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Ciencia Fresca

La ciencia no deja de asombrarnos con nuevos descubrimientos insospechados. En el podcast Ciencia Fresca, Jorge Laborda Fernández y Ángel Rodríguez Lozano discuten con amenidad y, al mismo tiempo, con profundidad, las noticias científicas más interesantes de los últimos días en diversas áreas de la ciencia. Un podcast que habla de la ciencia más fresca con una buena dosis de frescura.

Perros, gatos y niños. Un fósil interestelar.

Perros, gatos, niños y visitantes interestelares - Ciencia Fresca podcast - Cienciaes.com

Perros, gatos y niños: ¿quién ayuda cuando nadie se lo pide?

Se suele decir que los perros tienen dueños, pero los gatos tienen empleados. También se dice que los perros son fieles, generosos y siempre dispuestos a ayudar, mientras que los gatos son independientes, interesados y, en ocasiones, algo fríos. Como todos los tópicos, estas ideas contienen una mezcla de observación cotidiana, exageración humorística y juicio moral indebido. Porque un gato no es un perro que ha salido mal, ni un perro es necesariamente un santo con cola. Son animales distintos, con historias evolutivas diferentes, y esas historias pueden haber moldeado su manera de relacionarse con nosotros.
En este episodio de Ciencia Fresca comentamos un estudio reciente publicado en Animal Behaviour por investigadores húngaros del grupo de etología comparada de la Universidad Eötvös Loránd, en Budapest. Los autores se hicieron una pregunta sencilla pero profunda: cuando una persona familiar tiene un problema, ¿ayudan espontáneamente perros, gatos y niños pequeños de la misma manera?
Para estudiarlo, compararon niños de 16 a 24 meses, perros de compañía no especialmente entrenados y gatos de compañía. El experimento se realizó en el hogar de los participantes. Un cuidador —el dueño o un progenitor— manipulaba una esponja junto con la experimentadora. Después, el cuidador se giraba y la experimentadora escondía la esponja en presencia del niño, perro o gato. El cuidador volvía entonces a buscarla, diciendo que no la encontraba, pero sin pedir ayuda directamente. La cuestión era observar si el sujeto indicaba espontáneamente dónde estaba el objeto, se acercaba a él, lo señalaba, lo manipulaba o incluso lo entregaba.
Los resultados fueron muy reveladores. Perros, gatos y niños prestaron atención de forma similar a la escena, de modo que los gatos no estaban simplemente distraídos o desconectados. Sin embargo, perros y niños mostraron más conductas compatibles con ayuda espontánea. Los gatos, en cambio, rara vez se acercaron a la esponja y solo en algunos casos indicaron su localización. Pero el experimento incluía una prueba decisiva: cuando se escondía comida o un juguete favorito, los gatos sí participaban de forma comparable a perros y niños. Es decir, podían atender, comprender y actuar; lo que parecía cambiar era la motivación.
La conclusión no es que los gatos sean “malos” ni que los perros sean moralmente superiores. La interpretación más interesante es evolutiva. Los perros proceden de un linaje social y cooperativo, y además la domesticación favoreció durante miles de años a los animales capaces de integrarse en la vida humana. Los gatos, por el contrario, surgieron de cazadores más solitarios que se acercaron a nuestros asentamientos porque allí había roedores. Su domesticación fue más laxa y no seleccionó del mismo modo la cooperación con los humanos.
Este estudio nos recuerda que la convivencia con nosotros no convierte a todos los animales domésticos en versiones peludas de los humanos. El perro parece especializado en compartir nuestros problemas. El gato, en cambio, conserva una autonomía que también forma parte de su encanto. Quizá por eso la confianza de un perro se recibe; la de un gato, muchas veces, se conquista.

