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En Cierta Ciencia, de la mano de la genetista Josefina Cano nos acercamos, cada quince días, al trabajo de muchos investigadores que están poniendo todo su empeño en desenredar la madeja de esa complejidad que nos ha convertido en los únicos animales que pueden y deben manejar a la naturaleza para beneficio mutuo. Hablamos de historias de la biología.

El cerebro humano, ni masculino ni femenino.

Cerebro de hombre versus mujer - Cierta Ciencia podcast - Cienciaes.com

Un nuevo estudio masivo revela que existen pocas diferencias entre los cerebros de hombres y mujeres; además ellas son debidas al tamaño del cerebro, no al sexo o al género. Una vez se considera el tamaño de la cabeza, las diferencias son inconsistentes y muy pequeñas.

¿Qué tan diferentes son los cerebros de hombres y mujeres? La pregunta se ha hecho durante años, con respuestas que siempre habían sesgado la historia, afirmando que por supuesto lo son y mucho, con la idea de que las desigualdades entre los sexos residían en un cerebro masculino mayor y mejor equipado.
Un nuevo estudio liderado por la neurocientífica Lise Eliot de la Rosalind Franklin University es el primero en resumir una investigación de rangos tan amplios en un único mega análisis. Y la respuesta es: las diferencias son nada.

“Los cerebros de hombres y mujeres se diferencian ligeramente, aunque el hallazgo clave es que esas distinciones son debidas al tamaño cerebral, no al sexo o al género. Las diferencias cerebrales por sexo son pequeñas e inconsistentes una vez se considera el tamaño de la cabeza”, dice Eliot.
El estudio, enorme y más que robusto, encuentra que el tamaño es la única diferencia clara entre los cerebros masculinos y femeninos.

Los cerebros de las mujeres son casi un 11% más pequeños que los de los hombres, en relación al tamaño del cuerpo. Los cerebros más pequeños anidan ciertos rasgos como una cantidad levemente mayor de materia gris que blanca y una proporción mayor de conexiones dentro, y no entre los hemisferios cerebrales.
“Esto significa que las diferencias entre cabezas masculinas grandes y pequeñas son tan grandes como las diferencias cerebrales entre hombres y mujeres. Y, muy importante, ninguna de esas diferencias debidas al tamaño da cuenta de cualidades del comportamiento, tan familiares ya, entre hombres y mujeres, como la empatía y las habilidades espaciales “, señala Eliot.

Las mujeres, fáciles estableciendo relaciones, conversando, chismoseando y nulas a la hora de leer un mapa, situarse en un plano y ya no se diga en acceder a las matemáticas.

La historia nos ilustra con algunos ejemplos de ese estereotipo.

El psicólogo social Gustavo le Bon, basándose en estudios con su inseparable cefalómetro – medidor de cráneos, ya en desuso –, declaró en 1895 que las mujeres “representan la forma más atrasada, inferior, de la evolución humana”. Más de un siglo después, en 2017 James Damore, ingeniero de Google resaltaba la incompetencia de las mujeres en las tareas de tecnología y liderazgo. En años intermedios y venida de diversas figuras de la ciencia, la idea de la intrínseca incapacidad femenina para ocuparse de la ciencia expresada por algunos de ellos, llegó a un punto culminante y cómo no, patético, cuando James Watson, sí, el del ADN, declaró que había encontrado las razones para que hubiera pocas mujeres en la ciencia: lloran. “No se les puede exigir niveles iguales a sus colegas masculinos porque en los momentos altos de exigencia se quiebran y lloran”.

“Desde el albor de la resonancia magnética, los estudios que han encontrado diferencias significativas entre los sexos han recibido enorme atención entre los científicos y los medios. Los investigadores han venido acumulando cantidades masivas de datos comparando cerebros de hombres y mujeres pero solo se han resaltado las diferencias”, puntualiza Eliot.

