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Seis patas tiene la vida

Los insectos están en todos los sitios, desde los polos hasta el ecuador, desde el nivel del mar hasta las más elevadas cumbres. Llevan en la Tierra más de 400 millones de años y son tan abundantes y tan diversos que nadie sabe a ciencia cierta cuántas especies pueden existir. Adentrarse en este fascinante mundo de animales de seis patas requiere la ayuda de un buen guía: Don José Rafael Esteban Durán, entomólogo.
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Estrellas y telescopios

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Algunas noches, especialmente de verano, ciertos lugares de la Tierra se pueblan de diminutos puntos de luz de hermosos colores que compiten en belleza con la luz de las estrellas. Esas luces nacen en los cuerpos de las luciérnagas, que inician así el cortejo que les permite perpetuar su especie. Y, ya que hablamos de estrellas, el entomólogo José Rafael Esteban Durán nos presenta hoy a la mosca telescopio y otros insectos de cuyos nombres son un índice de su extraordinaria rareza.

Luces de amor y de guerra

Una noche despejada de verano, en el campo, lejos de las deslumbrantes luces urbanas, hay lugares en los que la tierra se puebla de puntos luminosos que compiten con la luz de las estrellas. Son hembras de luciérnagas que escalan los tallos de hierba y encienden sus cuerpos con una luz verdosa que proporciona al entorno un halo fantasmal. Volando en la oscuridad, los machos responden con su propio mensaje de luz y se acercan rápidamente atraídos por la llamada del amor.
Las luciérnagas son escarabajos de la familia Lampyridae, unos insectos que inventaron las comunicaciones luminosas millones de años antes de que el ser humano existiera.

Se han descrito más de 2.000 especies y abundan en todos los continentes. Hay especies que emiten flashes siguiendo su propio código, otras se iluminan con una luz continua, los hay, como los de la familia Peroptyx, abundantes en el Asia tropical, que sincronizan sus destellos e iluminan el ambiente con miles de puntos de luz verde amarillentos que se encienden y se apagan a la vez.
En todas las culturas hay historias inspiradas por el encanto de la luz de las luciérnagas, en Japón por ejemplo, son las representantes de las almas de los muertos.

Bioluminiscencia

Ahora estamos familiarizados con los diodos que emiten luz sin una elevación de la temperatura, sin embargo, la luz fría fue inventada por la naturaleza, un fenómeno que se denomina bioluminiscencia.

Las luciérnagas, en concreto, emiten la luz al oxidar una enzima de nombre “luciferasa” que emite luz cuando se combina con el oxígeno.
Las luciérnagas comienzan su vida en el suelo húmedo sobre el que han sido depositados los huevos. De ellos emergen las larvas, que son carnívoras y se alimentan de caracoles, babosas, lombrices y otros animales durante un periodo que, dependiendo de las especies, puede durar hasta dos años.

Llama la atención que las larvas, aparentemente indefensas, emitan un ligero resplandor que las hace visibles a los posibles depredadores. Sospechando que en ese comportamiento había gato encerrado, Albert Carlson, de la Universidad de Nueva York, le dio de comer larvas de luciérnaga a sus ratones de laboratorio. Los ratones que mordieron las larvas las soltaron inmediatamente y se restregaron violentamente el hocico con las patas delanteras. Estaba claro que no era plato de buen gusto, la naturaleza no hace locuras, tanto adultos como larvas exudan unas sustancias defensivas que afectan el corazón y son vomitivas para los depredadores. Los ratones no volvieron a acercarse a las larvas.

Cuando el insecto sufre la metamorfosis, el órgano luminoso se concentra en la superficie de los segmentos finales del abdomen.

En su fase adulta, la luciérnaga tiene una vida corta, entre una y cuatro semanas, y hay que potenciar al máximo los encuentros amorosos. Cada especie de luciérnaga controla la emisión de luz a su manera, emitiendo destellos que duran sólo una fracción de segundo y siguen su propio código. Un código conocido por los machos y hembras de la misma especie, para que no haya equivocaciones engorrosas.

Las hembras se quedan en tierra, haciéndose querer, y los machos vuelan y van emitiendo destellos mientras se desplazan por el aire con la esperanza de que alguna hembra responda a su llamada. Cuando la chica ve el destello de un posible compañero, apunta su linterna hacia él y le invita a unirse a ella. La cópula puede durar unos minutos o unas horas, según la especie. Una vez terminada, la hembra baja de su atalaya para depositar los huevos en el suelo y el macho emprende el vuelo con sus encantos encendidos en busca de otra hembra que ilumine su vida. La competencia es muy alta, cualquier noche de verano por cada hembra receptiva, hay decenas de machos en vuelo buscando una oportunidad para perpetuar sus genes.

Mujer Fatal

Contado así, parece que entre las luciérnagas todo es luz y armonía pero, como suele suceder, siempre hay una bestia negra. Ése poco tranquilizador nombre se le puede aplicar a las hembras de un conjunto de especies de luciérnagas americanas que pertenecen al género Photuris. La especie más estudiada, y más sorprendente, es la Photuris versicolor. Podríamos decir de ella que es fuerte, paciente, sabe idiomas y no duda en utilizar sus encantos para comerse a los incautos que atienden a su llamada. Una mujer fatal en toda regla.

Una hembra de Photuris versicolor tiene un tamaño de un par de centímetros. Como buen miembro de la familia de los escarabajos, tiene dos élitros o alas endurecidas y, como el resto de las luciérnagas, emite su mensaje de apareamiento mediante destellos de su luz verde amarillenta para atraer a los machos de su especie. La cópula sigue los parámetros de otras especies y, poco hace sospechar que, tres días después, vaya a sufrir una transformación digna de una película de terror. Deja de ser la dulce dama que ofrece la luz de sus encantos para convertirse en una depredadora insaciable. Durante la noche, espera pacientemente a que el macho de otra especie de luciérnagas distinta a la suya pase buscando a su media naranja. Cuando detecta uno, comienza a emitir sus destellos de luz, pero en lugar de emitir la señal propia de su especie, cambia el código y comienza a hablar en otro idioma, imitando a la hembra de la especie a la que pertenece el macho que se acerca. Cuando éste llega, en lugar del amor, encuentra la muerte.

Se ha comprobado que la hembra de Photuris versicolor es capaz de imitar el código de luz de al menos cinco especies distintas de luciérnagas. Las víctimas poco pueden hacer, saben que la competencia es muy alta y creyendo que la señal detectada pertenece a una hembra de su especie, caen en la trampa con facilidad.

Imitadores y aprovechados

No obstante, la guerra es la guerra, y hay especies de luciérnagas, víctimas de Photuris versicolor, que han encontrado una forma de utilizar la imitación en su propio beneficio.

Los machos de luciérnaga tienen que superar dos graves inconvenientes si quieren reproducirse con éxito, por un lado, deben competir con otros machos de su misma especie y llegar hasta la hembra antes que ellos, y por otro, deben evitar la trampa que les tienden las hembras de Photuris con sus falsas llamadas.

Los machos de la especie Photinus macdermotti han dado con una fórmula que les permite ganar tiempo frente a otros competidores y, al mismo tiempo, confundir a sus enemigos.

También han aprendido idiomas, en este caso, el de su mortal enemiga, Photuris versicolor. Mientras vuelan, la imitan para engañar a otros machos de su misma especie y evitar la competencia, así, sus competidores huyen y su enemigo duda. Cuando por fin ve la señal de una hembra de su propia especie, cambia de mensaje, responde a su llamada y gana la carrera del amor. Vivir para ver.

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