular la velocidad y trayectoria de las mariposas.
Para comprender este fenómeno, basta recordar algunas ilusiones visuales conocidas. Las llamadas serpientes giratorias parecen moverse aunque la imagen permanezca inmóvil. En las películas, las ruedas de los vehículos pueden parecer que giran hacia atrás debido a la frecuencia con la que se registran los fotogramas. Y las franjas diagonales de los tradicionales postes de barbería producen una percepción ambigua de la dirección del movimiento. Estos ejemplos demuestran que nuestro sistema visual no siempre interpreta correctamente la información que recibe.
Los investigadores se preguntaron si las mariposas podrían aprovechar limitaciones semejantes en la visión de sus depredadores. Para estudiarlo, utilizaron modelos informáticos basados en los detectores elementales de movimiento, conocidos como EMD. Estos mecanismos comparan los cambios de luminosidad entre puntos próximos del campo visual y permiten detectar movimientos en distintas direcciones.
Cuando una mariposa vuela, su cuerpo avanza, pero las alas se desplazan continuamente hacia arriba y hacia abajo. Sus franjas contrastadas generan señales visuales que pueden competir con las correspondientes al movimiento real. El resultado podría ser una percepción equivocada de la velocidad, provocando ataques demasiado retrasados, o de la dirección, desviando lateralmente la captura.
Para comprobarlo, los científicos filmaron despegues de mariposas a aproximadamente mil imágenes por segundo. Después compararon las grabaciones originales con versiones digitales en las que habían sustituido los dibujos naturales por superficies uniformes. Los patrones originales producían significativamente más señales engañosas de movimiento.
Posteriormente, simularon el vuelo de 757 morfotipos pertenecientes a 397 especies europeas. Descubrieron que determinadas características, especialmente las franjas contrastadas y las prolongaciones de las alas posteriores, favorecían la confusión visual.
La investigación incluyó también experimentos con cien voluntarios que intentaron capturar mariposas virtuales en una pantalla táctil. Los dibujos que generaban mayor confusión longitudinal provocaban ataques desplazados hacia atrás.
Finalmente, mediante algoritmos genéticos, los investigadores simularon la evolución de miles de dibujos alares durante veinte generaciones. Al seleccionar aquellos que producían mayor confusión visual, aparecieron patrones de franjas semejantes a los de numerosas mariposas reales.
Aunque todavía es necesario comprobar estos efectos directamente en aves depredadoras, los resultados abren una perspectiva fascinante sobre la evolución de las mariposas.
La conclusión es sorprendente: para escapar de un depredador no siempre es necesario hacerse invisible. A veces, puede resultar más eficaz ser perfectamente visible, pero conseguir que quien intenta capturarte interprete equivocadamente hacia dónde te diriges.
Referencia:
Hancock, GRA, Briolat, ES, Hughes, AE et al. Los patrones de las alas de las mariposas en vuelo crean poderosas señales de movimiento ilusorias. Nature (2026). https://doi.org/10.1038/s41586-026-11062-w
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