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Ulises y la Ciencia

Desde abril de 1995, el profesor Ulises nos ha ido contando los fundamentos de la ciencia. Inspirado por las aventuras de su ilustre antepasado, el protagonista de la Odisea, la voz de Ulises nos invita a visitar mundos fascinantes, sólo comprendidos a la luz de los avances científicos. Con un lenguaje sencillo pero de forma rigurosa, quincenalmente nos cuenta una historia. Un guión de Ángel Rodríguez Lozano.

Viajeros infatigables. Anillamiento científico.

Aves migratorias - Ulises y la Ciencia podcast - Cienciaes.com

Cada año, unos 50.000 millones de aves levantan el vuelo y se pierden en el horizonte en busca de tierras en las que comer y reproducirse. Unas simplemente abandonan las áreas montañosas y buscan inviernos más benignos en las tierras bajas, pero otras recorren largas distancias que llegan a alcanzar, en algunos casos, decenas de miles de kilómetros. Desde el principio de los tiempos los seres humanos las hemos mirado con curiosidad y preguntado: ¿Dónde irán? Hoy Ulises nos presenta a los viajeros más extraordinarios. Como complemento, hablamos de anillamiento científico, la técnica que ha permitido conocer las proezas de esos incansables viajeros. Recuperamos la voz de D Francisco Hernández Carrasquilla, que fue anillador experto y Coordinador de la Oficina de Especies Migratorias.

La desgracia de Piqui.

Encontré a Piqui aleteando torpemente en el suelo en medio de la calle. Pasaron varios coches que a punto estuvieron de acabar con su vida antes de que pudiera rescatarlo. Lo capturé sin dificultad, el pobre tenía un ala seccionada, le faltaba la punta junto a las plumas más largas y necesarias para planear, no podía volar. “Piqui” fue el nombre que le puso mi hija menor antes de que supiéramos que, dada su forma de vida, aquel pequeño e incansable viajero había sufrido el más mortal de los accidentes.

Piqui era un vencejo común, un ave de plumaje negro que, siendo yo un niño, había llamado poderosamente mi atención por su impresionante velocidad de vuelo. Muchas de mis tardes infantiles las pasé envidiando las cabriolas de los vencejos entre los edificios. Para mí eran espíritus libres, dueños del viento, seres maravillosos que al atardecer remontaban el vuelo hacia el cielo hasta perderse de vista. Nunca había visto uno de cerca, siempre estaban en el aire y tan solo se posaban sobre las paredes de las casas más altas. Sus patas son muy cortas y no están hechas para andar, pero tienen unas garras pequeñas y fuertes que les permiten aferrarse a las paredes y los riscos desde los que se dejan caer planeando para iniciar el vuelo.

Mi padre me había dicho que jamás se posan en el suelo porque una vez allí son incapaces de volver a levantar el vuelo. Lo que no sabía, eso se lo debo agradecer a Piqui, es que los vencejos, salvo cuando están criando, jamás dejan de volar. En vuelo capturan los insectos que los alimentan, en vuelo beben, copulan y duermen. Al atardecer se elevan a gran altura para dormir mientras planean. No pueden vivir de otra manera.

Llevé Piqui a mi estudio de grabación y lo dejé suelto en el suelo. Durante un tiempo estuvo moviéndose torpemente de un lado a otro, aleteando. En un momento dado llegó hasta mis pies, se aferró a mis pantalones con sus pequeñas garras y comenzó a escalar por mi ropa hasta llegar a mi cabeza. Después se lanzó al vacío extendiendo sus alas y cayó estrepitosamente al suelo. Su ala seccionada, tal vez por el choque con algún cable, ya no podía sostenerlo. Piqui estaba condenado.

Todos mis intentos por mantenerlo vivo fueron infructuosos. Piqui murió tres días después. Sin la posibilidad de volar, su vida carecía de sentido. Si no hubiera tenido tanta mala suerte, en estos momentos estaría preparándose para su largo viaje migratorio hacia tierras exóticas.

La historia de Piqui ha despertado en Ulises el deseo por conocer a las aves viajeras más extraordinarias, algunas de ellas capaces de recorrer la Tierra de polo a polo varias veces a lo largo de sus vidas. Les invito a escucharlo.

Anillamiento científico.

Para conocer los desplazamientos de las aves migratorias se viene utilizando desde hace más de un siglo una técnica denominada anillamiento científico. Hace un tiempo tuve la ocasión de conocer a una persona excepcional en este campo, D Francisco Hernández Carrasquilla. Era, y digo “era” porque desgraciadamente él también nos ha dejado, anillador experto, doctor en biología, fue Coordinador de la Oficina de Especies Migratorias e investigador en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. Su entusiasmo por las aves y su afán por conocer los secretos de sus desplazamientos por todo el globo terrestre quedaron reflejados, a modo de lección magistral, en esta entrevista que hoy les ofrecemos.


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