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Zoo de fósiles

La mayor parte de los seres vivos que han poblado la Tierra han desaparecido para siempre. Quincenalmente, Germán Fernández Sánchez les ofrece en Zoo de Fósiles la posibilidad de conocer la vida de algunas de las más extraordinarias criaturas que vivieron en el pasado y que han llegado hasta nosotros a través de sus fósiles.

Los desmostilios, caballos del mar

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Hace entre 30 y 7 millones de años, desde el Oligoceno superior hasta el Mioceno superior, vivían en las costas del Pacífico norte, desde Japón hasta la Baja California, unos enigmáticos mamíferos acuáticos llamados desmostilios. Los primeros restos fósiles de desmostilios, unos dientes y vértebras descubiertos en depósitos marinos del condado de Alameda, en California, fueron descritos por el paleontólogo estadounidense Othniel Charles Marsh en 1888. Marsh creyó que se trataba de sirenios, como el manatí y el dugongo, y bautizó la nueva especie con el nombre de Desmostylus, que en griego significa “columnas unidas”, por la insólita estructura de sus muelas, formadas por grupos de tubos de dentina cubiertos por una gruesa capa de esmalte.

A lo largo de las décadas se fueron descubriendo más fósiles en Japón, la costa rusa del Pacífico, Alaska, la costa oeste de Canadá y los Estados Unidos y Baja California, siempre en sedimentos marinos costeros. También se han encontrado restos de desmostilios en Florida, lo que indica que en aquella época América del Norte y América del Sur estaban separados por un brazo de mar. El primer esqueleto completo se encontró en la isla de Sajalín, en 1941. Hasta entonces se pensaba que los desmostilios tenían aletas y cola lobulada, como los sirenios, pero este descubrimiento mostró que tenían cuatro patas, como los hipopótamos. En 1959, el paleontólogo estadounidense Roy Herbert Reinhart creó el orden de los desmostilios para estos extraños animales.

Los desmostilios son grandes cuadrúpedos anfibios con las patas gruesas y la cola corta. Alcanzan más de dos metros de longitud y doscientos kilos de peso. El hocico es largo y ancho, con los ojos y las aberturas nasales elevados, como en muchos otros animales acuáticos. Los caninos y los incisivos son largos y puntiagudos, con forma de colmillos dirigidos hacia delante. La boca, ancha, con esos colmillos proyectados hacia delante, tiene la forma de una pala de retroexcavadora, adecuada para arrancar grandes algas y hierbas marinas. Los desmostilios tienen cuatro anchos dedos en cada pata. En las patas delenteras, el húmero y el cúbito están fusionados, lo que reduce su movilidad, y hace que los dedos apunten hacia dentro.

El parentesco de los desmostilios con otros grupos de mamíferos y su evolución no están claros del todo. Se los clasifica en el grupo de los tetiterios, junto con los proboscidios, el grupo de los elefantes, y los sirenios. Pero no se sabe si su ancestro común era un animal acuático, como los sirenios y los desmostilios, y posteriormente los proboscidios se convirtieron en animales terrestres, o si los sirenios y los desmostilios se adaptaron a la vida en el mar independientemente. En favor de la primera hipótesis, uno de los proboscidios más antiguos conocido, Moeritherium, era un animal semiacuático con el tamaño y el aspecto de un tapir o un hipopótamo pigmeo.

Uno de los esqueletos de desmostilio más completos se descubrió por casualidad durante las obras de construcción del acelerador de partículas SLAC, en California, en 1964. Para que luego digan que la física de partículas no sirve para nada. Quiso el azar que uno de los operarios, que interpretó mal las indicaciones, comenzara a trabajar con su excavadora en el lugar equivocado; antes de que nadie se diera cuenta del error, aparecieron los huesos.

La estructura de columnas y el desgaste de los dientes de los desmostilios son completamente diferentes de los de cualquier mamífero moderno, así que no estamos seguros de qué comían y cómo vivían. Del estudio de los isótopos de diferentes átomos presentes en el esmalte de los dientes se puede inferir el tipo de ambiente en el que vivían y su alimentación. Parece que se alimentaban de plantas acuáticas de agua dulce o salobre, en estuarios o lagunas litorales. Según las proporciones del cuerpo y las patas, los desmostilios eran más terrestres que acuáticos, como los hipopótamos, y nadaban impulsándose con las patas delanteras; sin embargo, el análisis de la estructura de sus huesos indican que eran casi completamente acuáticos, en incapaces de sostener su peso sobre sus patas fuera del agua, como los leones marinos. Quizá solo salían del agua para descansar y para reproducirse.

El estudio más reciente, realizado este mismo año de 2013 por paleontólogos japoneses, ha comparado la estructura interna de los huesos de varias especies de desmostilios con la de diversos mamíferos vivientes, acuáticos y terrestres. Sus conclusiones muestran que unas especies eran más acuáticas que otras. Paleoparadoxia, la especie a la que pertenece el esqueleto hallado en las obras del acelerador SLAC, y otras dos especies, Behemotops y Ashoroa, tenían los huesos muy compactos; la tercera especie, además, los tenía agrandados, como las vacas marinas. Los tres eran probablemente malos nadadores; vivían en aguas poco profundas, donde o bien flotaban en la superficie, o se mantenían bajo el agua a una determinada profundidad, o caminaban por el fondo. Sin embargo, los huesos de Desmostylus, la especie descrita por Marsh en 1888, tienen una estructura esponjosa, que en la actualidad sólo está presente en mamíferos exclusivamente acuáticos o casi: los cetáceos y los pinnípedos. Desmostylus era un nadador y buceador activo, de mar abierto. También el desgaste del esmalte de los dientes es distinto en Desmostylus que en las otras especies. Algunos paleontólogos han propuesto que Desmostylus no se alimentaba de plantas marinas, sino de moluscos, como las morsas. De hecho, la extinción de los desmostilios coincide en el tiempo con la aparición y diversificación de las morsas. ¿Hasta dónde podrían haber llegado en su evolución si no se hubieran extinguido?

OBRAS DE GERMÁN FERNÁNDEZ:

El expediente Karnak. Ed. Rubeo

El ahorcado y otros cuentos fantásticos. Ed. Rubeo

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