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Hace cuatro siglos, los primeros navegantes que visitaron la isla Reunión, en el océano Índico, describieron un ave con el plumaje blanco y las puntas de las alas y la cola negras. La primera mención del Solitario de Reunión procede del cuaderno de bitácora del buque inglés Pearl, el 27 de marzo de 1613: “…una especie de ave con la corpulencia de un pavo, muy gorda, y con las alas tan cortas que no puede volar; es blanca y no es salvaje, igual que todos los pájaros de esta isla, puesto que ninguno de ellos ha sido hasta ahora molestado ni asustado por disparos. Nuestros hombres los abatían con bastones y piedras. Diez hombres mataron bastantes para alimentar a cuarenta personas al día.” El último ejemplar de que se tiene constancia fue visto en 1708.
Capítulo número 100 del podcast “Zoo de Fósiles” dedicado al yacimiento de Las Hoyas. Hace tres décadas, en los años ochenta del siglo XX, un aficionado a los fósiles, Armando Díaz Romeral, descubrió el que resultaría ser uno de los yacimientos paleontológicos mejor conservados del mundo, el yacimiento de Las Hoyas, en La Cierva, cerca de la ciudad de Cuenca. Desde entonces, las sucesivas campañas de excavación han sacado a la luz un complejo ecosistema que nos muestra cómo era aquella zona en el Cretácico inferior, hace unos 125 millones de años. Por aquellos tiempos, Las Hoyas era una región pantanosa cruzada por canales y salpicada de lagos y charcas, un humedal subtropical semejante a los Everglades de Florida. En el fondo de una laguna de agua dulce se fueron depositando los restos de diversos animales y plantas en láminas de piedra caliza, de grano tan fino que han preservado la anatomía de aquellos seres vivos con un grado de detalle excepcional.
Hace cinco siglos, cuando los primeros europeos llegaron a Madagascar, recogieron de los nativos relatos sobre extraños animales que vivían en las profundidades de las selvas de la isla. Étienne de Flacourt, que fue gobernador de la colonia francesa de Fort-Dauphin entre 1648 y 1655, escribió en su obra L’histoire de le grande île de Madagascar (“Historia de la gran isla de Madagascar”): “Tretretretre o tratratratra es un animal tan grande como un ternero de dos años, que tiene la cabeza redonda y cara humana; los pies delanteros como un mono, y los pies traseros también. Tiene el pelo rizado, la cola corta y las orejas como las de un hombre. […] Es un animal muy solitario; las gentes del país le tiene mucho miedo y huyen de él tanto como él huye de ellos.” En Madagascar no hay monos; sino lémures.
Shringasaurus es un cuadrúpedo herbívoro corpulento de tres a cuatro metros de longitud. Su nombre procede del sánscrito shringa, “cuerno”, y del griego sauros, “lagarto”. Shringasaurus, que ha sido descrito por científicos de la India y Argentina este mismo año de 2017, vivió hace unos 245 millones de años, a mediados del Triásico. Su aspecto era muy peculiar. El cráneo, de forma rectangular y relativamente pequeño, en algunos individuos presenta un par de cuernos de hueso anchos y cortos, de forma cónica, que se proyectan hacia arriba y hacia adelante desde la parte superior del cráneo, sobre los ojos, y que en vida debían de estar cubiertos de una funda córnea. Los cuernos crecen en longitud y en grosor con la edad. En los ejemplares jóvenes son rectos, y con la edad se van curvando hacia delante.
En 1895, el naturalista francés Henri Filhol describió una nueva especie a partir de un cráneo incompleto hallado en una cueva cercana a Belo sur Mer, en la costa oeste de Madagascar. Catalogó la nueva especie como pariente del cerdo hormiguero, que habita en sabanas y selvas del África subsahariana. Posteriormente, el paleontólogo Charles Lamberton revisó los fósiles y descartó el parentesco y en los años setenta del siglo XX, el paleontólogo Bryan Patterson volvió a incluirlo en los tubulidentados, el grupo del que el cerdo hormiguero es el único representante viviente. En 1994, el paleontólogo británico Ross McPhee realizó el análisis comparativo más extenso hasta la fecha, y llegó a la conclusión de que era necesario crear un nuevo orden para este animal. Lo bautizó con el nombre informal de “bibymalagasy”, a partir de las palabras malgaches biby, “animal”, y malagasy, “malgache”, y creó para él el orden Bibymalagasia.
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