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En Cierta Ciencia, de la mano de la genetista Josefina Cano nos acercamos, cada quince días, al trabajo de muchos investigadores que están poniendo todo su empeño en desenredar la madeja de esa complejidad que nos ha convertido en los únicos animales que pueden y deben manejar a la naturaleza para beneficio mutuo. Hablamos de historias de la biología.

La humildad vista por la ciencia

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La humildad, una de las características de la personalidad humana, puede haberse considerado atada a la idea de que se trata de una cualidad asociada a bajar la cabeza al dictado de la autoridad venida de cualquier fuente. Pero estudiada con una visión desprovista de prejuicios y ataduras ideológicas, aparece en todo su potencial, más bien como una herramienta muy útil para el fortalecimiento del intelecto y las relaciones sociales, tan necesarios para consolidar sociedades justas y respetuosas, un asunto que parece esfumarse si cada mañana vemos las noticias y una nube negra de desánimo nos rodea.

Un equipo de investigadores en el campo de la psicología hizo una revisión de los estudios realizados sobre este rasgo de la personalidad y lo definieron como “uno que se caracteriza por una habilidad para reconocer con precisión las propias limitaciones y habilidades y como una postura interpersonal que se orienta más hacia los otros a cambio de tener el foco en uno mismo”. Eso sería la humildad.

“La investigación de la humildad ha venido creciendo, y rápido. Este es un buen momento para poner al día a las personas y hacer preguntas importantes que guiarán investigaciones futuras”, dice Daryl Van Tongeren, autor líder del artículo de revisión que resume los estudios del equipo y de otros investigadores del área.

Sin embargo, en los tiempos que corren, el estudio de la humildad parece ir en contravía con lo que interesa saber y parecería ser más bien una apuesta salida de lugar. La palabra “humilde” para definir a una persona podría tomarse como una invitación al acoso y humillación por las redes sociales, a la invisibilidad profesional o a cosas peores.

La humildad es más bien un concepto recién llegado para la psicología social y personal, al menos como una característica que deba ser estudiada por su propia importancia. Llegó como parte del esfuerzo, al inicio de 1990, de construir una psicología “positiva”: un entendimiento más completo de otras cualidades como el amor propio, el perdonar, el tener agallas y una buena disposición para encarar el día a día. Ahora, la humildad ya ha conseguido su lugar en el grupo de rasgos de la personalidad que se estudian en muchas pruebas para evaluar a las personas.

En una serie de experimentos, Elizabeth Krumrei Mancuso, registró los resultados de medidas realizadas en voluntarios, destinados a evaluar lo que ella llamó la humildad intelectual —una medida de cuán conscientes eran las personas de la flaqueza de sus puntos de vista políticos y sociales. Esta clase de humildad no se relacionó para nada con la inteligencia, o con una afiliación política. Más bien estaba estrechamente ligada a la curiosidad, la reflexión y a una mente abierta.

En otro estudio que tiene andando Krumrei Mancuso, 587 adultos completan cuestionarios diseñados para medir también la humildad intelectual. Los participantes clasifican en categorías qué tanto están de acuerdo con algunos supuestos, como “Me siento disminuido cuando otros no están de acuerdo conmigo en asuntos que me importan muchísimo”, o “La mayoría de las veces los otros tienen que aprender de mí más que lo que yo tengo que aprender de ellos”. Aquellos que tuvieron los valores más altos en la prueba de humildad, también tuvieron los registros más bajos en mediciones de polarización ideológica y política, fueran conservadores o liberales.

Otros investigadores han encontrado que las personas con los registros más altos para la humildad son menos agresivas y enjuician menos a los miembros de grupos religiosos que los menos humildes, incluso cuando, y especialmente, sus propios puntos de vista han sido desafiados.

“Esta clase de hallazgos podrían explicar el hecho de que las personas con una humildad intelectual alta no son manipulables de manera fácil cuando se trata de sus puntos de vista. Los resultados también nos ayudan a entender cómo la humildad se puede asociar con el sentirse dueños de convicciones”, dice Krumrei Mancuso.

En el nuevo escrito de revisión, Van Tongeren y sus colegas proponen varias explicaciones sobre el por qué la humildad, sea intelectual o de otra naturaleza, es una faceta tan valiosa de la personalidad. Una disposición a la humildad podría ser crítica para llevar relaciones que requieren un compromiso. También puede nutrir la salud mental, proveyendo recursos para espantar los rencores, aguantar con paciencia las tonterías ajenas y perdonarse las propias.

Ahora que el estudio de la humildad está atrayendo tanta atención en la ciencia, dice Van Tongeren, se abre un abanico de preguntas, incluyendo la de si de alguna manera se la podría enseñar o incluso incluirla en la psicoterapia. “Una de las paradojas es que las personas que son más abiertas y tienen más ganas de cultivar la humildad son justo las que menos necesitan ayudas. Y, al contrario, quienes más las necesitan serán los más reticentes”.

Los terapeutas que tratan pacientes con desórdenes de la personalidad como borderline (el vocablo inglés para designar a quienes viven en el límite entre la psicosis y la normalidad) o el narcisismo, dispondrán de esa nueva herramienta.

Al día de hoy, no se sabe de alguien que haya explorado el lado oscuro de la humildad, aunque salta a la vista que un exceso podrá conducir a apartarse de la sociedad, a una reducción y pérdida de la autoestima o a una reticencia escondida. Y más en esta época de autopromoción tan exacerbada por las facilidades de internet. Resulta cada vez más complicado y difícil hacerse oír y notar si no se eleva el tono.

Por ahora, y gracias a las excavaciones recientes de la psicología, quizá sea suficiente saber que tenemos aún una buena reserva de compañía, al menos en lo que tiene que ver con el temperamento: un porcentaje razonable de adultos está cargado con una dosis bien alta de humildad.

La confianza en uno mismo es una cualidad grandiosa, pero la arrogancia es un asunto más bien letal, y entre las dos la línea es demasiado fina.

Como siempre, con todos los asuntos de la vida, lo mejor es buscar y tratar de encontrar el punto intermedio, valga esto para la comida, la bebida, la entrega, y cómo no, resultado de todo ello, la felicidad.

La realidad vivida a diario tiende a llevarnos en contravía, más si la intolerancia y el rechazo a los que no piensan como nosotros se riega como pólvora y se lleva por delante a poblaciones enteras. El desánimo es grande, claro, pero también son enormes las armas que nos pueden ayudar a combatirlo. Ellas vienen de la ciencia, la maestra del buen hacer.

Referencia:

Humility. Van Tongeren Dary R., et al. Current Direction in Psychological Science 2019

Más información en el Blog Cierta Ciencia

Obras de Josefina Cano:

Viaje al centro del cerebro. Historias para jóvenes de todas las edades (Amazon)

En Colombia en la Librería Panamericana y en Bogotá en la Librería Nacional

Viaje al centro del cerebro. Historias para jóvenes de todas las edades. (Planeta)


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