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El Neutrino

El neutrino es una partícula esquiva, en apariencia insignificante, pero necesaria para explicar el mundo. Ni la radiactividad, ni el big bang, ni el Modelo Estandar de la física de partículas serían posibles sin él. Con El neutrino, un blog nacido en febrero de 2009, el físico y escritor Germán Fernández pretende acercar al lector, y ahora al oyente, al mundo de la ciencia a partir de cualquier pretexto, desde un paseo por el campo o una escena de una película, hasta una noticia o el aniversario de un investigador hace tiempo olvidado.

Chusques y ratadas

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No te molestes en buscarlo, la palabra “ratada” no figura en el diccionario de la Real Academia. Ni en el María Moliner. Ni siquiera en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Sin embargo, es una palabra perfectamente correcta, formada con el sufijo “-ada”, que en este caso indica abundancia o exceso, como en riada o panzada. Así que una ratada es una abundancia excesiva de ratas. Yo nunca había visto la palabra hasta hace unos días, parece que viene de América, donde las ratadas constituyen un problema sanitario grave, aunque por fortuna son bastante infrecuentes. Que me perdonen los lectores del otro lado del charco si lo que voy a contar lo tienen archisabido; a mí, habitante del viejo continente, me ha parecido sorprendente.

Resulta que lo que provoca las ratadas en diversas regiones de Sudamérica es la floración de los chusques. ¿Y qué es un chusque? La palabra “chusque” viene de la extinta lengua muisca o chibcha, que se hablaba en el centro de Colombia hasta el siglo XVIII. En muisca, “chusky” significaba “caña”. Según el DRAE, un chusque es, en Colombia, una “Planta gramínea de mucha altura. Es una especie de bambú.” No es muy específico, pero afortunadamente María Moliner afina más, e identifica el chusque con la especie Chusquea scandens, igual que hace el Diccionario de los diversos nombres vulgares de muchas plantas usuales ó notables del antiguo y nuevo mundo de Miguel Colmeiro, publicado en 1871; aunque éste le llama “chusque de Nueva Granada”, como si hubiera otros. Pero en el libro de Colmeiro no aparece nungún otro chusque. En un punto intermedio se queda el Diccionario de americanismos:

Gramínea de tallos arqueados y nudosos, hojas lanceoladas y flores pequeñitas que forman espigas amarillentas. (Poaceae; Chusquea spp.)

La abreviatura spp., species pluralis en latín, significa que la definición se refiere a varias especies del género Chusquea. Por eso me he permitido tomar el nombre de chusque, a falta de otro mejor, para referirme a todo el género Chusquea.

El género Chusquea comprende más de un centenar de especies de bambúes del centro y sur de América, casi todas de montaña. Los chusques se caracterizan por sus tallos macizos, no huecos como en los otros bambúes. Muchos chusques forman matorrales densos casi impenetrables, en los que no crece casi ninguna otra especie vegetal; tan impenetrables que algunas de las especies animales que se cobijan en ellos no se han descubierto hasta muy recientemente, como el cucarachero inca (Pheugopedius eisenmanni), un pájaro emparentado con el chochín, descrito en 1985, que habita en los bosques de chusque del Departamento de Cuzco, en Perú, entre 1800 y 3400 metros de altitud. Pero no son sólo aves las especies que viven entre los matorrales de chusque; también hay roedores.

Los chusques tienen periodos de floración muy irregulares, y todavía poco entendidos. Por ejemplo, para el colihue o coligüe (Chusquea culeou), que crece en las zonas húmedas de los bosques templados del suroeste de Argentina y el sur de Chile, se han documentado periodos de floración de entre cinco y sesenta años. Pero llegado el momento, todos los individuos de la región florecen al mismo tiempo, de modo que las semillas también maduran al mismo tiempo. Esta abundancia de semillas provoca la multiplicación de los roedores, y por tanto la ratada. Miles y miles de roedores salen de las espesuras de chusque y arrasan los cultivos de los alrededores.

Entre estos roedores se encuentran los ratones colilargos del género Oligoryzomys, que son portadores del hantavirus de los Andes, uno de los causantes del síndrome pulmonar por hantavirus. El contagio al ser humano se puede producir por mordedura de los roedores, por contacto directo, por ingestión de alimentos o agua contaminados por excrementos, o incluso por inhalación en espacios cerrados. Los síntomas evolucionan muy rápidamente desde fiebre, náuseas y dolores musculares y de cabeza hasta insuficiencia respiratoria y edema pulmonar, con una mortalidad superior al 30%.

Tras la producción de las semillas, los chusques mueren y se secan. Una vez secas, las cañas tardan años en degradarse, así que, al peligro para las cosechas y para los seres humanos, se añade el peligro de incendio.

Este mismo año, el Parque Nacional Los Alerces, situado en los Andes argentinos, se encuentra en alerta por ratada debido a la floración del colihue. De marzo a octubre la población de roedores se ha multiplicado por seis, y ha alcanzado una densidad de mil individuos por hectárea, aunque, por ahora, sólo se han detectado tres casos de hantavirus en la región, una cifra similar a la de los años sin ratada, y los tres enfermos se han recuperado o evolucionan favorablemente. Que siga así.

OBRAS DE GERMÁN FERNÁNDEZ:

El expediente Karnak. Ed. Rubeo

El ahorcado y otros cuentos fantásticos. Ed. Rubeo


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