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Hablando con Científicos

El conocimiento científico crece gracias a la labor de miles de personas que se esfuerzan, hasta el agotamiento, por encontrar respuestas a los enigmas que plantea la Naturaleza. En cada programa un científico conversa con Ángel Rodríguez Lozano y abre para nosotros las puertas de un campo del conocimiento.

Claves del pasado, llaves del futuro.

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De vez en cuando me gusta echar un vistazo a mi biblioteca y escoger alguno de los libros que más me han hecho pensar. Al hilo de ese libro, suelo escuchar también a sus autores, porque este trabajo tiene, como regalo añadido, la posibilidad de hablar con ellos. El libro de hoy lleva por título “Las Claves del Pasado, las Llaves del Futuro” y fue escrito por Eudald Carbonell y Marina Mosquera, paleoantropólogos, cuyos trabajos en las excavaciones de los yacimientos de La Sierra de Atapuerca y en otros yacimientos de España han contribuido de manera muy especial al conocimiento sobre nuestros antepasados directos y otros homínidos que convivieron con ellos.

Aunque se trata de un libro editado hace ya unos años, y por ello difícil de conseguir, su publicación fue una excusa excelente para hablar de una larga historia, de nuestra historia evolutiva. El viaje comienza con la aparición de la vida en la Tierra hasta llegar a lo que somos, un camino evolutivo que, irremediablemente, lo miramos de manera sesgada desde nuestro punto de vista como especie. Les invito a escuchar a los autores: Eudald Carbonell es codirector del Proyecto Atapuerca y director del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES) donde investiga también Marina Mosquera que es, además, profesora de la Universitat Rovira i Virgili.

Como complemento a lo que pueden escuchar en el programa, les ofrecemos el extracto de uno de los capítulos del libro:

El Cerebro, responsable último de lo complejo

La clave de las formas de vida más compleja que existen en el planeta es el cerebro. De todos nuestros órganos corporales, como decía Hipócrates, el cerebro es el más importante porque de él sale todo lo demás. En el largo proceso evolutivo que nos ha conducido hasta ser como somos, el cerebro ha jugado un papel estrella. Si éste no se hubiera formado, difícilmente podríamos interrogarnos sobre el pasado o el futuro tal y como ahora lo hacemos.

El primer interrogante que nos planteamos acerca del cerebro es por qué y cómo aparece. Su antigüedad como órgano empieza hace unos 500 millones de años: entonces era tan sólo una especie de tubo formado por un conjunto de células especializadas en funciones de identificación del entorno y control de la movilidad. Con estas adquisiciones, los seres pluricelulares se adaptan mejor. De esta manera, la aparición del cerebro se convierte en una más de las grandes aportaciones de la selección natural y sería este proceso selectivo el que con el tiempo iría estructurando y perfeccionando este órgano.

La escidia es un gusano cuyo cerebro tiene tan sólo trescientas neuronas, suficientes como para que el animal pueda nadar y dirigirse a la luz. Desde este simple organismo, pasando por los cerebros de los reptiles, hasta llegar a los homínidos, han de transcurrir cientos de millones de años. En el proceso de configuración de la estructura estrella de nuestra biología, el córtex ha sido el componente principal. El córtex es precisamente el tejido envolvente que rodea al cerebro, propiamente dicho. Esa piel cerebral tremendamente arrugada, almacena entre el 30 y el 40 por ciento de las neuronas y, gracias a él, podemos utilizar los cinco sentidos, pensar y, como consecuencia, interpretar o entender la realidad. Podemos reflexionar, tenemos noción del espacio y el tiempo y, por lo tanto, hemos llegado a ser un caso singular en la vida animal terrestre.

