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El quilo, con “q” es el líquido formado en el duodeno (intestino delgado) por bilis, jugo pancreático y lípidos emulsionados resultado de la digestión de los alimentos ingeridos. En el podcast Quilo de Ciencia, realizado por el profesor Jorge Laborda, intentamos “digerir” para el oyente los kilos de ciencia que se generan cada semana y que se publican en las revistas especializadas de mayor impacto científico. Los temas son, por consiguiente variados, pero esperamos que siempre resulten interesantes, amenos, y, en todo caso, nunca indigestos.
Me encantan los objetos que pueden ser usados con más de un propósito. ¿Cuántas veces hemos intentado apretar o aflojar un tornillo con una moneda o el filo de un cuchillo a falta de un destornillador apropiado? Con imaginación podemos dar usos insospechados a herramientas que no están destinadas a ellos.
Lo mismo sucede en el campo de la biomedicina. Una vez inventada una herramienta terapéutica, con imaginación educada esta puede ser utilizada para intentar curar enfermedades diferentes a las inicialmente pretendidas.
Un ejemplo muy interesante y esperanzador lo tenemos en la terapia T-CAR, de la que he hablado en otras ocasiones en el ámbito de la inmunoterapia contra el cáncer. Recordemos brevemente que esta terapia consigue redirigir a los linfocitos T asesinos celulares de los propios pacientes a que no maten solo a células infectadas por virus, lo que hacen de manera natural, sino a que eliminen también a células tumorales. Esto se consigue introduciendo genes especialmente diseñados (los CAR) para que identifiquen a estas células. Esta terapia ha sido y es empleada con notable éxito para curar a pacientes de leucemia, en particular.
La razón por la que la leucemia es especialmente adecuada para ser atacada por este tipo de terapia es que las células leucémicas se encuentran en la sangre, donde son también infundidos los linfocitos T-CAR modificados con detectores específicos de las células leucémicas, como, por ejemplo, CD19. Al encontrarse con las células leucémicas en el mismo flujo sanguíneo, los linfocitos T-CAR las identifican, gracias a sus detectores CAR, como si fueran células infectadas por un virus a las que deben eliminar, y desencadenan los sofisticados mecanismos asesinos de los que estos linfocitos T están dotados.
El cáncer no es la única enfermedad en la que una proliferación inadecuada de ciertas células pone en riesgo la vida. Otro conjunto de enfermedades que se debe a la expansión de ciertas poblaciones celulares, aunque esta expansión no resulte en un tumor o en una leucemia, son las enfermedades autoinmunitarias. Por ello, tal vez emplear la terapia T-CAR para tratar o incluso curar estas enfermedades eliminando a las células que las causan pueda ser una estrategia útil, un empleo alternativo de una herramienta diseñada originalmente para otros usos. ¿Podrá funcionar?
El porqué de las enfermedades autoinmunitarias
Para entender mejor por qué utilizar la terapia T-CAR para tratar las enfermedades autoinmunitarias es una estrategia sensata conviene explicar brevemente cuál es el origen de este tipo de enfermedades. Sin entrar en detalles, este se debe a algún evento celular que consigue romper uno o varios de los complejos mecanismos que permiten la tolerancia a nuestras propias moléculas, que pasan a ser así tratadas como antígenos extraños a los que hay que eliminar.
La pérdida de la tolerancia conlleva que algunos linfocitos B y T individuales resulten activados por uno o más de nuestros antígenos. La activación hace que comiencen a dividirse, a expandirse, y a generar todo un ejército de clones celulares cuya única misión en la vida es contribuir a eliminar al antígeno que detectan.
En condiciones normales, esta expansión y este objetivo vital resultan apropiados, puesto que los linfocitos normalmente intentan matar a células infectadas por bacterias o virus, que muestran antígenos extraños, y que son siempre limitadas en número. Una vez eliminada la infección, el ejército de linfocitos es también retirado de forma natural y todo vuelve al equilibrio.
Sin embargo, cuando se trata de un antígeno propio, este nunca puede ser completamente eliminado: siempre forma parte de nuestro organismo, que lo produce de manera continuada. En estas condiciones, el ejército de linfocitos activados contra él recibe señales persistentes de que la supuesta “infección” aún no ha sido controlada, que se sigue necesitando de su actividad guerrera. Esto consigue que el ataque a nuestras propias células y órganos no termine nunca, lo que genera un daño cada vez mayor que afecta muy negativamente a la calidad de vida y a la duración de esta.
¿Son todas nuestras moléculas antígenos susceptibles de generar autoinmunidad?