Referencia:
M. Csepregi et al. (2026). Dogs’ behaviour is more similar to that of children than to that of cats in a prosocial problem situation/ Animal Behaviour 233 (2026) 123488

3I/ATLAS: un fósil interestelar

Durante siglos, los astrónomos sospecharon que el espacio entre las estrellas debía estar sembrado de fragmentos expulsados de otros sistemas planetarios. Cada vez que nacen planetas, las interacciones gravitatorias entre ellos lanzan innumerables cometas y asteroides al espacio interestelar. Sin embargo, hasta hace apenas unos años esa idea era solo una hipótesis. Todo cambió en 2017, cuando apareció el primer visitante interestelar confirmado: ʻOumuamua. Dos años después llegó 2I/Borisov, un auténtico cometa procedente de otra estrella. Y ahora, el tercer visitante, 3I/ATLAS, podría ser mucho más que otro objeto interestelar: quizá sea uno de los materiales planetarios más antiguos que jamás haya estudiado la humanidad.
¿Cómo sabemos que un objeto viene de fuera del Sistema Solar? La clave está en su órbita. Todos los cuerpos nacidos alrededor del Sol siguen trayectorias elípticas. Incluso los cometas más lejanos llegan desde la nube de Oort con una velocidad prácticamente nula respecto al Sol. En cambio, 3I/ATLAS llegó ya con una velocidad interestelar de unos 58 km/s, muy superior a la velocidad de escape del Sistema Solar. Su órbita hiperbólica demuestra que nunca estuvo ligado gravitacionalmente al Sol: es un viajero procedente del espacio entre las estrellas.
ʻOumuamua sorprendió por su extraña forma y por una pequeña aceleración que aún hoy sigue siendo objeto de debate. Borisov, en cambio, parecía un cometa completamente normal y mostró que la química básica de otros sistemas planetarios no es muy diferente de la nuestra. 3I/ATLAS añade ahora una nueva dimensión al estudio de estos visitantes: la posibilidad de reconstruir la historia química de la Vía Láctea.
Para ello los investigadores recurrieron al Telescopio Espacial James Webb y al radiotelescopio ALMA, capaces de analizar la luz emitida por los gases desprendidos del cometa. En esa luz aparecen las huellas de distintos isótopos, auténticos fósiles químicos que permiten reconstruir el lugar y las condiciones en las que se formó el objeto.
Uno de los resultados más sorprendentes fue la enorme abundancia de deuterio, el hidrógeno pesado. El deuterio se formó casi por completo durante los primeros minutos del universo y las estrellas no lo fabrican: lo destruyen. Cuando el agua se congela a temperaturas extremadamente bajas, inferiores a unos 30 kelvin (-243 °C), el deuterio queda incorporado al hielo con mayor facilidad que el hidrógeno normal. En 3I/ATLAS la proporción de deuterio es más de un orden de magnitud superior a la observada en los cometas conocidos, lo que indica que sus hielos se condensaron en un entorno extraordinariamente frío y apenas alterado desde entonces.
Pero el dato más llamativo procede del carbono. Las primeras generaciones de estrellas fabricaron principalmente carbono-12. El carbono-13 fue aumentando lentamente conforme nuevas generaciones estelares enriquecían la galaxia. Por ello, un objeto pobre en carbono-13 puede conservar la huella de una época en la que la Vía Láctea era mucho más joven. Las relaciones isotópicas medidas en 3I/ATLAS son muy superiores a las de cualquier cuerpo conocido del Sistema Solar y apuntan a un origen en una región antigua y relativamente pobre en elementos pesados. Los modelos de evolución química galáctica sugieren que el objeto pudo formarse hace hasta 12.000 millones de años, mucho antes del nacimiento del Sol.
Si estas conclusiones se confirman, 3I/ATLAS no será simplemente el tercer objeto interestelar descubierto. Será un auténtico fósil galáctico, un pequeño fragmento de un sistema planetario desaparecido que inició su viaje cuando la Vía Láctea apenas comenzaba a enriquecerse con los elementos fabricados por las primeras estrellas. Tras recorrer distancias inimaginables durante miles de millones de años, ese diminuto mensajero ha llegado precisamente ahora, permitiéndonos asomarnos a una época en la que ni la Tierra ni el Sol existían todavía.

Referencia:
Cordiner, M., Roth, NX, Micheli, M. et al. Evidencia isotópica de un origen frío y distante de 3I/ATLAS. Nature (2026). https://doi.org/10.1038/s41586-026-10771-6


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