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Cierta Ciencia

En Cierta Ciencia, de la mano de la genetista Josefina Cano nos acercamos, cada quince días, al trabajo de muchos investigadores que están poniendo todo su empeño en desenredar la madeja de esa complejidad que nos ha convertido en los únicos animales que pueden y deben manejar a la naturaleza para beneficio mutuo. Hablamos de historias de la biología.

Plasticidad cerebral

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El que es uno de los grandes descubrimientos de la ciencia moderna, la plasticidad del cerebro, su capacidad para adaptarse de una manera dinámica a los desafíos del entorno, tendría implícita una idea no precisa. A diferencia del plástico que se moldea y retiene una forma particular, la estructura física del cerebro es un flujo continuo. Pero como lo que interesa es entender sus infinitos beneficios, el término, de uso extendido, no tiene mayor importancia.

El neurocientífico David Eagleman dedica buena parte de su tiempo a puntualizar la importancia de entender el significado de esa característica prodigiosa del cerebro y a esclarecer sus puntos de vista sobre las analogías cerebro-computador. Se ocupa también del diseño de herramientas que, usando el tejido de la piel, puedan recoger información de ella y enviarla al cerebro para que las personas puedan “ver” y “oír” por la piel, cuando han sufrido algún daño.

“No existe duda alguna de que usted es su cerebro. Cada cosa que le pase en la vida —su historia, lo que es, cómo se ve— está almacenado en su cerebro, empieza diciendo Eagleman en lo que es una entrevista y que nosotros presentamos en resumen y sin preguntas. Omitimos las comillas.

Todo el tiempo el cerebro se está re-cableando. Con los casi 90 mil millones de neuronas y las entre 100 y 500 trillones de conexiones entre ellas, es un océano inmenso de movimientos y cambios, que acaba haciendo que no seamos la misma persona de hace un año, o que tengamos cambios leves de una semana a otra.

Y los pequeños cambios, entrada de información al cerebro, pueden pasar sin más o inducir nuevos cableados. Así se alimentan la memoria y el aprendizaje.

Ahora mismo, con la pandemia, las personas sufren cambios, y pasan de situaciones de certeza a otras de fragilidad. Un ejercicio pleno y continuo de la plasticidad de nuestros cerebros: desafíos, novedades, algo muy importante.

Dentro del cerebro y entre diferentes tipos de neuronas se está librando una batalla sobre quienes asumen el control de diversas partes del cerebro.

Es una competencia en todos los niveles, llegando al de una sola neurona. Si se camina por un bosque, se ve sereno y hermoso. Pero no, todos los árboles y arbustos están compitiendo por la luz del sol, así algunos arbustos crecen poco pero expanden su follaje para capturar la mayor cantidad de luz solar, mientras que otros emplean toda su energía en crecer hacia lo alto y sacar provecho. Exactamente eso es lo que está pasando con las neuronas. Cuando una neurona envía señales a la siguiente inicia una neurotransmisión que se lanza a competir, a ganarle terreno a otras.

Lo alucinante del cerebro es que a él no le importa de dónde vienen los datos, porque todo dentro del cerebro está formado por destellos electroquímicos pequeños. Cada neurona en la cabeza está “explotando” cada 10 o 100 veces por segundo. El cerebro no sabe si los datos vienen de fotones o de ondas recogidas por los oídos o de moléculas que han llegado a la nariz y la boca. Él solo se ocupa de cómo establecer círculos de retro alimentación para enviar órdenes a los músculos que cambian el input en formas particulares.

Y los sueños son un fantástico recurso para proteger nuestra imaginería visual. Si no soñamos corremos el peligro de no ver. Eso suena alocado ahora que tenemos luz eléctrica. Durante la larguísima noche evolutiva solo había oscuridad. El tacto y el oído estaban bien así, pero la visión sufría. Por eso tal vez, el tiempo dedicado a dormir y con ello a soñar, iluminó el desarrollo y el robustecimiento de la corteza visual.

Y en la escala evolutiva de los primates, los estudios indican que quienes dedican mayor tiempo a dormir y en consecuencia a soñar, gozan de una mayor plasticidad cerebral. Y la mayor plasticidad requiere mayores tiempos en la fase REM. Por eso los bebés humanos, que están en los momentos más activos y ejerciendo la plasticidad en pleno, se pasan buen tiempo en la fase REM, protegiendo la corteza visual.

Bueno. Y qué decir de las historias de personas que han perdido la mitad del cerebro, bien sea porque nacieron sin él o porque fue removido por cirugía, y llevan vidas normales. ¿Cómo es eso posible?

Siempre y cuando la remoción de un hemisferio se dé temprano, antes de los 7 años, los niños estarán bien. En general, salvo algunos pequeños problemas, a nivel cognitivo están bien. Esto significa que, perdida la mitad del terreno, el sistema se las arregla para funcionar como si no hubiese tal pérdida. Re-cableando y supliendo las deficiencias.

Es posible pensar, y de hecho se está haciendo, que la pérdida de un sentido se pueda sustituir por un sistema diseñado. Se ha construido un chaleco que está cubierto de motores vibratorios, que emiten señales similares a las producidas por un teléfono celular. El chaleco captura sonidos y los convierte en patrones de vibración. Los motores van de frecuencias bajas a altas, que es la misma forma como está organizado el oído interno; lo que se hace es trasladar el oído interno a la piel del torso. Como resultado, personas sordas pueden entender lo que pasa en el mundo sonoro pues la información les llega por su piel.

Además la piel y toda su extensión no se usa para mayor cosa, pero es un material que tiene una capacidad asombrosa de computación, muy útil para pasar información a través de ella.

Es un hecho, nuestro cerebro nunca deja ni dejará de sorprendernos”.

David Eagleman, autor de libros de divulgación sobre el cerebro, dirige el Center for Science and Law, un instituto que a nivel nacional trabaja sin ánimo de lucro y es profesor adjunto en la Universidad de Stanford.

Más información en el Blog de Josefina Cano Cierta Ciencia

Obras de Josefina Cano:

Viaje al centro del cerebro. Historias para jóvenes de todas las edades (Amazon)

En Colombia en la Librería Panamericana y en Bogotá en la Librería Nacional

Viaje al centro del cerebro. Historias para jóvenes de todas las edades. (Planeta)


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