Buscando "Bacterias"
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En su publicación de la estructura del ADN, en 1953, Watson y Crick indicaron que ésta sugería un mecanismo por el que la información podía ser copiada y la copia ser transmitida así a las siguientes generaciones. Sin embargo, no fueron más específicos y en su artículo no describieron lo que tenían en la cabeza acerca del mecanismo de replicación, no estaba claro cómo la información era copiada de hebra en hebra y, de hecho, se manejaban varias posibilidades. Era pues necesario recabar evidencia que apoyara alguna de las posibilidades e idealmente, también descartara a las otras. Aquí es cuando surge la genialidad de dos científicos estadounidenses, Matthew Meselson y Franklin Stahl. Hoy os contamos su legado.
En nuestros estudios de bachillerato aprendimos que en la Naturaleza hay dos formas fundamentales de ganarse la vida. Una consiste en fabricarse la propia comida a partir de compuestos minerales y energía solar, y la otra, en aprovecharse del trabajo de los primeros y robársela, ya sea utilizándolos como alimento o consumiendo de sus desechos. A los primeros pertenecen las plantas o las algas verdes y se conocen como “autótrofos”. En el lado opuesto están los “heterótrofos”, entre ellos estamos nosotros, los demás animales, los hongos y otras criaturas. Pero no acaba ahí la historia, como nos cuenta María del Carmen Muñoz Marín, Investigadora de la Universidad de Córdoba, hay seres que utilizan ambas estrategias, es decir, son capaces de capturar la energía del Sol para fabricarse sus propios alimentos a partir de compuestos inorgánicos y, cuando la ocasión es propicia, pueden alimentarse de la materia orgánica que los rodean. Estos son los “mixótrofos”. Podríamos pensar que los mixótrofos son unos “bichos raros”, una minoría, pero os sorprenderá saber que, no solamente abundan, sino que les debemos la vida porque generan el 50% del oxígeno que respiramos.
Cuando observamos los restos neolíticos en un museo, encontramos multitud de herramientas de sílex, como cuchillos, puntas de flecha, raspadores, etc. Son herramientas hábilmente talladas, pero aparecen inconexas y dispersas porque, al faltar restos de madera y otros materiales, nos hacen pensar que aquellas gentes eran toscas y atrasadas. Esta fue mi percepción hasta que tuve la oportunidad de conocer el trabajo de Juan F. Gibaja sobre el yacimiento de La Marmotta, ubicado en el lago Bracciano, cerca de Roma, Italia. Este yacimiento excepcional se encuentra en el fondo del lago a 11 metros de profundidad y ha conservado los restos de un poblado y multitud de enseres: canoas de grandes dimensiones, herramientas completas utilizadas en labores agrícolas, arcos y flechas, cestos, semillas de cereales, opio, etc., objetos que muestran la complejidad de las poblaciones neolíticas.
Miguel Pocoví Mieras, catedrático de Bioquímica de la Universidad de Zaragoza, ya jubilado, nos va a adentrar hoy por el fascinante mundo de los quesos fabricados con larvas, gusanos y ácaros. En una época en la que comer insectos y otros invertebrados inusuales, como los escorpiones, se está poniendo de moda, conocer la existencia de estos quesos tal vez estimule su regulación y su consumo responsable entre a quienes no les importe comer arácnidos o insectos vivos. La Unión Europea no permite producir ni comercializar queso con larvas o gusanos, ya que no se adhiere a las normas higiénicas y sanitarias establecidas en Europa. No obstante, algunos hay, como por ejemplo, el Casu marzu cuya venta está prohibida en Italia y en toda la Unión Europea, no así su fabricación casera.
Un estudio reciente demuestra que el cerebro no solo detecta peligros físicos, sino también señales de posible contagio en otras personas. Usando realidad virtual, investigadores expusieron a voluntarios a avatares enfermos y comprobaron que su sistema inmunitario se activaba de manera similar a una vacunación. Esto revela una conexión directa entre la percepción cerebral del riesgo y la respuesta inmunitaria, cuestionando la idea de que “la mente consciente cura”. En realidad, son los mecanismos inconscientes del sistema nervioso e inmunitario los que nos protegen.
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