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Quilo de Ciencia

El quilo, con “q” es el líquido formado en el duodeno (intestino delgado) por bilis, jugo pancreático y lípidos emulsionados resultado de la digestión de los alimentos ingeridos. En el podcast Quilo de Ciencia, realizado por el profesor Jorge Laborda, intentamos “digerir” para el oyente los kilos de ciencia que se generan cada semana y que se publican en las revistas especializadas de mayor impacto científico. Los temas son, por consiguiente variados, pero esperamos que siempre resulten interesantes, amenos, y, en todo caso, nunca indigestos.

Ministerio de Ciencia e Innovación

Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología

Universidad de Castilla - La Mancha

Una Luna y pico

Luna y pico - Quilo de Ciencia podcast - cienciaes.com

Nuestro planeta posee una Luna y un poquito de otra.

La presencia de la variable pero predecible imagen de la Luna alrededor de la Tierra ha inspirado desde hace mucho, a muchos, la idea de que tal vez la Luna no sea el único satélite natural de la Tierra. Desde que la Astronomía comenzó a madurar y a posibilitar la observación de objetos cada vez más lejanos y pequeños, se han levantado voces afirmando que otras lunas menores orbitan nuestro planeta. ¿Es esto posible?
El primero que defendió la existencia de una segunda luna alrededor de la Tierra fue el astrónomo francés Fréderic Petit, en 1846. El supuesto descubrimiento de este no tan gran astrónomo, a la postre, se reveló falso. Quince años más tarde, Petit volvió a insistir en su no tan “petit” error y defendió la existencia de una segunda luna diferente de la anterior, cuya existencia tampoco pudo confirmarse.

Como detrás de cada francés siempre hay un alemán que no quiere ser menos, y viceversa, este fue también el caso con la idea de una segunda luna. En 1898, el Dr. Georg Waltemath, un hamburgués, anuncio que había encontrado un sistema de lunas menores. La mayor de estas lunas se encontraba a más de un millón de kilómetros de la Tierra (La Luna se encuentra a 380,000 km) y solo poseía un diámetro de 700 km (el diámetro de la Luna es cercano a los 3,500 km). Su periodo orbital era de 119 días (el de la Luna es de 27,3 días). Todos estos datos eran muy detallados y acabaron confirmando que el Dr. Waltemath había sufrido una seria y lunática alucinación, porque otros astrónomos no pudieron corroborarlos. Al igual que su colega francés, el Dr. Waltemath persistió en su error y años más tarde volvió a defender la existencia de otra luna algo menor que la anterior, que también se reveló falsa. La Luna seguía siendo un solitario satélite natural, y así ha continuado hasta ahora, a pesar de otros supuestos descubrimientos posteriores de segundas lunas.

POSIBILIDAD Y PROBABILIDAD

Desde esos lejanos tiempos, anteriores nada menos que al hundimiento del Titanic, la Astronomía ha avanzado mucho. Además, la capacidad de cálculo y simulación por ordenador de procesos astronómicos ha sufrido un avance que, precisamente, puede calificarse también de astronómico, sin exagerar lo más mínimo.

Esta capacidad de cálculo ha sido utilizada ahora por los astrónomos para estimar la probabilidad de que la gravedad de la Tierra pudiera capturar algún pequeño asteroide que, en su órbita alrededor del Sol, pasara cerca de la misma. Esta idea no es nueva en absoluto. Considerando el enorme número de pequeños asteroides que existen en el Sistema Solar, y las diversas fuerzas gravitacionales a las que están sometidos, las cuales modifican frecuentemente sus órbitas, no es descabellado pensar que alguno no detectado todavía pueda, en efecto, haber sido capturado por la gravedad terrestre y orbite ahora la Tierra. Sin embargo, una cosa es defender que algo es posible y otra muy distinta evaluar la probabilidad de su existencia. Es tal vez posible que mañana me levante más joven y más guapo, pero es, confesémoslo, muy improbable.

Para evaluar la probabilidad de captura de pequeños asteroides, tres astrónomos de varias universidades europeas y norteamericanas han utilizado el súperordenador Jade, localizado en Montpellier, Francia, para simular la evolución de nada menos que mil millones de asteroides de todos los tamaños, número que se considera aproximado a los asteroides que existen en el Sistema Solar. Una vez colocados en órbita solar virtual, el ordenador ha reproducido el baile orbital de dicha infinidad de asteroides, lo que ha permitido estimar cuántos de ellos podían acabar atrapados por la Tierra desde los orígenes del Sistema Solar.

LUNA Y LUNITA

Los resultados de estos estudios son ciertamente sorprendentes. Los investigadores concluyen que la Tierra no posee un segundo satélite de manera estable. Sin embargo, la conjunción de fuerzas gravitatorias conduce a que la Tierra posea un segundo satélite temporal prácticamente en todo momento. Estos satélites se encuentran en una órbita inestable y, por dicha razón, acaban por abandonar la vecindad terrestre en meses o, a lo sumo, unos años. Algunos caen sobre la Tierra; otros salen despedidos de su órbita y regresan al espacio exterior.

¿Cuál es el tamaño medio de estos pequeños satélites temporales? Los astrónomos calculan que es de solo un metro, lo que no los convierte en muy peligrosos desde el punto de vista de su potencial colisión con la Tierra. No es necesario, por tanto, pensar de nuevo en el fin del mundo, considerando que llevamos miles de millones de años acompañados por uno u otro de esos pequeños astros, sin que esto haya cambiado sustancialmente el curso de la vida sobre el planeta. Los asteroides que sí lograron cambiarlo eran de un tamaño muy superior. Para hacernos una idea, el que acabó con los dinosaurios se calcula que poseía un diámetro de entre cinco mil y quince mil metros.

La existencia de un asteroide cercano casi en cualquier momento hace posible ahora diseñar misiones espaciales robotizadas para intentar localizarlo, alcanzarlo y recoger muestras. Dichas muestras contienen sin duda valiosos secretos sobre el origen del Sistema Solar, tal vez incluso sobre el origen de la vida sobre nuestro planeta.

En conclusión, podemos decir ahora que nuestro planeta no posee una Luna, ni dos, sino una luna y un poquito de otra.

OBRAS DE JORGE LABORDA.

Una Luna, una civilización. Por qué la Luna nos dice que estamos solos en el Universo

One Moon one civilization why the Moon tells us we are alone in the universe

Adenio Fidelio

El embudo de la inteligencia y otros ensayos

Las mil y una bases del ADN y otras historias científicas

Se han clonado los dioses.

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