Buscando "Luna"
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Mucho se habla de la posibilidad de recibir mensajes elaborados por seres inteligentes distintos a nosotros. Hasta ahora no se ha recibido ninguno, pero lo que no se suele comentar es que se sabe, con absoluta certeza, que existen mensajes de civilizaciones inteligentes surcando la Vía Láctea: los que hemos enviado los seres humanos. Unos mensajes se enviaron sin que fuéramos conscientes de ello, son señales de radio o televisión que, aunque dirigidas a nosotros mismos, escaparon del entorno terrestre. Algunas de ellas llevan más de 100 años viajando a la velocidad de la luz. Pero hay otros mensajes, los más interesantes, que hemos enviado a propósito. Son cartas de presentación destinadas a darnos a conocer a cualquier ser extraterrestre con inteligencia suficiente como para descifrarlas. Hoy hablaremos de esos mensajes que la humanidad ha enviado a los posibles habitantes de la galaxia con Germán Fernández Sánchez, doctor en física, divulgador científico y escritor.
¿Qué es un fósil viviente? Desde que Charles Darwin la acuñó en su libro El origen de las especies, la expresión ha arraigado en la imaginación popular. Un fósil viviente fascina porque sugiere que nos encontramos en presencia de un superviviente de tiempos remotos, un habitante del pasado trasladado a nuestra época. El celacanto, el ornitorrinco, el gingko, los tiburones, los escorpiones, las cucarachas… Todos ellos, y muchas otras especies y grupos se consideran fósiles vivientes. Pero, ¿qué queremos decir en realidad cuando decimos que un ser vivo es un fósil viviente?
Aunque los euriptéridos no son realmente escorpiones, algunos, como Terropterus, que vivió hace aproximadamente entre 440 millones de años, tenían una gran semejanza con ellos. Poseía una cola en forma de aguijón curvado, que podía proyectar hacia adelante por encima de la cabeza y el tercer par de apéndices recuerda a las pinzas de los escorpiones. Algunos podían salir a tierra firme, como demuestra un rastro fósil de seis metros de largo y 95 centímetros de ancho descubierto en 2005 en rocas del Carbonífero de Escocia. El tamaño y la anatomía de las patas que dejaron el rastro se corresponde con un ejemplar de 1,6 metros de longitud del euriptérido Hibbertopterus. Las patas, de distintos tamaños, se movían a la vez, y el animal reptaba despacio, con movimientos torpes, arrastrando la cola.
Una de las ventajas de ser niño es que, si a uno le gusta experimentar, no duda en hacerlo. Eso me sucedió a mí, a los 12 años, en la casa de mis padres. Yo estaba sentado al calor del brasero que ardía bajo la mesa-camilla cuando mi gato, Serafín, saltó hábilmente a mi regazo, como hacía siempre, y comenzó a ronronear. Yo había oído decir que los gatos siempre caen de pie y decidí aprovechar la ocasión para comprobarlo. Con caricias conseguí que se pusiera panza arriba, luego, con mucho cuidado, lo levanté sujetándolo por las patas delanteras y traseras con ambas manos, me puse de pie y lo solté desde lo alto. Fue una fracción de segundo lo que tardó en llegar al suelo pero, cuando lo hizo, se había dado la vuelta en el aire y aterrizó, seguro, sobre sus patas. Un físico eminente me comentó una vez que eso podría violar un principio fundamental de la física: La conservación del momento angular. Hoy demostramos que no, con la ayuda de Serafín, de una patinadora y de un ratón.
Contar los átomos de un cuerpo humano requiere un esfuerzo considerable porque estamos compuestos por átomos distintos, cada uno de los cuales contribuye con su propia masa atómica al peso corporal. Dado que cada persona tiene un peso diferente y por lo tanto distinto número de átomos, vamos a tomar como referencia a una persona concreta. Una vez obtenido ese valor, una simple operación matemática nos permitirá estimar cuántos átomos forman nuestros propios cuerpos. Desintegrar a una persona en sus átomos constituyentes puede resultar bastante doloroso, así que hemos escogido como referencia a una persona fallecida: el genio del pop, Michael Jackson. Para hacer el cálculo más ameno, ponemos algunas de sus canciones como fondo musical.
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