El trabajo de ella y su equipo consistió en el análisis de cientos de los estudios de las imágenes cerebrales más citados, durante tres décadas. Se centraron en trece medidas que alegaban demostrar las diferencias.
Para casi todas las medidas, no pudieron encontrar diferencias que se reprodujeran, aún en aquellos con miles de participantes. Sucedió por ejemplo, con el volumen o la dureza de regiones específicas de la corteza cerebral.

“El puñado de características que sí difieren son pequeñas en magnitud. El volumen de la amígdala, importante en el comportamiento social y emocional, es tan solo un 1% mayor en hombres”, dice Eliot.
El estudio refuta también la idea generalizada de que el cerebro de los hombres es más lateralizado, cada hemisferio actúa de manera independiente, en tanto que los hemisferios de las mujeres están más conectados y actúan en sincronía. En reallidad sucede en menos del 1% de la población.

Sí, el tamaño promedio del cerebro de los hombres es un 11% mayor que el de las mujeres, pero a diferencia de algunos pájaros donde los machos se valen de sus cantos para reproducirse y lo hacen con un núcleo sonoro que es 6 veces más grande que el de las pajaritas –no es el caso de los machos humanos–. no existen áreas específicas que sean desproporcionadamente más grandes en hombres o mujeres. El tamaño del cerebro es proporcional al tamaño del cuerpo, y las diferencias entre los sexos son de hecho menos notorias que las del corazón, pulmones o riñones, entre unos 17% a 25% más grandes en los hombres.

Con los estudios de resonancia magnética funcional los resultados son aún más reveladores. Como se basan en el análisis de zonas que se encienden o se apagan de acuerdo a las actividades realizadas, las mediciones no siempre se corresponden con patrones reales. Fue notoria la cantidad de falsos descubrimientos que se les revelaron.
“Las comparaciones de sexo son muy fáciles de hacer una vez el experimento se ha finalizado. Si se encuentra algo, da para otra publicación. Si no, se ignora. El sesgo en las publicaciones es común cuando de encontrar diferencias entre los sexos se trata”.

“El supuesto de las diferencias entre los sexos es atractiva, pero la falsa impresión de que existe esa cosa del “cerebro masculino” y el “cerebro femenino”, ha tenido un gran impacto en cómo tratamos a niñas y niños, hombres y mujeres”.

Las consecuencias son más bien graves para la sociedad pues la idea se niega a morir y mantiene a las mujeres en condiciones de sometimiento, todo envuelto en supuestos científicos.

Una ilustrativa forma de entender las sutiles diferencias, que las hay claro entre hombres y mujeres, sea pensarlas como dos programas que se corren con el mismo hardware.

“La verdad es que no existen rasgos universales, específicos, que difieran entre los sexos. Más bien, el cerebro es como los otros órganos, el corazón y los riñones, que son tan similares que hacen posible que los trasplantes entre hombres y mujeres sean tan exitosos”.

Además, la no existencia de un cerebro binario se refuerza con el número cada vez mayor de personas que se identifican como pertenecientes al amplio abanico de géneros que se alejan del binomio masculino-femenino. Que no se hubieran hecho notar antes en la sociedad, no significa que no hayan sido parte esencial de la condición humana.

La falacia de un cerebro dividido, masculino o femenino, uno u otro, es el resultado de la idea sesgada, binaria, del género.

Uno producto distorsionado de una cultura manipuladora, mas bien.

Referencia:
“Dump the “dimorphism”: Comprehensive synthesis of human brain studies reveals few male-female differences beyond size” by Lise Eliot et al. Neuroscience and Biobehavioral Reviews. 2021.

Más información en el Blog de Josefina Cano Cierta Ciencia

Obras de Josefina Cano:

Viaje al centro del cerebro. Historias para jóvenes de todas las edades (Amazon)

En Colombia en la Librería Panamericana y en Bogotá en la Librería Nacional

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