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Vanguardia de la Ciencia

Vanguardia de la Ciencia es un programa de divulgación científica que comenzó a emitirse en abril de 1995. Después de un silencio de dos años, Angel Rodríguez Lozano, creador y director del programa, se ha puesto de nuevo al frente gracias a cienciaes.com. Nuevos espacios, noticias, reportajes, entrevistas y curiosidades científicas se dan cita en este programa.

SOFIA y Titan. Mars Express. La copista del lapislázuli. Renacuajos y evolución..

SOFIA y Titán.- Vanguardia de la Ciencia podcast - CienciaEs.com

SOFIA y Titán.

Viajar en un Boeing 747SP no parece una odisea difícil de conseguir si eres de los que viajan en avión de vez en cuando. Lo que ya no es fácil es viajar en un avión cuyo cometido no sea llevar pasajeros de un extremo a otro del globo terrestre sino observar al firmamento. SOFIA es un observatorio astronómico volante que utiliza un Boeing 747SP para transportar un telescopio de infrarrojos, con un espejo de 2,7 metros de diámetro, capaz de observar el universo mientras vuela a en la estratosfera a una altitud de 12.000 a 14.000 metros. Hoy os invito a escuchar en este programa la historia de uno de esos momentos apasionantes de la observación astronómica con SOFIA, un eclipse muy especial en el que los protagonistas no eran ni la Tierra ni el Sol, sino el mayor satélite de Saturno, Titán, y una estrella.

Mars Express.

Entrevistamos a Julia Marín-Yaseli de la Parra, astrofísica e ingeniera de operaciones de Ciencia de la misión Mars Express de la ESA. Julia habla de los logros más relevantes de la misión durante los 15 años que lleva en la órbita marciana: descubrimiento de una masa de agua líquida subterránea bajo el polo Sur de Marte, la observación del planeta durante sus cambios estacionales, las tormentas de polvo que envuelven a Marte en una niebla rojiza o las nubes que emergen de las cimas de los volcanes más altos.

Julia Marín-Yaseli participo en la actividad “Charla con una Astrónoma” uno de los eventos organizados por la ESA el 11 de febrero para celebrar el Dia internacional de la Mujer y la niña en Ciencia.

La copista del lapislázuli.

Viajamos hasta el siglo XI, en plena Edad Media en Europa. Eran tiempos revueltos en los que la preservación y transmisión de la cultura recaía, fundamentalmente, en las manos de comunidades religiosas. Aún faltaban más de 400 años para la aparición de la imprenta y solamente se conocía una forma de preservar las obras literarias, copiarlas a mano. Los escribas, personas educadas capaces de leer y escribir, venían acompañando desde tiempos remotos a reyes y nobles, pero en la Edad Media fue en los monasterios donde su labor floreció. Dependiendo de la orden religiosa, ya fuera en celdas individuales o en grandes salas conocidas con el nombre de Scriptorum, copistas o amanuenses se esforzaban por copiar libros religiosos y obras clásicas para el uso de la comunidad o por encargo de algún personaje de alta alcurnia. Aún se conservan imágenes que reflejan la labor de aquellas personas, la mayoría desconocidas, encorvadas sobre atriles y rodeadas de tintas, plumas y escarpelos. Aunque la imagen clásica es la de un hombre, de mediana edad, vestido con el hábito de su orden, también, ahora se sabe, había mujeres copistas.