La clave de nuestro córtex cerebral se halla en las neuronas y en la forma que se han desarrollado para pasar la información. La red neuronal es una tupida telaraña de autopistas de la información que algún día podremos imitar. Cuando eso ocurra muchas de las cosas que ahora no comprendemos adquirirán sentido para nosotros. Las neuronas –auténticas operarias de un sistema de organización biológico- son capaces de establecer relaciones, pasar mensajes y recibirlos gracias a la electricidad y a dos elementos básicos, el sodio y el potasio, dos sales fundamentales para la existencia del cerebro y su máxima producción: La mente.

El cerebro humano es una enorme playa de cien mil millones de minúsculas neuronas que establecen trillones de conexiones . El cerebro es una estructura dinámica, un sistema cambiante sometido a su propia estrategia de funcionamiento, pero también condicionada por el conjunto de interacciones que realiza sobre el medio. La frenología intentó durante mucho tiempo explicar el funcionamiento del cerebro, identificando áreas especializadas que cumplían funciones estrictas, como pudieran ser la imaginación, la experiencia, etc. Sin embargo, parece que no es así, salvo para determinadas habilidades y características emocionales. Por el contrario, la mayor parte del córtex cerebral de dedica al establecimiento de asociaciones que, después y conjuntamente, forman la consciencia y el pensamiento.

En el transcurso de la evolución, la selección natural ha ido influyendo de forma profunda en la configuración funcional de nuestro cerebro. El cambio de ecosistemas, de estrategias adaptativas, las luchas animales, etc. Han proporcionado las bases de la adaptación humana diferencial: la cultura técnica. La utilización de nuestras extremidades de forma cada vez más compleja, conjuntamente con el gran desarrollo del cerebro, tanto en el ámbito cuantitativo como en el cualitativo, ha caracterizado el proceso de adaptación extrasomática.

Hace 3 millones de años, nuestro cerebro homínido no llegaba al medio litro. Mientras que en la actualidad sobrepasa los 1,3 litros. Del Homo Hábilis al Homo Erectus, la capacidad del cerebro se incrementó desde 0,5 a 1 litro, y del Erectus al Neandertal, el incremento fue de 1 a 1,4 litros, muy parecido –incluso por encima- de nuestra capacidad actual.

_Sabemos, no obstante, que hace 300.000 años, el volumen cerebral del género Homo era ya muy parecido al nuestro; de hecho, podríamos admitir que no ha aumentado, incluso presenta una gran variabilidad. Por lo que se refiere al volumen, sabemos que puede oscilar entre los 1000 cc de Anatole France, novelista y premio Nobel francés, considerado frecuentemente como el mejor escritor francés de finales del siglo XIX y principios del XX, y los 2000 cc de Albert Einstein, el padre de las teorías de la Relatividad. Como se puede observar, esa variabilidad no afecta a la inteligencia porque ésta no se haya en el interior sino en la superficie, en el córtex cerebral. De todo lo dicho anteriormente se deduce algo muy importante: ha sido necesario un cerebro con cierto volumen para poder generar una mente poderosa; pero por encima de este punto, la complejidad se organiza independientemente del volumen.
Sin duda fue el uso sistemático de artefactos lo que hizo inteligentes a los homínidos. La inteligencia de los humanos es de tipo operativo, por lo que ha actuado como mecanismo de retroalimentación. Así, al utilizar artefactos cada vez más complejos, ha sido necesario un mayor aprendizaje, de manera que la complejidad ha influido en la experiencia, y ésta en aquella, indisolublemente. La repetición de procesos en la fabricación y uso de artefactos cada vez más complejos ha generado nuevas relaciones interactivas y asociaciones entre el cuerpo y la mente; o dicho de otra forma, los procesos se han ido activando y expandiendo, provocando a la vez el crecimiento de nuestra mente._

El tiempo, el espacio, la Tierra y la vida son la cadena que abre la puerta del cerebro, y el cerebro y las manos son la clave de nuestra inteligencia, Todos somos conscientes de que la inteligencia humana no hubiera llegado a ser lo que es sin las manos, pero todos sabemos que las manos son controladas por el cerebro.

REFERENCIA.

LAS CLAVES DEL PASADO, LA LLAVE DEL FUTURO


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