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Las mentes más claras de la historia han ido tejiendo poco a poco la intrincada tela de araña del conocimiento científico. En cada programa del podcast Ciencia y Genios les ofreceremos la biografía de un gran sabio escrita por varios autores.

El científico que quería ser pintor. Santiago Ramón y Cajal.

Santiago Ramón y Cajal - Ciencia y Genios

En este capítulo de Ciencia y Genios les ofrecemos unos retazos de la vida de Santiago Ramón y Cajal. Sus logros fueron extraordinarios, sus publicaciones científicas figuran, aún hoy, entre las más citadas de la actualidad, sin embargo, más allá de sus investigaciones, Don Santiago destaca por su valor humano, consciente de la importancia de su trabajo pero incapaz de valorarlos en la correcta medida. Al final del segundo volumen de su autobiografía, escribió:

“Doy por seguro y hasta por conveniente que en el fluir del tiempo mi insignificante personalidad será olvidada; con ella naufragarán, sin duda, muchas de mis ideas. Nada puede sustraerse de esta inexorable ley de vida. Contra todas las alegaciones del amor propio, los hechos vinculados inicialmente a un hombre acabarán por ser anónimos, perdiéndose para siempre en el océano de la ciencia universal.”

Poco podía sospechar el autor que, más de cien años después, su nombre estaría grabado en infinidad de instituciones, universidades, hospitales, calles y plazas de los pueblos y ciudades más recónditos repartidos por todo el orbe.

Cajal no sólo destacó por sus grandes y reconocidas aportaciones a la ciencia, era, además, un buen dibujante y un escritor hábil. Sus habilidades pictóricas han quedado plasmadas en multitud de dibujos que representan lo que sus bien entrenados ojos veían bajo la luz del microscopio. De sus dotes de escritor nos quedan obras elaboradas sin otro afán que el de disfrutar hablando de cosas distintas a su quehacer científico.

Una muestra de sus habilidades como escritor está en la obra corta que lleva por título “El pesimista corregido” escrita en 1905, un año antes de la concesión del Nobel. La obra comienza así:

EL PESIMISTA CORREGIDO.

Por Santiago Ramón y Cajal

“Juan Fernández, protagonista de esta historia, era un doctor joven, de veintiocho años, serio, estudioso, no exento de talento, pero harto pesimista y con ribetes de misántropo. Huérfano y sin parientes, vivía concentrado y huraño en compañía de una antigua ama de llaves de su familia.

Hacia la época en que le enfocamos se habían recrudecido en nuestro héroe el asco a la vida y el despego a la sociedad. Descuidaba la clientela y el trato de los amigos, que le veían de higos a brevas, y pasaba su tiempo enfrascado en la lectura de obras cuya tonalidad melancólica casaba bien con el timbre sentimental de su espíritu. Agrada saber al desdichado que no estrenó la desdicha y que su menguado concepto del mundo y de la vida halló también asilo en cabezas fuertes y cultivadas. Compréndese bien por qué Juan se solazaba y entretenía en la lectura de Schopenhauer y Hartmann, del antipático y vesánico Nieztsche y del adusto y profundo Gracián. Y el orgullo de coincidir con la opinión de tan calificados varones prodújole, a ráfagas, algún consuelo, a cuyo fugitivo calor sentía deshelarse parcialmente el lago glacial de su voluntad y aliviarse un tanto su dolorosa laxitud de espíritu y de cuerpo.

Para el infortunado Fernández, la vida era una broma pesada y sin gracia, dada por la Naturaleza sin saber por qué ni para qué; el entendimiento era rudimentaria máquina de calcular, que se equivoca en todas las arduas operaciones; nuestro saber, libro viejo, lleno de tachones y lagunas, y cuya fe de erratas tiene más hojas que el texto; los sentidos, rudimentarios y pueriles aparatos de física, sin alcance ni precisión, buenos tan sólo para ocultarnos las infinitas palpitaciones de la materia y los innumerables enemigos de la vida; el corazón, bomba frágil e indisciplinada que se agita intempestiva y dolorosamente en los trances difíciles, anublando la inteligencia y paralizando nuestras manos, y, en fin, la voluntad, algo así como vilano aéreo, fluctuante y a merced de leve ráfaga de viento y que comete la tontería de tomar su movilidad por libertad…”

Descargue aquí el texto completo en formato pdf

REFERENCIAS.

Biografía de Cajal, año a año

Instituto Cajal

Frases célebres de Santiago Ramón y Cajal


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