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Zoo de fósiles

La mayor parte de los seres vivos que han poblado la Tierra han desaparecido para siempre. Quincenalmente, Germán Fernández Sánchez les ofrece en Zoo de Fósiles la posibilidad de conocer la vida de algunas de las más extraordinarias criaturas que vivieron en el pasado y que han llegado hasta nosotros a través de sus fósiles.

Beelzebufo, el sapo gigante.

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Hace setenta millones de años, a finales del Cretácico, Madagascar ya era una isla, que se había separado unos millones de años antes de África y de la India. En el noroeste de Madagascar, el clima era cálido y árido, con largas estaciones secas y escasas lluvias. Tortugas, serpientes, lagartos, cocodrilos, dinosaurios y aves vivían en la región.

También vivía allí el sapo más grande conocido: Beelzebufo ampinga. Beelzebufo mide cuarenta centímetros de longitud y su peso se estima en unos cuatro kilos y medio. La rana viviente más grande es la rana goliat (Conraua goliath), que mide hasta 33 centímetros de longitud y pesa unos tres kilos, y aun así, puede dar saltos de hasta tres metros. La rana goliat solo se encuentra en el sudoeste de Camerún y en Guinea Ecuatorial continental, y está en peligro de extinción por la pérdida de su hábitat.

La cabeza de Beelzebufo es muy grande, con un cráneo robusto más ancho que largo; la boca es enorme, con varias decenas de dientes puntiagudos en cada mandíbula. El cuerpo es globoso. Las patas traseras son cortas y fuertes, y los dedos son pequeños; Beelzebufo no puede saltar como la rana goliat, sino que se desplaza caminando. La piel está protegida por osteodermos, placas óseas insertas en la dermis. Además, la parte superior de la cabeza está recubierta de escamas osificadas.

Los primeros fósiles de Beelzebufo fueron descubiertos en 1993 por el paleontólogo David Krause, de la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook, en la Formación Maevarano, un yacimiento situado en la provincia de Mahajanga, en el noroeste de Madagascar; desde entonces se han encontrado decenas de fragmentos que han permitido la reconstrucción casi completa del esqueleto, y su descripción como nueva especie en 2008, con la colaboración de Susan Evans y Mark Jones, expertos en ranas fósiles del University College de Londres.

El nombre genérico, Beelzebufo, procede de la unión de Beelzebú y bufo, sapo en latín. Beelzebú es uno de los nombres del demonio; procede de Baal Zebub, “señor de las moscas”, que es una deformación del nombre del dios cananeo Baal Sabaoth, “el señor de los ejércitos”, acuñada por los hebreos para burlarse de sus enemigos. Como en muchos casos a lo largo de la historia, los dioses de una religión antigua se convirtieron en los demonios de la nueva religión que la sustituyó. El nombre específico, ampinga, es un término malgache que significa “armadura”, en alusión al cráneo robusto del animal.

Por sus características esqueléticas se piensa que Beelzebufo era un animal excavador, que se refugiaba en madrigueras subterráneas durante la estación seca, de las que solo salía para alimentarse y reproducirse. Aunque era un animal más terrestre que acuático, vivía cerca de pozas o corrientes de agua, necesarias para la reproducción. El crecimiento de las crías, dado el entorno árido y estacional, debía de ser rápido para aprovechar los cortos periodos húmedos.

Beelzebufo pertenece a la familia de los Ceratófridos, cuyos miembros actuales, los escuerzos, habitan exclusivamente en Sudamérica. Como ellos, tiene la boca enorme, con una lengua larga y pegajosa, con la que puede atrapar animales relativamente grandes, como pequeños dinosaurios y cocodrilos, a los que mata con sus fuertes mandíbulas. Se calcula que la fuerza de su mordedura alcanzaba los 2200 newtons, un poco más fuerte que la de una leona o una tigresa. La distribución de tamaños de los fósiles encontrados sugiere que, como en los escuerzos, las hembras eran mayores que los machos.

El parentesco de Beelzebufo con los escuerzos sudamericanos plantea un enigma, puesto que según las fechas aceptadas de fragmentación del supercontinente meridional de Gondwana, Madagascar se separó del bloque formado por África y Sudamérica hace unos ciento cincuenta millones de años, mientras que África y Sudamérica permanecieron unidas hasta hace menos de cien millones de años; así que dos cosas resultan difíciles de explicar: por una parte la presencia de Ceratófridos en Madagascar, aislada desde principios del Cretácico, cuando los datos moleculares indican que este grupo de anfibios evolucionó a finales del Cretácico; por otra, la ausencia de escuerzos y sus fósiles en África. Se ha propuesto que pudo existir un puente de tierra que unió Sudamérica y Madagascar, quizá pasando por la Antártida, hasta hace unos setenta millones de años. Esta conexión explicaría también la presencia en Madagascar de dinosaurios de la misma época estrechamente emparentados con especies sudamericanas.

OBRAS DE GERMÁN FERNÁNDEZ:

Infiltrado reticular
Infiltrado reticular es la primera novela de la trilogía La saga de los borelianos. ¿Quieres ver cómo empieza? Aquí puedes leer los dos primeros capítulos.

El expediente Karnak. Ed. Rubeo

El ahorcado y otros cuentos fantásticos. Ed. Rubeo


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