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Las mentes más claras de la historia han ido tejiendo poco a poco la intrincada tela de araña del conocimiento científico. En cada programa del podcast Ciencia y Genios les ofreceremos la biografía de un gran sabio escrita por varios autores.

Los hermanos Wright remontan el vuelo.

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En diciembre de 1903, Orville Wright logró levantar el vuelo en un aeroplano impulsado por medios mecánicos. Fue un vuelo corto pero su artefacto volador se mantuvo en el aire el tiempo suficiente como para demostrar al mundo que una máquina propulsada más pesada que el aire puede surcar los cielos como las aves. Aquella odisea, comentada en la biografía que les ofrecemos hoy, fue el último capítulo de una larga aventura.

Los Wright habían estudiado con detenimiento las proezas del alemán Otto Lilienthal, un ingeniero con amplia experiencia en vuelos sin motor, considerado por muchos como el primer piloto de la historia. Lilienthal acostumbraba a estudiar el vuelo de las aves, especialmente el planeo de las cigüeñas, de ellas aprendió los rudimentos del planeo, unos conocimientos que utilizó para diseñar planeadores con los que acostumbraba a lanzarse desde una colina en las cercanías de Berlín. Otto realizó más de dos mil vuelos hasta que, el 9 de agosto de 1896, su planeador falló, se precipitó al suelo desde una altura de 17 metros y se rompió la columna vertebral. Al día siguiente, momentos antes de morir, se despidió del mundo de los vivos con una frase legendaria: ¡Es necesario que haya sacrificios!

Las publicaciones de Lilienthal fueron estudiadas por los hermanos Wright, pero éstos, conscientes del peligro que entrañaba la falta de estabilidad de los planeadores en vuelo, optaron por mejorar los mecanismos de control de sus aparatos antes de intentar su gran sueño: un aparato capaz de volar con autonomía, independientemente de los caprichos del viento, propulsado con la ayuda de un motor.

En agosto de 1899, para probar sus teorías, los Wright construyeron un planeador de doble ala, básicamente no era más que una sofisticada cometa. Llevaron su invento a Kitty Hawk, Carolina del Norte, un lugar donde sopla una brisa continua desde el Atlántico y abundan las dunas de arena, ideales para amortiguar un mal aterrizaje. Habían introducido mejoras sustanciales, como el control del borde de ataque de las alas para conseguir una mayor estabilidad y control del vuelo. Los resultados fueron muy prometedores y ello les animó a diseñar un planeador más grande con el que volvieron a Kitty Hawk en 1901. Desgraciadamente, en esa ocasión las cosas no fueron tan bien y los Wright regresaron cabizbajos a su taller de bicicletas en Dayton.

Tenían tantas ideas en la cabeza que optaron por probarlas en casa antes de arriesgarse a fracasar de nuevo entre las dunas de Carolina del Norte. Durante los meses siguientes construyeron un túnel de viento de su invención, en esto también fueron pioneros, y pusieron a prueba en él más de 60 modelos de muy distinto diseño. Con la experiencia adquirida, Wilbur y Orville construyeron un nuevo planeador equipado con un diseño de alas revolucionario. Tenía tamaño suficiente como para que un piloto, montado sobre él, lo gobernara desplazando el cuerpo y le añadieron una cola para controlar la dirección. Durante el verano de 1902, ambos hermanos volvieron a Kitty Hawk y disfrutaron planeando con su aparato entre las dunas.

Al regresar a Dayton, con los ánimos por las nubes, ambos hermanos decidieron dar el paso que los llevaría a la gloria: dotar a su planeador de un motor que le permitiera moverse con libertad y autonomía en el aire. La elección del propulsor no fue fácil, los motores de los automóviles eran demasiado pesados y poco fiables así que optaron por diseñar más liviano y seguro, utilizando una aleación de aluminio y cobre. Montaron dos motores en su planeador de tal manera que sus hélices giraban en sentido inverso para compensar los efectos de las rotaciones sobre el avión.

El 17 de Diciembre de 1903, los Wright volvieron de nuevo a Kitty Hawk para probar su flamante Flyer I. Ambos deseaban volar así que zanjaron la cuestión lanzando una moneda al aire. La suerte señaló a Orville. El Flyer I arrancó y comenzó a moverse sobre la arena, a medida que iba cogiendo velocidad, Wilbur corría a su lado controlando la posición de las alas. El primer vuelo fue muy corto, más un salto que un planeo propiamente dicho, pero al cuarto intento el avión voló durante 59 segundos cubriendo una distancia de 852 metros. Los hermanos Wright habían demostrado al mundo que una máquina propulsada, controlada, más pesada que el aire, podía elevarse y llevar al ser humano a la conquista del cielo.

Escuchen ustedes la biografía de los Hermanos Wright.

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