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En Cierta Ciencia, de la mano de la genetista Josefina Cano nos acercamos, cada quince días, al trabajo de muchos investigadores que están poniendo todo su empeño en desenredar la madeja de esa complejidad que nos ha convertido en los únicos animales que pueden y deben manejar a la naturaleza para beneficio mutuo. Hablamos de historias de la biología.

Sesgo de género. La brillantez se asocia a lo masculino.

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Es una historia conocida y que ha sido estudiada desde diversos ángulos, aunque sigue estando presente y sin muchas perspectivas claras de solución: la balanza inclinada siempre a considerar a los hombres más brillantes que las mujeres. Puede ser desde una idea vaga de la que no se hable de forma explícita a un preconcepto que acarrea serias diferencias en el trato dado y recibido y en los sistemas de educación, dirigidos a aumentar ese sesgo de género.

En un nuevo estudio que mide las percepciones de género en una muestra amplia a nivel mundial, las conclusiones demuestran que la visión estereotipada de los hombres como más brillantes son un ejemplo claro de que existe un sesgo implícito, que encierra una asociación automática que además las personas no pueden, o en apariencia no lo hacen, sostener cuando son preguntadas de manera directa.

El estudio fue realizado por científicos de las Universidades de Denver, Harvard y de Nueva York.

“Los estereotipos que definen el ser brillante de forma directa como un rasgo inherente a lo masculino, con mucha probabilidad apartan a las mujeres de carreras importantes y en un amplio rango”, observa Daniel Storage, profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de Denver y autor principal del artículo resultado de la investigación.

“Entender la prevalencia y la magnitud de ese estereotipo género-brillantez puede delinear esfuerzos futuros encaminados a facilitar una equidad de género en logros académicos”, añade Andrei Cimpian, profesor asociado de la NYU.

Trabajos previos de Cimpian y sus colaboradores sostienen que las mujeres están claramente en minoría en carreras donde el éxito se percibe como dependiente de niveles altos de habilidad intelectual (ser brillante, genial), incluyendo claro todas las que son en ciencia y tecnología.

Menos entendidos son los factores que explican este fenómeno. Para dilucidarlos el estudio explora el impacto potencial de los estereotipos. O bien las cualidades de brillantez y genialidad se asocian en la cabeza de las personas más con hombres que con mujeres, y como resultado ellas no son impulsadas a meterse en ciertos campos, o la atmósfera de esos campos ya de por sí no les da la bienvenida a las mujeres, no las acoge y las alienta como lo hace con los hombres.

Sin embargo, las medidas precisas de los estereotipos son un gran desafío. Las personas se rehúsan a admitir que tienen estereotipos, así, preguntarles de forma directa sobre si los tienen con toda seguridad no servirá como un reflejo real de si piensan o no que un intelecto robusto está asociado con una frecuencia mayor a la condición masculina que a la femenina.

Como una forma de sortear esos obstáculos metodológicos, los investigadores hicieron uso de una prueba que está diseñada para medir los estereotipos de una manera indirecta. El objetivo se vuelca a capturar los sesgos implícitos que llevan a asociar de manera automática un rasgo de la personalidad con un grupo específico. Mejor dicho, brillantez-masculino. A diferencia de los estereotipos explícitos que se reconocen y se verbalizan, los implícitos se esconden de forma consciente o inconsciente.

El equipo empleó una herramienta establecida, la Prueba de Asociación Implícita, que mide el grado de sobre-posición entre conceptos (brillantez y masculino), sin preguntar de forma directa a los individuos si ellos tenían o no visiones sesgadas.

La prueba es en esencia una de escogencia rápida. En el estudio los participantes fueron expuestos a una serie de estímulos visuales en forma de una figura femenina, o la palabra brillante, en una pantalla de computador. Se les pidió que separaran en dos categorías lo que veían. Por ejemplo, en algunos ensayos se les pidió a los individuos que presionaran la letra E si veían un estímulo que estuviera relacionado o bien con la categoría masculino o el rasgo brillante. En otros ensayos, las reglas de selección fueron diferentes. En ellos, se invirtieron los estímulos a femenino, brillante.

La lógica de la prueba, explican los autores es como sigue: si brillante se asocia más con hombres que con mujeres en la cabeza de los participantes, ellos juntarán más rápido brillante con masculino pues el estímulo visual hace aflorar el estereotipo que hace que los dos conceptos están “mejor juntos”, que su contraparte femenino-brillante.

En una serie de cinco estudios, que incluyeron mujeres y hombres, niñas y niños (entre 9 y 10 años), tanto en Estados Unidos como en 78 países, los investigadores encontraron de manera consistente, evidencia de un estereotipo implícito que asocia la brillantez más con los hombres que con las mujeres. La magnitud de este estereotipo fue también muy acentuada, similar en fuerza al estereotipo implícito que asocia más a los hombres que a las mujeres con carreras universitarias, y a las mujeres más que a los hombres con la familia y sus tareas.

Aunque pensará usted, vaya novedad, recuerde sin embargo que esto revela lo que ni siquiera se habla, lo que está escrito en la mente de las personas probablemente desde siempre por el sometimiento económico y cultural al género femenino en todos los campos, menos, ah eso sí, el otro estereotipo de su belleza para recrear al ojo masculino. Un problema de milenios que al igual que el racismo, la xenofobia, tendrán que, al menos, ser reconocidos para empezar a subsanarlos.

El equipo también midió los estereotipos explícitos, preguntándoles a los participantes de forma directa si ellos pensaban que los hombres eran más brillantes que las mujeres. En un contraste marcado con los resultados de las medidas del estereotipo implícito, los sujetos respondieron estar en total desacuerdo con esa idea, y en otro estudio, este de forma explícita, la calidad de ser “súper inteligente” se asoció más con mujeres que con hombres. El hallazgo es consistente con la idea de los estudiosos del tema, de que las personas no son dadas a admitir sus pensamientos sesgados, reforzando la importancia de medir esas percepciones con medios más sutiles.

Tessa Charlesorth, estudiante de doctorado en Harvard, señala que “un hallazgo de interés particular es que así las personas digan que asocian a las mujeres con mayor inteligencia y brillantez, pero a la hora de ser medidas de forma implícita se revela una historia diferente: los estereotipos automáticos de género saltan a la vista”.

Por eso pensamos que todas esas medidas para eliminar las distancias de género en oportunidades de acceso a carreras en ciencia y tecnología y sus consecuentes aperturas a mejores trabajos en el futuro (por hablar solo de eso), son paños calientes. Si no se trabaja en la esencia del problema, educación, educación y educación desde la infancia, nos quedaremos solo en el campo de mantener los estereotipos.

Referencia:

Storagea D., et al. Adults and children implicitly associate brilliance with men more than women. Journal of Experimental Social Psychology, 2020

Obras de Josefina Cano:

Viaje al centro del cerebro. Historias para jóvenes de todas las edades (Amazon)

En Colombia en la Librería Panamericana y en Bogotá en la Librería Nacional

Viaje al centro del cerebro. Historias para jóvenes de todas las edades. (Planeta)


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