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Ciencia Nuestra de cada Día

La Naturaleza nos sorprende cada instante con multitud de fenómenos que despiertan nuestra curiosidad. La Ciencia Nuestra de Cada Día es un espacio en el que Ángel Rodríguez Lozano nos incita a mirar a nuestro alrededor y descubrir fenómenos cotidianos que tienen explicación a la luz de la ciencia.

¿Cómo se mide el paso del tiempo utilizando los anillos de los árboles?. ¿Hasta cuándo se puede medir así?

Dendrocronología - Ciencia Nuestra de Cada Día

Si un árbol nos muestra en sus anillos el crecimiento año a año, es lógico pensar que, una vez cortado, sólo podemos contar los años que han pasado entre el momento de su nacimiento – el anillo más interior – y el de su muerte – el anillo más exterior ¿Cómo podemos ir más atrás en el tiempo? Ése es el cometido de un método de datación cronológica denominado Dendrocronología.

Vamos a aclarar unos conceptos básicos antes de responder a las preguntas.

Los árboles son unos seres vivos que al contrario de nosotros, no paran de crecer en toda su vida, aunque lo hacen de forma discontinua. Cada año, el árbol añade una capa de madera a su tronco, una capa que tiene un espesor concreto. Cuando el árbol se corta, las capas de crecimiento acumuladas a lo largo de su vida quedan al descubierto en forma de anillos concéntricos que, como si de un libro autobiográfico se tratara, llevan escritos los cambios del clima y los acontecimientos que marcaron su vida.

En un año concreto, pasados los rigores del invierno, el árbol comienza a crecer – a engordar podríamos decir- en el espacio que hay entre la madera del año anterior y la corteza. En primavera, cuando la humedad es máxima, el árbol gasta su energía generando nuevas células de crecimiento, estas células son grandes y van engrosando el tronco. A medida que se acerca el verano, y el agua comienza a escasear, el árbol sigue creciendo pero el tamaño de las nuevas células es menor. A finales del otoño el crecimiento se detiene y las células mueren. El contraste entre estas células más pequeñas y las células nuevas y grandes que comienzan a crecer al año siguiente es el que nos permite diferenciar los anillos y hacen posible su recuento. Por supuesto, ahora existen medios para tomar muestras de la secuencia de anillos sin tener que cortar el árbol, como les indicamos en las imágenes que hemos colocado a la derecha del texto.

No todos los anillos de un mismo árbol son iguales, en su crecimiento influyen muchos factores. Por ejemplo: no es lo mismo un año abundante en lluvias que un año seco, en el primer caso un árbol crecerá más y el anillo correspondiente será más grueso, en el otro, el anillo será más estrecho. Si el árbol escogido crece en a gran altitud, la temperatura juega un papel importante, si el año es muy frío, el anillo es estrecho, si las temperaturas han sido más templadas, el anillo es más ancho. Además del clima intervienen muchos otros factores: la salud del árbol, una plaga que lo debilita, la lucha con otros árboles por el espacio, un incendio, etc. La dendrocronología debe tener todos esos factores en cuenta y hacer un uso complejo de las estadísticas antes de sacar conclusiones.

Ahora bien, supongamos que investigamos un yacimiento arqueológico y que en él aparece un tronco de árbol bien conservado en el que se pueden distinguir los anillos, ese tronco pudo haber formado parte de las columnas de una casa, de las vigas que soportaban el tejado o haber sido utilizado como mueble, por citar unos ejemplos. Por supuesto, con el número de anillos podemos conocer la edad del árbol pero no la del yacimiento, ya que no sabemos cuando fue cortado, pero hay una forma de averiguarlo, si el yacimiento no es muy antiguo.

Una fórmula consiste en estudiar series de árboles cada vez más antiguos. Primero se estudia un árbol reciente, cuya edad conocemos, y se extrae la mayor información posible de sus anillos. Imaginemos que en algún momento de su vida hubo una oscilación climática y se dieron varios años fríos. Los anillos correspondientes a esos años serán muy estrechos en el árbol que estudiamos y en todos los de la zona. Determinamos a qué años corresponde esa secuencia particular. Luego buscamos otro árbol que haya muerto poco después de ese periodo concreto, lo mismo que el anterior tendrá la secuencia de anillos estrechos pero, al ser más antiguo, estarán en su parte mas externa del tronco. Así pues, partiendo de la serie en el primer árbol, iremos contando hacia atrás, al llegar a los anillos estrechos, saltaremos al árbol más antiguo y continuaremos contando hacia atrás. Si después se identifica otra zona característica y se tiene un árbol más antiguo todavía, el proceso se puede repetir y así retrocedemos más en el tiempo.

Así se ha logrado llegar en algunos lugares hasta 10.000 mil años atrás.
Lógicamente, en los lugares donde existen árboles muy viejos la secuencia cronológica es más fácil de lograr. El árbol que mostramos en la imagen proporciona una secuencia que nos permite llegar desde 1953, cuando fue cortado, hasta 1577. En algunos lugares, como por ejemplo, unos árboles que existen en Great Basin, en California, viven todavía árboles que tienen 4.000 años de edad y existe madera muerta de más de 10.000 años. En los lugares donde ya no existen árboles tan viejos, los científicos buscan en las vigas de madera de las iglesias o en los edificios antiguos.

Muchas cosas se pueden averiguar con la dendrocronología, y una buena muestra de ello es la historia de Andrew Ellicot Douglass, el astrónomo americano que comenzó a utilizar este método de datación. Douglass no buscaba una forma de datar un yacimiento arqueológico, él quería descubrir si las manchas solares que surgen periódicamente en el Sol han influido en el clima de la Tierra. Su tesón permitió sentar las bases de una nueva forma de medir el tiempo: la dendrocronología.


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