En el año 2014, un equipo de científicos de Arqueología del Instituto Max Planck, estudiaba los restos hallados en unos enterramientos del siglo XI asociados a un monasterio medieval situado en Dalheim, en Alemania. Las excavaciones habían sacado a la luz un conjunto de esqueletos completos que estaban siendo analizados in situ por los arqueólogos. Un hecho llamó la atención de los investigadores, entre los dientes de uno de los cráneos descubiertos, había una serie de incrustaciones de sarro de color azul. Aquello no era normal así que enviaron el raro ejemplar al Instituto de Medicina Evolutiva de la Universidad de Zurich.
Los arqueólogos ya tenían algunos datos sobre el lugar, basados en investigaciones anteriores y en el estudio de documentación de la época. El cementerio pertenecía a una pequeña iglesia dedicada a San Pedro que tenía asociada una pequeña comunidad de unas 14 monjas . Se cree que fue fundada en el siglo X y sobrevivió durante más de 300 años hasta que en el siglo XIV la iglesia y sus estancias fueron arrasada por un incendio. Los investigadores dieron un paso más al analizar los huesos y el el ADN que aún encerraban. El cráneo en cuestión pertenecía a una mujer de entre 45 y 60 años de edad cuya vida transcurrió el periodo que entre el año 990, como mínimo, y 1160, como máximo. Los análisis dieron más información sobre aquella desconocida mujer, el desgaste de los huesos revelaba que no había tenido que trabajar duro físicamente ni había sufrido enfermedades notables, no había evidencias de traumas o infecciones. Había perdido dos muelas, probablemente debido a caries y entre sus dientes había sarro manchado de un color azul.
Los investigadores recogieron muestras y las analizaron químicamente el contenido. La sorpresa fue mayúscula, el contenido era lazurita, un mineral del grupo de los silicatos que proporciona un color azul de gran belleza, de hecho “lazur” es una palabra que significa “cielo”, y es el principal componente del lapislázuli, una gema de gran valor.
Las investigaciones revelaron que el lapislázuli se utilizaba para conseguir el pigmento azul utilizado por los iluminadores que elaboraban las láminas y dibujos en miniatura que adornaban los códices y libros más valiosos de la Edad Media. Aquella mujer era una artista que trabajaba como copista.
Referencia:
Radini. Et al. Medieval women’s early involvement in manuscript production suggested by lapis lazuli identification in dental calculus. http://advances.sciencemag.org/ on February 13, 2019

Renacuajos y evolución

Jorge Laborda cuenta hoy una historia fascinante que tiene como protagonistas a ciertos renacuajos y el gusano Caenorhabditis elegans, el más famoso en los laboratorios de biología. La historia que comenta tiene su origen en la investigación David Pfennig, biólogo fascinado por unos renacuajos que tienen aficiones caníbales. La observación de los charcos que se producían en el sur de Texas después de las tormentas de verano le llevo a reconocer dos tipos diferentes de renacuajos, unos vegetarianos, que se alimentaban de algas y otros de poderosas mandíbulas que se alimentaban de pequeños crustáceos. Los dos tipos de renacuajos tenían los mismos padres, o sea que se trataba de individuos distintos pero pertenecientes a la misma especie. Sus investigaciones le llevaron a determinar cómo el ambiente puede forzar a las criaturas a generar modificaciones que les permitan sobrevivir. Esto es lo que se llama “plasticidad fenotípica” una propiedad que Laborda nos explica en su colaboración en Vanguardia de la Ciencia. Os invito a escucharle.

Referencia:
Pennisi, Buying Time. In a fast-changing environment, evolution can be too slow. “Plasticity” can give it a chance to catch up. Science. 30 nov 2018, Vol 362 Iss 6418.

¿Cuanto pesa un hombre en Marte?

Contestamos a la pregunta enviada por Lorena González, desde México.
Como todos sabemos el peso de un objeto es el resultado de la fuerza con la que lo atrae el planeta y esa fuerza es mayor cuanta más masa tenga el planeta en cuestión. Aquí hay que tener en cuenta la distinción entre esos dos conceptos que a veces se confunden, es decir el peso y la masa. La masa mide la cantidad de materia de un objeto, una cantidad que no cambia ya estemos aquí o en Marte o alrededor del Sol en una nave espacial. Sin embargo, el “peso” si depende de donde nos encontremos. Imaginemos que tenemos una báscula y que, al subir a ella una persona, marca, por ejemplo, 70 kilogramos. Si nos trasladamosa esa persona y la báscula hasta la superficie de Marte y, una vez allí vuelve a pesarse, comprobará que la báscula marca mucho menos, unos 27 kilos. Sin embargo, la cantidad de materia de esa persona no habrá cambiado, es decir “su masa” seguirá siendo la misma que en la Tierra. Marte, al ser más pequeño que nuestro planeta, atraerá al viajero espacial con menos fuerza y por lo tanto allí pesará menos. En general cualquier objeto que pongamos sobre la superficie marciana, pesará tan solo un 38 por ciento de lo que pesa en la Tierra.


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