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En Cierta Ciencia, de la mano de la genetista Josefina Cano nos acercamos, cada quince días, al trabajo de muchos investigadores que están poniendo todo su empeño en desenredar la madeja de esa complejidad que nos ha convertido en los únicos animales que pueden y deben manejar a la naturaleza para beneficio mutuo. Hablamos de historias de la biología.

¿Quiere su memoria en forma? Duerma.

Memoria en forma -  Cierta Ciencia Podcast - CienciaEs.com

Hacer crucigramas, entrenar con juegos diseñados, tomar suplementos y no se sabe cuántas cosas más son algunos de los consejos para entrenar el cerebro y mantenerlo en forma y conservar las habilidades cognitivas trabajando bien cuando los años corren. De ser consejos han pasado a ser una fuente importante de ingresos para las compañías que los producen.

Sin embargo las evidencias por detrás de los beneficios de estos productos siguen siendo muy débiles aunque la industria del entrenamiento del cerebro apela a una lógica de seducción muy simple: los video juegos podrán mejorar las habilidades mentales como la memoria, la atención y la velocidad de procesamiento de información. Reaccionando a los objetos de la pantalla tan rápido como se pueda, se podrá mejorar las capacidades de hacerlo en la vida real. O manteniendo en la mente números que aparecen súbitamente, se podrá mejorar la memoria. Las tareas varían pero al final la idea es la misma: jugar estos juegos entrena las habilidades mentales y con ello cada aspecto de la vida que dependa de estas habilidades, y todo mientras se divierte.

El entrenamiento del cerebro se ha materializado en un mercado atosigante de miles de formatos para celulares y computadores, todo en la década pasada. Una industria lucrativa y que, aunque al igual que pasa con los suplementos de farmacia, han demostrado poca o ningún beneficio en la mejoría de las capacidades cognitivas, se siguen vendiendo y usando. Un producto, publicita que ha mejorado la atención en quienes sufren de esos trastornos, como también las capacidades matemáticas y de lectura en estudiantes que mostraban deficiencias.

Las personas, con seguridad, compran la propaganda y los juegos. Una estimación de lo que gastan en Estados Unidos informa que en 2013 fueron 715 millones de dólares, cantidad que llegará a los 3.300 millones en 2020.

Y estarán botando su dinero, de acuerdo a un estudio realizado por un grupo de siete psicólogos dirigido por Daniel Simons, de la Universidad de Illinois. El equipo, con varios de sus miembros trabajando ellos mismos en entrenamiento cerebral pero que no han recibido dinero de la industria, pasaron dos años revisando uno a uno los artículos científicos citados por las compañías que fabrican los productos, 374 en total.

Sus resultados fueron publicados en una revisión que apareció a inicios de este mes.
Los estudios, concluyen los autores, adolecen de una larga letanía de debilidades muy importantes y aportan poca o ninguna evidencia de que los juegos mejoren algo diferente a las tareas para las que se entrena. Las personas juegan mejor pero no hay ninguna señal convincente de que esa mejoría sea transferida a las habilidades mentales o a la vida cotidiana. “Si usted quiere y necesita recordar cuál medicina debe tomar, o su horario para el día, mejor se entrena para ello”, dice Simons.

“La revisión no revela nada, y la evidencia no deja ningún impacto” dice Ulrich Mayr de la Universidad de Oregón, quien estudia flexibilidad mental. “Queda claro que haberla hecho es un servicio para todo el campo”. Michael Kane de la Universidad de Carolina del Norte, quien se dedica al campo de la atención y la memoria está de acuerdo. “Fue un tour de fuerza”, dice. “La revisión es buenísima y un modelo de cómo debe hacerse una evaluación, con escepticismo pero con la mente abierta”. (Mayr y Kane firmaron hace poco una declaración que agrupa a 70 psicólogos y neurocientíficos, que disputa los “con frecuencia exagerados y a veces engañosos” beneficios de los programas de entrenamiento cerebral).

Por supuesto que la revisión fue recibida con hostilidad y críticas por los neurocientíficos que están por detrás la producción de los numerosos juegos de entrenamiento. Una polémica difícil de resolver porque existen intereses económicos en juego y el público recibe con facilidad, vía propaganda, ofertas de mejoría, así no exista evidencia científica que las apoyen.

Igual sucede con los ene mil productos “naturales”, ginkgo biloba, hojas de coca, cafeína, nicotina, que tienen su efecto pues ejercen un estímulo del sistema nervioso central, aumentando la concentración. Pero el efecto es transitorio y se desvanece con facilidad. De todos ellos el único que ha demostrado, en diversos estudios un efecto real en la mejoría de la salud cerebral es la benicotina, una molécula precursora de la nicotina. La desgracia es que viene envuelta en una hoja de tabaco y que además se empaqueta junto a cientos de químicos nocivos, regalo de la industria tabaquera. Aunque esta es otra historia, es posible que en el futuro se pueda acceder a la molécula pura y a sus beneficios.

Sin embargo, existe una cosa que se ha estudiado muy bien y que se resume en una palabra, Dormir. No sólo tomarse una siesta corta mejora varias funciones cerebrales sino que el dormir permite al cerebro consolidar vías neuronales que van siendo estimuladas de manera progresiva durante el continuo uso cotidiano. Esa es una de las razones de por qué es necesario dormir a diario y unas buena horas.

Existen en el hipocampo, la ya conocida silla de la memoria, unas subestructuras que son cruciales para el replay de la memoria que se ha juntado durante todo un día de actividades*. Otros estudios también sugieren que el dormir incrementa la densidad de nuevas sinapsis que se forman después de haber aprendido algo.

La belleza del dormir no está sólo en que no viene con una narrativa interminable de efectos secundarios como el aumento del riesgo de cáncer, problemas cardíacos, náuseas, etc., sino que además es gratis. Pero como humanos que somos, tenemos la bendita tendencia de despreciar los beneficios de lo que se nos ofrece así tan simple y sin costos. Tal vez esto sea un lastre evolutivo del habernos adaptado a la búsqueda complicada y difícil de nuestros alimentos en esos tiempos lejanos y sentirnos deslumbrados por encontrar una cascada o una fruta suculenta. Nuestra curiosidad insaciable tal vez nos ponga a merced de los encantadores de serpientes que nos ofrecen con morbosa persistencia productos nuevos y mejores. Pero también tenemos la inteligencia y el escepticismo necesarios para informarnos qué tanto de verdad, si es que la hay, por detrás de esos “aumentadores” de rendimiento cognitivo. Para eso tenemos la ciencia.

Simons D. J. et al. Do “Brain-Training” Programs Work? Psychological Science in the Public Interest, 2016; 17 (3): 103 DOI: 10.1177/1529100616661983

  • http://ciertaciencia.blogspot.com.co/2013/11/por-que-y-para-que-dormimos.html


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