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Quilo de Ciencia

El quilo, con “q” es el líquido formado en el duodeno (intestino delgado) por bilis, jugo pancreático y lípidos emulsionados resultado de la digestión de los alimentos ingeridos. En el podcast Quilo de Ciencia, realizado por el profesor Jorge Laborda, intentamos “digerir” para el oyente los kilos de ciencia que se generan cada semana y que se publican en las revistas especializadas de mayor impacto científico. Los temas son, por consiguiente variados, pero esperamos que siempre resulten interesantes, amenos, y, en todo caso, nunca indigestos.

Ministerio de Ciencia e Innovación

Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología

Universidad de Castilla - La Mancha

Resbaladizo tema, el de la anguila

Anguila - Quilo de Ciencia - cienciaes.com

Existen misterios de la Ciencia que siguen siendo escurridizos. Precisamente uno de ellos se refiere a la biología de la anguila, este pez de forma alargada cuyos jóvenes alevines, las angulas, alcanzan precios exorbitantes. Aun en el siglo XXI, se desconoce a ciencia cierta cómo se reproducen las anguilas y dónde lo hacen exactamente. Un problema añadido es, por otra parte, si la Ciencia podrá descubrir estos misterios antes de que la especie se extinga: la población de anguilas ha disminuido de manera dramática en los últimos años.

El misterio de la reproducción de las anguilas se remonta al mismísimo Aristóteles, quien creía que estos peces surgían de las entrañas de la Tierra. Antes de juzgar por ello demasiado duramente a este gran intelecto de la antigüedad, conviene saber que en condiciones de sequía extrema las anguilas pueden enterrarse en el fango, a la espera de precipitaciones, y salir de él cuando las lluvias regresan. Este fenómeno es lo que indujo a Aristóteles a creer, erróneamente, en el origen telúrico de este pez.

A nadie parecieron interesarle de nuevo las anguilas hasta pasado el Renacimiento. En 1684, el italiano Francesco Redi quien, además de científico, era poeta, observó que las anguilas adultas descienden desde su residencia fluvial hasta el mar, pero las jóvenes, en cambio, remontan los ríos. Por esta razón, Redi concluyó acertadamente que la reproducción de las anguilas ocurría en el mar. Esto quería decir que las larvas de este animal debía realizar un largo viaje desde su lugar de nacimiento hasta los ríos europeos.

El extraño Leptocéfalo

Hubo que esperar casi otros doscientos años hasta que, en 1856, el naturalista alemán, Johann Jakob Kaup, que murió sin aceptar la teoría de la evolución de Darwin, describió una nueva especie de pequeño pez que habitaba en el Mar del Norte. Debido a su pequeña cabeza, Kaup lo llamó Leptocephalus (que en latín significa cabeza ligera). En concreto, lo denominó Leptocephalus brevirostris, sin comprender que, en realidad, no era una nueva especie, sino larvas de anguila. Esto último fue irrefutablemente confirmado en 1896 por Giovanni Battista Grassi, el naturalista italiano que también demostró que los mosquitos Anófeles portan en su tubo digestivo al microorganismo causante de la malaria. Grassi y sus colaboradores observaron en su laboratorio la metamorfosis del Leptocéfalo descubierto por Kaup en anguila adulta, pasando a través de la sabrosa etapa de la angula.

A pesar de estos descubrimientos, seguía sin conocerse en qué lugar del océano Atlántico ponían sus huevos las anguilas adultas. Al naturalista danés Johannes Schmidt le dio por estudiar el tema, y entre 1904 y 1915 realizó importantes descubrimientos. A lo largo de esos años, Schmidt viajó por el océano Atlántico, remontando la corriente del Golfo, capturando ejemplares de larvas de anguila en diferentes lugares y midiendo su talla. Comprobó así que el tamaño de estas larvas iba disminuyendo a medida que se acercaba al Mar de los Sargazos, una región en el medio del océano Atlántico rodeada de corrientes oceánicas, donde abundan las algas flotantes que le dan su nombre. En este lugar, el único mar sin costas del mundo, Schmidt pudo capturar larvas de anguila de solo 4 mm de longitud, mientras que las capturadas en la proximidad de las costas europeas, cerca del momento en el que se transforman en angulas, miden alrededor de 75 mm. Schmidt supuso entonces que las anguilas nacían en el Mar de los Sargazos y viajaban, arrastradas por la corriente del Golfo, hasta las costas europeas. Era pues hasta el Mar de los Sargazos dónde viajaban para desovar y reproducirse las anguilas adultas que moraban los ríos europeos. En este mar tranquilo, de aguas cálidas hasta los mil metros de profundidad, los huevos de anguila podían eclosionar en condiciones óptimas.

Eeliad

Sin embargo, quedan todavía muchos misterios por resolver. Por ejemplo ¿cómo saben las anguilas adultas donde dirigirse para reproducirse? ¿Cómo encuentran las larvas los ríos de donde salieron sus padres? ¿Cuánto tiempo tardan unas y otras en su viaje de ida y vuelta? ¿Qué rutas principales toman para llegar a su destino?

Para resolver estos misterios, se ha iniciado un programa europeo de investigación, denominado Eeliad (http://www.eeliad.com), con un presupuesto de cuatro millones de euros y que agrupa a doce institutos de investigación europeos, entre ellos uno español.

Eeliad pretende implantar en anguilas adultas unos pequeños emisores, de apenas 30g de peso, que transmiten datos de localización, temperatura, profundidad, salinidad y luminosidad a los satélites ARGOS. Desde diciembre de 2008, más de 70 anguilas han sido equipadas con este sistema, la mitad en Irlanda y la otra mitad, en Francia, y liberadas en el océano.

Los datos recogidos hasta la fecha revelan nuevos hechos intrigantes. Como siempre, conocer algo nuevo frecuentemente desvela otros insospechados misterios. Por ejemplo, se ha visto que, inexplicablemente, las anguilas viajan de día a profundidades de más de 500 metros, pero suben de noche hasta la superficie. Además, su viaje no es precisamente placentero, ya que llegan a nadar a la increíble velocidad de 45 km/h. Lo más intrigante es que ninguna de estas anguilas ha alcanzado el Mar de los Sargazos; solo han llegado has el mar de las Azores, a un tercio de la distancia.

La anguila sigue, pues, escurriéndose de la Ciencia. Esperemos que, por su propio bien, no lo consiga por demasiado tiempo, porque solo el conocimiento de su reproducción permitirá salvar a esta extraordinaria especie.


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