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En Cierta Ciencia, de la mano de la genetista Josefina Cano nos acercamos, cada quince días, al trabajo de muchos investigadores que están poniendo todo su empeño en desenredar la madeja de esa complejidad que nos ha convertido en los únicos animales que pueden y deben manejar a la naturaleza para beneficio mutuo. Hablamos de historias de la biología.

Drogas, racismo y ciencia. Segunda parte de la historia sobre Carl Hart

drogas, racismo y ciencia II. Podcast Cierta Ciencia. Cienciaes.com

“Ser negro en este país y ser relativamente consciente es estar en una pelea constante”.
“El producto más peligroso de cualquier sociedad es un hombre que no tiene nada que perder”

James Baldwin

“Al inicio de mis estudios, yo creía de verdad que el crack era una droga con unas características de adicción no usuales, peligrosísima y responsable del crimen y la pobreza en los barrios donde vivían mis pacientes y mi familia”, dice Hart. Y lo siguió creyendo durante un buen tiempo hasta que sus propios estudios como neuro-psico farmacólogo le mostraron otra verdad bien diferente. Es más bien el entorno y las condiciones sociales que rodean el uso de las drogas los que determinan la adicción, más que las drogas en sí mismas.

Él, en su adolescencia usó y vendió drogas. Pero el contar con lo que los psicólogos llaman refuerzo alternativo, lo que hace Hart en su laboratorio con sus pacientes –ofrecerles dinero a cambio de una dosis de crack o metanfetaminas– lo alejó de las drogas. Los deportes, el encontrar mentores en la escuela y luego en la universidad, el descubrimiento de la literatura, la música y sobre todo la ciencia le pusieron en frente la evidencia de que existía una posibilidad mucho más agradable que las drogas. De ahí su convicción de que cualquier esfuerzo para evitar el abuso de las drogas tiene que estar dirigido no a las drogas sino a pelear contra el racismo y la pobreza y a mejorar la educación.

Los estudios de Hart sobre la neurobiología del uso de drogas, lo han vuelto un escéptico de la hipótesis de la dopamina, y ¿por qué?

La dopamina constituye menos del uno por ciento de los neurotransmisores en el cerebro. Es poco. Además se libera cuando las personas están contentas, estresadas o enojadas. Entonces es medio difícil llamar a este único neurotransmisor “el neurotransmisor del placer en el cerebro”. Los primeros estudios se enfocaron en la dopamina y se quedaron anclados ahí.

Y tratándose de un órgano tan complejo como el cerebro el asunto se complica y mucho. Cuando se propuso que la dopamina tenía un papel predominante en la hipótesis del sistema de recompensa había tan solo seis neurotransmisores: dopamina, norepinefrina, serotonina, acetilcolina, glutamato y GABA. Ahora se conocen más de cien. Además existen receptores específicos para cada neurotransmisor y la mayoría de los neurotransmisores tienen más de un tipo de receptor. Por ejemplo, la dopamina tiene cinco subtipos de receptores. Hormonas como la oxitocina y la testosterona pueden actuar también como neurotransmisores.

Centrarse en un solo neurotransmisor hasta el punto de asignarle el papel de “secuestrador” es sobre simplificar un problema tan complejo. Hart, basado en sus resultados, postula que no todas las drogas tienen el mismo camino para producir sus efectos placenteros, así cada una usa neurotransmisores diferentes: la heroína por ejemplo, no usa la dopamina.

La regla que impera en el cerebro es más co-localización, co-liberación de neurotransmisores y no solo un neurotransmisor. Pero el estudio se ha visto limitado por las herramientas disponibles y por eso se ha centrado en un solo neurotransmisor. De ahí que las conclusiones sobre los efectos de las drogas en el cerebro sean sesgados y limitados.

Dice Hart: “el problema es que cuando estudiamos asuntos como la adicción estamos enfocados en comportamientos patológicos y se ignora qué ocurre en condiciones corrientes, normales. La mayoría de las drogas no producen adicción. Se sabe muy poco sobre usuarios de drogas que no han perdido el control. Menos aún se sabe sobre la actividad del cerebro en el sistema de recompensa cuando las personas se entregan al mayor sistema natural de satisfacción, el sexo. No sabemos mucho sobre cómo el comportamiento sexual está codificado y regulado en el cerebro y por ello resulta difícil señalar lo que está mal cuando está trabajando normalmente”.

Todo este conocimiento, novedoso y puesto en un contexto contra corriente por lo que Hart encuentra en sus estudios, hace que él tenga una visión muchísimo más amplia de los procesos cerebrales involucrados en la adicción y por lo mismo lo pongan en un camino mas promisorio hacia una cura.

Y en este punto Hart vuelve a su experiencia personal y nos cuenta cómo el sexo y el uso de drogas le pasaban factura a la hora de sus entrenamientos deportivos, algo que él había decidido sería la puerta de salida de la marginalidad, de la ignorancia, de la miseria, de la discriminación.

Cuando se dio cuenta de que al día siguiente a una noche de juerga su rendimiento bajaba y mucho, decidió cortar cualquier actividad que lo apartara de tener el cuerpo en forma y la cabeza en su puesto. Con mucha disciplina y auto control inició así su recorrido para convertirse en el primer negro graduado en neurobiología en el año de su promoción. Fácil no fue. Le ayudó muchísimo encontrar profesores que se entusiasmaron con su entusiasmo y lo empujaron a seguir. Lo invitaron a sus laboratorios y le permitieron empezar a hacer sus primeras disecciones en cerebros de ratones. Se sabía bueno en matemáticas pero se sorprendió de sus habilidades con el bisturí.

Conseguido el doctorado, tuvo que iniciar un post doctorado, es decir, trabajar gratis para ir haciéndose un nombre. No fue suficiente con uno, necesitó tres hasta poder entrar en una facultad como miembro de planta. Durante todo ese tiempo, varias veces estuvo a punto de desistir y emplearse como vendedor en un supermercado pues ya había formado una familia.

Cuenta que un día, ya profesor visitante en una prestigiosa universidad en Washington, cuando bajaba de su auto y entraba al edificio, fue detenido por unos vigilantes que justificaron el hecho a pesar de que Hart mostrara sus credenciales, porque una persona en el edificio de enfrente había visto un asalto y que el principal sospechoso era un negro alto en ropas oscuras. Sufrió la humillación de tener que ser observado con detenimiento y ser liberado sin mediar una sola disculpa. Al fin y al cabo seguía siendo tan sólo un pobre negro.

La discriminación racial ligada a comportamientos violentos “producidos per se” por el uso de drogas y su consecuente penalización se concretó en la famosa “Guerra a las Drogas”, implementada por Ronald Reagan y que impuso penalidades muy fuertes por la posesión de aún pequeñas cantidades de sustancias ilegales. Por supuesto no estaba basada en la ciencia o en hechos sino en desinformación y, en posiciones emocionales y racistas. Un número desproporcionado de negros eran y son, encarcelados, siendo que el uso es mayor entre los blancos.

Obama, siendo senador y luego candidato a la presidencia tenía entre las propuestas de su campaña revisar esas leyes tan sesgadas. Hasta hoy no se han visto cambios significativos en los últimos años del presente gobierno.

Y es que no se trata de legalizar todas las drogas, algo que por ahora parece imposible, sino de despenalizar la posesión. Para eso tendrán que implementarse políticas serias, basadas en hallazgos científicos. No estaría nada mal que quienes legislan sobre drogas, se dieran una pasada por el curso que imparte Hart en la Universidad de Columbia, Drogas y Comportamiento, uno de las más exitosos.


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