Afortunadamente, no. Existen ciertas moléculas que, por una razón u otra, son antígenos de nuestro organismo más frecuentemente identificados como extraños. Uno de ellos es el receptor de la acetilcolina. Esta molécula es un neurotransmisor necesario para la contracción muscular. La identificación del receptor de la acetilcolina como una molécula extraña conduce a la generación de anticuerpos contra él que bloquean su función. Los pacientes de esta enfermedad, llamada miastenia gravis, comienzan a perder tono y fuerza muscular (de ahí el nombre de miastenia) y, poco a poco, ven su capacidad de movimientos muy mermada, hasta que incluso los músculos pulmonares son afectados y la respiración se hace imposible.
Otras enfermedades autoinmunitarias relativamente frecuentes son la anemia hemolítica y la púrpura trombocitopénica. A pesar de sus nombres algo sofisticados, estos son fáciles de comprender, ya que resumen la principal causa de la enfermedad. La anemia hemolítica es causada por la lisis, la rotura, de los glóbulos rojos de la sangre, denominada hemólisis. La destrucción de los glóbulos rojos es la causa de la anemia, calificada de hemolítica para diferenciarla de otro tipo de anemias.
Puede haber varias causas de hemólisis, entre otras algunas infecciones, pero en el caso de la anemia hemolítica autoinmunitaria, la hemólisis está causada por la generación de anticuerpos contra los glóbulos rojos. Los anticuerpos se unen a estas células y desencadenan dos procesos destructivos. El primero es la actividad de uno de los sistemas más importantes del organismo para matar a las bacterias: el llamado complemento. Este sistema, formado por más de treinta proteínas, es capaz de generar poros en las membranas de las células a las que ataca. Por los poros entra agua y salen electrolitos, lo que lleva a que las células se hinchen y acaben por romperse, por lisarse.
El segundo de los mecanismos destructivos es la captura, la ingestión y la digestión de los glóbulos rojos recubiertos de anticuerpos autoinmunitarios por los macrófagos del bazo y del hígado, precisamente dedicados en parte a capturar y destruir glóbulos rojos defectuosos o viejos. En combinación, ambos mecanismos conducen a la destrucción temprana de buena parte de los glóbulos rojos de la sangre, que no pueden ser reemplazados a la velocidad suficiente mediante nuevos glóbulos rojos generados en la medula ósea.
Los mismos dos mecanismos están detrás de la púrpura trombocitopénica, salvo que en esta ocasión las células atacadas por los anticuerpos autoinmunitarios no son los glóbulos rojos, sino las plaquetas. La lisis y destrucción de las plaquetas disminuye sustancialmente la capacidad de coagulación de la sangre. Los capilares, que se rompen habitualmente con la actividad diaria, con pequeños golpes, movimientos, etc. no pueden ser reparados con la velocidad debida. La sangre escapa a los tejidos y causa hematomas, que, debido a su color purpúreo, dan nombre a la enfermedad. Esta no es por ello poco grave, ya que pueden desarrollarse hemorragias internas difíciles de restañar que pueden poner en riesgo la vida.
Las tres enfermedades mencionadas están causadas por diferentes anticuerpos autoinmunitarios. Estos son producidos, como sabemos, por los linfocitos B. Unos pocos de estos linfocitos se han activado y dividido de manera inapropiada al identificar uno de nuestros propios antígenos como extraños. Una vez activados estos linfocitos, los anticuerpos son producidos cada vez en mayor cantidad y con mayor capacidad destructiva.
Terapia T-CAR contra la autoinmunidad
El tratamiento clásico de estas enfermedades es el empleo de fármacos inmunosupresores, entre otros los glucocorticoides. Esta inmunosupresión, si bien consigue disminuir la gravedad de los síntomas, aumenta el riesgo de infecciones.
Sin embargo, un tratamiento potencial consistiría en eliminar a todos los linfocitos B de los pacientes con autoinmunidad dependiente de anticuerpos. Una vez eliminados, los anticuerpos dejarían de ser producidos y la autoinmunidad desaparecería.
Pero, te preguntarás, ¿no causará esto una deficiencia crónica de anticuerpos y dejará a los pacientes sin la defensa que proporcionan esas importantes moléculas? Sí, esto sucedería, pero solo por un tiempo, porque la médula ósea, donde se generan todas las células de la sangre a partir de células madre, volverá a generar nuevos y frescos linfocitos B que ya no reaccionarán, en principio, con los antígenos del paciente. Este habrá sido curado de su autoinmunidad. Todo apunta a una especie de reinicialización funcional de parte del sistema inmunitario, al menos del relativo a los linfocitos B, aunque todavía no puede asegurarse que esto equivalga a una tolerancia inmunológica normal y definitiva.
Y es aquí cuando nos volvemos a encontrar con la terapia T-CAR, una de las pocas capaces de eliminar a toda una clase de células, y la más eficaz para conseguirlo. Esta terapia, al igual que es capaz de eliminar a las células de leucemia, puede eliminar a los linfocitos B normales. Varios grupos de investigación están explorando su uso para intentar curar las tres enfermedades autoinmunitarias mencionadas antes y, si fuera posible, alguna más, como, por ejemplo, el lupus eritematoso sistémico, también causado por anticuerpos autoinmunitarios.
