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Las mentes más claras de la historia han ido tejiendo poco a poco la intrincada tela de araña del conocimiento científico. En cada programa del podcast Ciencia y Genios les ofreceremos la biografía de un gran sabio escrita por varios autores.

Isaac Newton, el genio de la Navidad.

Isaac Newton

Antes de Newton había dos mundos regidos, aparentemente, por leyes físicas distintas: el cielo, situado más allá de la Luna, y la Tierra. Isaac Newton unificó ambos creando una física universal que gobierna por igual a las cosas cotidianas y a las más lejanas estrellas. Aún hoy, cuando las ideas de Newton se consideran sólo una parte de un escenario mucho más extenso, descrito por Einstein, nosotros, los ciudadanos de a pié, seguimos viendo el mundo con ojos newtonianos. Utilizamos sus leyes tanto para lanzar una pelota como para enviar una nave al espacio sideral.

Con una visión tan especial del mundo, Newton, tal vez el más grande genio que jamás haya existido, no podía ser un humano corriente. Era un hombre reservado, arisco, con una sensibilidad especial ante los ritmos de la naturaleza pero insensible ante las personas que lo rodeaban. Si algo atraía su atención, el resto del mundo se desvanecía por completo. Cuando era joven desistieron de encargarle trabajos en la granja en la que vivía, si le ordenaban recoger el ganado, el ganado no volvía e Isaac tampoco, al cruzar un puente, se quedaba ensimismado observando la corriente de agua o mirando el vaivén de las hojas mecidas por el viento. Raramente estudiaba pero, cuando lo hacía, le bastaban unos minutos para comprender las cuestiones que hacían penar durante horas a sus compañeros ¡qué impertinencia!.

En la Universidad fue un espíritu solitario “Amicus Plato amicus Aristóteles magis amica veritas” -decía (Platón es mi amigo, Aristóteles es mi amigo, pero mi mejor amiga es la verdad”) Todo lo estudiaba, todo lo experimentaba y, haciéndolo, se olvidaba de comer y de dormir como si el mundo ajeno a su centro de atención se desvaneciera en la nada. Si no existían suficientes matemáticas para desarrollar un problema, las inventaba, uno de sus descubrimientos más notables fue el cálculo infinitesimal, con él, la geometría cobró vida, dejó de ser un conjunto de líneas, parábolas o hipérbolas estáticas y se tornaron en caprichosas trayectorias de un punto en movimiento. “Se describen líneas, y por ende se generan, no por la oposición de partes sino por el movimiento continuo de los puntos” -escribió.

Un día concibió la teoría grandiosa capaz de explicar el movimiento de la Luna y los planetas. He aquí su relato:

“En aquellos días yo estaba en la flor de mi vida para la invención y pensaba en matemáticas y filosofía más que en cualquier otro campo… Empecé a imaginar que la gravedad se extendía hasta la órbita de la Luna y… a partir de las Leyes de Kepler sobre los tiempos periódicos de los planetas…, deduje que las fuerzas que mantienen a los planetas en sus órbitas deben ser recíprocamente los cuadrados de sus distancias a los centros alrededor de los cuales giran, y por ende comparé la fuerza necesaria para mantener la Luna en su órbita con la fuerza de la gravedad en la superficie de la Tierra, y hallé que concuerdan con bastante aproximación”.

Cuentan que la inspiración le vino al ver caer una manzana de un árbol frente a la casa de su madre. Sea o no verdad, la humanidad ha visto caer manzanas desde el principio de los tiempos pero nadie, hasta él, tuvo la visión genial de unir, en una misma ley, a la manzana que cae, a la Luna que gira alrededor de la Tierra, a cada planeta o a cada estrella del Cosmos.

Newton nació el día de Navidad de 1642 (en Inglaterra todavía se utilizaba el calendario juliano). Mucho tiempo después, en la Navidad de 1968, una nave tripulada, de nombre Apolo 8, circunvaló la Luna. En su interior tres seres humanos fueron testigos por primera vez de la extraordinaria diversidad de cráteres que jalonan la cara oculta de nuestro satélite. En una de las comunicaciones con la Tierra, el astronauta Bill Anders hablaba con su familia cuando su hijo pequeño le preguntó: “¿Quién impulsa la nave?” Anders respondió: “Creo que Isaac Newton hace ahora la mayor parte del trabajo”.

Escuchen ustedes la biografía de Isaac Newton.


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