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Hablando con Científicos

El conocimiento científico crece gracias a la labor de miles de personas que se esfuerzan, hasta el agotamiento, por encontrar respuestas a los enigmas que plantea la Naturaleza. En cada programa un científico conversa con Ángel Rodríguez Lozano y abre para nosotros las puertas de un campo del conocimiento.

Energía del viento en el mar. Hablamos con Manuel Pérez.

Eólica marina - Hablando con Científicos
En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como Don Quijote los vió, dijo a su escudero: la ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla, y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer: que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra. ¿Qué gigantes? dijo Sancho Panza.

Aquellos que allí ves, respondió su amo, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas. Mire vuestra merced, respondió Sancho, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que volteadas del viento hacen andar la piedra del molino. Bien parece, respondió Don Quijote, que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes, y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.“ (”El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha“, Cervantes)

Lo que Don Quijote vio no eran gigantes, eso todos lo sabemos, pero los molinos de viento de entonces tenían una estructura tan imponente que no es nada extraño que nuestro héroe los tomara como tales. Constaban de una torre de hasta 15 metros de altura, alrededor de cuya cima giraban amenazadoras cuatro grandes aspas de armazón de madera y pieles. Los vientos, huestes del dios griego Eolo, forzaban el movimiento de las aspas y estas hacían girar una gran piedra que desmenuzaba el trigo hasta convertirlo en harina. Así, los hombres de Castilla ponían a su servicio a la energía del dios: La energía eólica.

No es nada extraño que los antiguos atribuyeran poderes divinos a los vientos. Al fin y al cabo nacen de la influencia de dos grandes astros: la Tierra y el Sol. La Tierra porque gira y se traslada por el cosmos rodeada de aire y el Sol porque calienta con sus rayos la superficie terrestre. Entre ambos mantienen la atmósfera en continuo movimiento como si fuera una inmensa máquina térmica.. Cuando nuestro planeta gira, su superficie gira con el. Las zonas cercanas a los polos apenas se mueven, en cambio, los puntos situados sobre el ecuador lo hacen a velocidades supersónicas. Esas diferencias producen un efecto curioso: las masas de aire que se desplazan desde los polos hacia el ecuador se mueven mas lentas que la superficie y tienden a quedarse atrás mientras que las que fluyen desde el ecuador hacia los polos son mas rápidas y tienden a adelantarse. Ese efecto, denominado de Coriolis, desvía el viento hacia la derecha en el hemisferio norte y hacia la izquierda en el hemisferio sur. El sol, por su parte, calienta la superficie terrestre y ésta transmite ese calor a las capas de aire que están en contacto con ella. En algunos puntos ese calentamiento es mayor que en otros, allí el aire se expande y se eleva y otro mas denso y frío fluye desde los alrededores para ocupar su lugar.

Los molinos de viento son máquinas al servicio de los hombres para aprovechar los movimientos del aire. La parte mas baja de las corrientes de aire roza con la tierra y se frena. En cambio, a pocos metros del suelo, las partes mas altas de la corriente de aire siguen su camino sin inmutarse, su velocidad es mayor y su dirección ligeramente distinta. Por eso las aspas de las máquinas eólicas se colocan a cierta altura y en terrenos con pocos obstáculos.

Los modernos gigantes necesitan que el viento sople el mayor tiempo posible y moderadamente fuerte, por eso, se buscan emplazamientos privilegiados en los que efectos locales del terreno favorezcan esa circulación. Las regiones costeras son las más interesantes. Durante el día el sol calienta la tierra y eleva la temperatura del aire situado encima. El aire se expande y se eleva. En el mar, aire más frío viene a rellenar el hueco y un viento fresco se mueve desde el mar hacia tierra. Por la noche la tierra se enfría más rápidamente que el mar y los vientos soplan en sentido contrario: desde el interior hacia el mar. Son las brisas marinas.

Científicos, investigadores, ingenieros y empresarios de distintas partes del mundo sueñan con aprovechar las brisas marinas creando parques eólicos flotantes lejos de la costa, fuera de la vista de viajeros intrépidos como Don Quijote. Las estructuras con las que sueñan son tan impresionantes que, incluso a las mentes más serenas, parecerían ciclópeos gigantes. Sus estructuras, flotando sobre la superficie del mar y ancladas con fuertes cadenas al fondo marino, se elevan más de cien metros sobre las superficies de las aguas y se sumergen medio centenar bajo ellas, anclados al fondo marino por fuertes cadenas. Y no sería un gigante solitario sino un verdadero ejército de cientos de ellos imperturbables ante el azote de las olas y el viento.

Este es el sueño de personas como nuestro entrevistado de hoy: D. Manuel Pérez Sierra, Director de Planificación del grupo de ingeniería APIA XXI, Los primeros pasos ya se están dando. En las costas del Mar Cantábrico, frente a Santander, se sitúan tres enormes boyas de investigación construidas en tierra e instaladas, mar adentro, gracias al esfuerzo común de empresas como Idermar, el grupo Sodercan y el Instituto de Hidráulica Ambiental de la Universidad de Cantabria.

Otros programas de interés:

Energías oceánicas. Hablamos con Iñigo Losada.

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