Dos artículos publicados recientemente dan cuenta de los últimos avances, y apuntan hacia un futuro muy esperanzador para los pacientes de enfermedades autoinmunitarias. En el primero de ellos, un grupo de investigadores de la Universidad y Centro Médico de Tianjin, en China, describen los resultados de una novedosa terapia T-CAR en el tratamiento de pacientes de miastenia gravis refractaria a tratamiento convencional.
Los investigadores generan linfocitos T-CAR capaces de detectar y eliminar a los linfocitos B de dos maneras diferentes y complementarias. En seis pacientes muy refractarios hubo mejoría clínica marcada; todos mejoraron en la escala MG-ADL, que mide la gravedad de la miastenia, y esta se normalizó en cuatro de ellos, con toxicidad mínima, lo que permitió la retirada del tratamiento estándar con glucocorticoides. Ninguno de los pacientes tratados sufrió efectos adversos importantes. Además, tras la eliminación de los linfocitos B, estos volvieron a ser generados en la médula ósea, pero sin que en esta ocasión ninguno reaccionara contra un antígeno propio, por lo que, al menos por ahora, ninguno de los pacientes ha recaído de su enfermedad. Los autores concluyen que este tipo de estrategia terapéutica debe ser investigada en ensayos clínicos con mayor número de pacientes para determinar su grado de eficacia.
El segundo de los artículos informa de un caso clínico realmente extraordinario: la sanación mediante terapia T-CAR de una paciente que sufría no una, ni dos, sino tres enfermedades autoinmunitarias al mismo tiempo. Estas eran anemia hemolítica, púrpura trombocitopénica y síndrome de anticuerpos antifosfolípidos, otra enfermedad autoinmunitaria en la que se generan autoanticuerpos dirigidos contra fosfolípidos o, más exactamente en muchos casos, contra proteínas plasmáticas que se unen a ellos, como la β2-glicoproteína, lo que causa una variedad de problemas.
La paciente, de 47 años, se encontraba en una difícil situación, porque su enfermedad había evolucionado desfavorablemente hasta hacerse refractaria a múltiples tratamientos inmunosupresores. Su vida comenzaba a correr peligro. Por esta razón, un grupo de médicos e investigadores de varios centros alemanes la sometieron a terapia T-CAR para eliminar todos sus linfocitos B.
La terapia dio resultado. La paciente ha entrado en remisión mantenida de sus tres enfermedades autoinmunitarias, sin sufrir efectos secundarios importantes. Sus linfocitos B han sido restaurados por la médula ósea, pero ninguno por el momento ha reaccionado contra un antígeno propio. Es de esperar que esta situación, con la debida precaución, se mantenga en el tiempo. Los autores de este estudio indican también que esta terapia debe investigarse con mayor número de pacientes para determinar su nivel de eficacia y su perfil de seguridad.
Estos resultados no prueban todavía nada, pueden considerarse solo resultados preliminares. Sin embargo, aunque estas terapias eran solo ciencia ficción hace unos pocos años y hoy comienzan a convertirse en realidad, queda mucho camino por recorrer todavía para conseguir terapias basadas en la estrategia T-CAR aún más accesibles, eficaces y baratas. Se me ocurre, mi imaginación sigue siendo atrevida, que las alergias, de las que tantas personas sufren y que generan tan mala calidad de vida, podrían ser igualmente curadas con una terapia más sofisticada que las descritas, que fuera capaz de eliminar exclusivamente a los linfocitos B que producen los anticuerpos que causan la alergia, dejando vivir al resto para que sigan cumpliendo sus importantes funciones defensivas. Igualmente, es posible que otras enfermedades autoinmunitarias puedan ser curadas por medio de terapias específicas que no solo eliminen de forma precisa a los linfocitos B culpables de la autoinmunidad o la alergia, sino también a los linfocitos T, ya que estos están igualmente involucrados en la generación de autoinmunidad y alergias.
Nuevos, interesantes y excitantes avances aguardan en el futuro no muy lejano. Seguiremos atentos y esperanzados.
Referencias
Korte et al., 2026, Med 7, 101075 May 8, 2026. https://doi.org/10.1016/j.medj.2026.101075
Zhe Ruan, Fan Ning, Wenyan Zhang, Shuang Li, Yue Su, Yonglan Tang, Xiangqi Cao, Xiaoxi Huang, Na Song, Zhuyi Li, Hang Li, Xiao Luan, Naibo Yang, Ying Li, Friedemann Paul, Qiang Liu, Ting Chang. Single-cell profiling of immune reset in patients with refractory generalized myasthenia gravis receiving autologous CD19/BCMA CAR-T cell therapy, Med, 2026, https://doi.org/10.1016/j.medj.2026.101026
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