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Zoo de fósiles

La mayor parte de los seres vivos que han poblado la Tierra han desaparecido para siempre. Quincenalmente, Germán Fernández Sánchez les ofrece en Zoo de Fósiles la posibilidad de conocer la vida de algunas de las más extraordinarias criaturas que vivieron en el pasado y que han llegado hasta nosotros a través de sus fósiles.

Más grande que el argentinosaurio

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Hace pocos meses hablabamos aquí del argentinosaurio, y ya explicábamos lo osado que resultaba afirmar que se trataba del animal terrestre más grande que ha existido. El registro fósil es escaso e incompleto, y no conocemos más que una pequeña fracción de todas las especies animales que han poblado nuestro planeta. El tiempo, en sólo unos meses, ha dado la razón a esta prudencia; hace sólo unos días se ha anunciado el descubrimiento de un dinosaurio aún más grande que el argentinosaurio.

Un grupo de investigadores del Museo Paleontológico Egidio Feruglio de Trelew, en la provincia argentina de Chubut, en la Patagonia, se encontraba trabajando en un yacimiento del centro de la región, en la estancia La Flecha, cerca de la localidad de Las Plumas, cuando se acercó uno de los dueños del campo para decirles que uno de sus trabajadores había encontrado huesos que les parecían de dinosaurio. Los paleontólogos acudieron al lugar del descubrimiento, comenzaron a excavar y, a los pocos días, se dieron cuenta de que se trataba de un dinosaurio realmente muy grande.

El nuevo dinosaurio, que aún no tiene nombre, es un titanosaurio, como el argentinosaurio. Los titanosaurios pertenecen al grupo de los saurópodos, los dinosaurios herbívoros cuadrúpedos de cuello largo, y se caracterizan por su cabeza pequeña, con grandes fosas nasales y dientes pequeños, por el cuello y la cola relativamente más cortos que en otros saurópodos, y por tener los hombros más anchos que las caderas, lo que hace que su postura y los rastros de sus huellas sean inconfundibles. El nombre de esta nueva especie tendrá que esperar a la publicación de su descripción científica; según los paleontólogos, hará honor a su magnificencia, y también a la región y a los dueños de la estancia, que fueron los que alertaron a los científicos sobre los fósiles.

Este dinosaurio, que vivió hace entre 90 y 100 millones de años, a principios del Cretácico superior, se alimentaba de los grandes árboles que crecían en el húmedo valle boscoso que era por aquel entonces la región. Se han descubierto hasta el momento los restos parciales de siete individuos, unos ciento cincuenta huesos en excelentes condiciones de conservación, lo que permite establecer con mayor seguridad el tamaño de la especie. El animal medía unos cuarenta metros de largo y la cabeza podía alcanzar hasta los veinte metros de altura; las caderas se situaban a cuatro o cinco metros sobre el suelo. Pesaba unas 77 toneladas, unas pocas más que el argentinosaurio, y tanto como trece elefantes africanos de tamaño medio

Ningún mamífero ha alcanzado, ni de lejos, las enormes tallas estos gigantes. ¿Por qué? La respuesta está en la alimentación. Se sabe de elefantes que han llegado a pesar diez toneladas. Pero un elefante de ese tamaño necesita invertir dieciocho horas al día para alimentarse. Aún así, en otros tiempos han existido elefantes más grandes, como el mamut del río Songhua, de nueve metros de longitud, 5,3 de altura y diecisiete toneladas de peso, que vivió en el norte de China hace 280.000 años; e incluso éste se ve superado en altura por el mayor mamífero terrestre conocido, el paraceraterio, también llamado indricoterio o baluchiterio, un pariente cuellilargo y sin cuernos de los rinocerontes que vivió en Asia hace entre 29 y 23 millones de años, y que alcanzaba los seis metros de altura en la cruz y pesaba unas dieciséis toneladas. Pero ése debe de ser el tamaño máximo que puede tener un mamífero terrestre. No conocemos ninguno más grande. ¿Cómo pudieron crecer tanto los saurópodos como el argentinosaurio, el Diplodocus o este otro nuevo titanosaurio?

Hay una diferencia fundamental entre el modo de alimentarse de los saurópodos y el de los mamíferos: Los mamíferos mastican, mientras que los saurópodos se tragaban la comida sin masticar. La masticación, al dividir la comida en trozos más pequeños, ayuda a acelerar la digestión, pero por otra parte requiere tiempo, y una cabeza grande para alojar las anchas muelas y los músculos necesarios. Por eso los elefantes tienen una cabeza tan enorme. Los dinosaurios, sin embargo, carecían de dientes masticadores. La cabeza de los saurópodos era pequeña y ligera, con dientes que sólo servían para arrancar la vegetación de la que se alimentaban. Gracias a esto, pudieron desarrollar el largo y flexible cuello con el que podían pacer en un área muy amplia sin necesidad de mover su pesado cuerpo. A un mamífero, con sus muelas y músculos masticadores, le sería imposible sostener la cabeza sobre un cuello tan largo. Bueno, está la jirafa, pero su cuello es muy rígido y no mide más de tres metros.

Una parte importante de la dieta de los saurópodos eran los equisetos, unas plantas muy nutritivas, pero también muy abrasivas. Contienen una elevada proporción de silicatos, que desgastan los dientes con rapidez. Como sus dientes no eran grandes, los saurópodos podían permitirse reemplazarlos con frecuencia; algunos incluso los renovaban todos los meses. Un mamífero, con sus dientes grandes y especializados, no podría sobrevivir con una dieta tan abrasiva.

Como no masticaban, la digestión de los saurópodos era lenta; probablemente duraba varios días. Pero gracias a su enorme aparato digestivo y a su sofisticado sistema respiratorio, con sacos aéreos que se extendían por el interior de las vértebras y de otros huesos, y válvulas que optimizaban el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono, su metabolismo era muy eficaz. Un metabolismo que han heredado las aves, y que les ha permitido conquistar los cielos.

En resumen, sus dientes primitivos permitieron a los saurópodos desarrollar un cuello largo y aprovechar los nutritivos pero abrasivos equisetos. Gracias al cuello largo, podían alimentarse sin gastar energía en desplazarse; y su sofisticado aparato respiratorio les otorgaba un metabolismo muy eficaz. La combinación de todos estos factores hizo posible la existencia de aquellos titanes.

OBRAS DE GERMÁN FERNÁNDEZ:

El expediente Karnak. Ed. Rubeo

El ahorcado y otros cuentos fantásticos. Ed. Rubeo


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