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El conocimiento científico crece gracias a la labor de miles de personas que se esfuerzan, hasta el agotamiento, por encontrar respuestas a los enigmas que plantea la Naturaleza. En cada programa un científico conversa con Ángel Rodríguez Lozano y abre para nosotros las puertas de un campo del conocimiento.
Cuando pensamos en energías renovables, nuestra imaginación suele llenarse de paneles solares brillando al sol o de enormes aerogeneradores girando en el horizonte. Sin embargo, existe una fuente de energía mucho más discreta, invisible y constante que se encuentra justo bajo nuestros pies: la geotermia.
Nuestra invitada en Hablando con Científicos, Cristina de Santiago Buey, investigadora del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC), acaba de publicar el libro “Geotermia. La energía renovable que nos proporciona el planeta Tierra”, en el que explica por qué esta tecnología podría desempeñar un papel clave en el futuro energético.
La geotermia aprovecha el calor almacenado en el subsuelo terrestre. Y aquí aparece una de las primeras sorpresas. Mucha gente cree que para utilizarla hay que perforar kilómetros y kilómetros hasta acercarse al centro de la Tierra. Nada más lejos de la realidad.
«Uno de los mitos que quiero romper con este libro», explica Cristina de Santiago, «es que la geotermia sólo aprovecha el calor que proviene del interior de la Tierra». En realidad, el calor almacenado en la corteza terrestre tiene diversos orígenes: parte procede del interior del planeta, parte es generado por elementos radiactivos presentes en las rocas y otra parte muy importante llega desde el Sol.
Por eso, no hace falta descender hasta profundidades extremas. «Aprovechamos calor que se encuentra almacenado dentro de la corteza terrestre», afirma la investigadora. En muchos casos basta con perforaciones de apenas cien metros para obtener energía suficiente para climatizar edificios completos.
Mucho más que volcanes y géiseres.
La imagen más popular de la geotermia suele estar asociada a volcanes, géiseres y fumarolas. Sin embargo, estos fenómenos representan solamente una pequeña parte del potencial geotérmico. «Olvidémonos ya de que sólo se puede hacer geotermia en Canarias», comenta Cristina de Santiago. Aunque las zonas volcánicas son especialmente favorables para ciertos aprovechamientos, prácticamente cualquier lugar puede beneficiarse de la energía geotérmica.
La clave está en que la geotermia puede utilizarse de formas muy diferentes según la temperatura del recurso disponible. Cuando las temperaturas superan los 150 grados centígrados, es posible generar electricidad. Entre unos 30 y 100 grados, el calor puede utilizarse directamente para procesos industriales, redes de calefacción o agricultura. Y por debajo de 30 grados aparece una de las aplicaciones más prometedoras: la climatización mediante bombas de calor geotérmicas.
Electricidad producida por el calor de la Tierra.
La primera central geotérmica comercial del mundo comenzó a funcionar en 1913 en Larderello, Italia. Allí, el vapor procedente del subsuelo mueve turbinas que generan electricidad de forma muy parecida a como lo hace una central convencional. Según explica Cristina de Santiago, el principio es sencillo: «Mientras en la energía eólica es el viento el fluido que mueve la turbina, en la geotermia es el vapor de agua a alta presión y temperatura el que hace el trabajo».
Pero la gran ventaja aparece cuando se compara con otras renovables. «La geotermia eléctrica produce electricidad las 24 horas del día, todos los días del año, sin depender del clima, del sol o del viento», señala la investigadora. Esta característica convierte a la geotermia en una fuente de energía muy valiosa para complementar a la solar y la eólica, cuya producción depende de las condiciones meteorológicas.
El “tercer mejor invento de la humanidad”
Entre todas las aplicaciones de la geotermia, Cristina de Santiago siente una especial admiración por una tecnología concreta: la bomba de calor. Con humor, la define como «el tercer mejor invento de la historia de la humanidad, después de la cama y la rueda».
La bomba de calor no genera calor quemando combustibles. Lo que hace es trasladarlo de un lugar a otro utilizando electricidad. Es el mismo principio que permite funcionar a un frigorífico, pero aplicado a la calefacción y la refrigeración de edificios.
La geotermia ofrece aquí una ventaja importante frente a la aerotermia. Mientras que la temperatura del aire exterior puede variar mucho entre verano e invierno, el subsuelo mantiene valores mucho más estables durante todo el año.
«Si en lugar del aire usamos el terreno, que se mantiene estable alrededor de 18 °C, el salto es mucho menor y la bomba trabaja con mucha más facilidad y eficiencia», explica Cristina. El resultado es un menor consumo eléctrico y una reducción significativa de la factura energética.
Una energía para industrias, invernaderos y piscifactorías.
Las posibilidades de la geotermia van mucho más allá de calentar viviendas. La investigadora menciona aplicaciones tan variadas como el secado de madera, la industria papelera, la producción de alimentos, las piscifactorías o los invernaderos agrícolas.
Uno de los ejemplos más llamativos se encuentra en Bańska Niżna, en Polonia. Allí el agua geotérmica extraída a unos 85 °C se utiliza primero para climatizar edificios, después para secar madera, posteriormente para una piscifactoría y finalmente para calentar instalaciones agrícolas antes de ser reinyectada al subsuelo.
Este sistema recibe el nombre de geotermia en cascada y permite aprovechar al máximo cada grado de temperatura disponible.
España también tiene un enorme potencial.
Aunque Islandia es probablemente el país más asociado a la geotermia, España dispone de recursos muy interesantes. Canarias destaca por sus elevadas temperaturas subterráneas, pero también existen posibilidades en Galicia, Cataluña, Valencia, Murcia, Andalucía o la cuenca del Ebro.
Entre los casos más destacados se encuentra Zaragoza, donde numerosos edificios aprovechan un acuífero asociado al río Ebro para climatizarse mediante bombas de calor geotérmicas. Otro ejemplo es el Pozo Barredo, en Mieres (Asturias), una antigua mina de carbón inundada que hoy suministra calefacción y refrigeración a viviendas, instalaciones universitarias y hospitales.
Un reto para el futuro.
Si la geotermia tiene tantas ventajas, ¿por qué sigue siendo una gran desconocida? Para Cristina de Santiago la respuesta es clara: «Necesitamos un conocimiento más extenso del suelo, y, además, hay que superar barreras culturales, normativas, técnicas y económicas que hasta ahora han frenado su expansión».
La investigadora defiende que la geotermia puede contribuir a la llamada soberanía energética, es decir, a reducir la dependencia de combustibles fósiles importados y aprovechar recursos disponibles localmente. «Lo bueno de las energías renovables es que son locales», afirma. «Podemos aprovechar nuestro sol, nuestro viento, nuestra agua y nuestra tierra».
Quizá por eso la frase con la que concluye su libro resume perfectamente la importancia de esta energía olvidada: «Bajo nuestros pies existe una fuente de energía constante, silenciosa y disponible día y noche. Tal vez el futuro energético no esté solo sobre nuestros tejados, sino también bajo el suelo que pisamos».
Os invitamos a escuchar a Cristina de Santiago Buey, investigadora del Grupo de investigación Sistemas Hidrogeológicos y Geotérmicos Avanzados (SHGA) en el Departamento de Aguas y Cambio Global del Instituto Geológico y Minero de España y autora del libro Geotermia. La energía renovable que nos proporciona el planeta Tierra
Referencias:
Libro: Geotermia. La energía renovable que nos proporciona el planeta Tierra
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