suscripción
El conocimiento científico crece gracias a la labor de miles de personas que se esfuerzan, hasta el agotamiento, por encontrar respuestas a los enigmas que plantea la Naturaleza. En cada programa un científico conversa con Ángel Rodríguez Lozano y abre para nosotros las puertas de un campo del conocimiento.
Hace entre 420.000 y 240.000 años grupos humanos preneandertales protagonizaron una de las escenas mejor documentadas de caza comunal del Pleistoceno europeo. El escenario fue la Gran Dolina, uno de los yacimientos más emblemáticos del complejo arqueológico de Atapuerca, y los protagonistas, grandes rebaños de bisontes procesados de forma intensiva por humanos. El estudio reciente liderado por Guillermo Rodríguez Gómez, investigador del departamento de Geodinámica, Estratigrafía y Paleontología de la Universidad Complutense de Madrid y nuestro invitado en Hablando con Científicos, aporta una visión sorprendentemente moderna: aquella explotación de recursos pudo ser ecológicamente sostenible. La investigación ha sido publicada en la revista Scientific Reports.
La Sierra de Atapuerca es un sistema kárstico formado por la disolución de la roca caliza durante cientos de miles de años. En sus cuevas y galerías se fue acumulando un registro sedimentario continuo que recoge más de un millón de años de presencia humana. Gran Dolina es uno de sus yacimientos más emblemáticos y ha aportado algunos de los hallazgos más relevantes de la paleoantropología europea, como los restos de Homo antecessor o evidencias tempranas de canibalismo. Sin embargo, como recordaba Rodríguez Gómez en la entrevista, “no todo son fósiles humanos; el estudio de los animales también nos habla mucho de cómo vivían aquellas poblaciones”.
En los niveles superiores del yacimiento, especialmente en el estrato conocido como TD10.2, los arqueólogos encontraron algo extraordinario: más del 90 % de los restos faunísticos pertenecen a bisontes. En algunas capas la concentración es casi absoluta, lo que llevó al equipo a plantear que no se trataba de una acumulación natural ni del trabajo de grandes carnívoros, sino de auténticas cazas comunales organizadas por humanos.
Las pruebas son contundentes. “Todos los huesos están intensamente aprovechados y presentan marcas de corte; además, aparece abundante industria lítica asociada al despiece”, explica el investigador. En contraste, las huellas de mordeduras de carnívoros o la presencia de restos de estos animales son mínimas, descartando que actuaran como principales responsables de la acumulación.
A partir del estudio de piezas repetidas —por ejemplo, contando cuántos huesos derechos aparecen de un mismo elemento—, se ha calculado un número mínimo de 60 bisontes distintos en este nivel. Los análisis dentales permitieron determinar la edad de los animales y extraer un perfil de mortalidad muy revelador: más del 60 % eran crías o juveniles, y el porcentaje disminuye progresivamente hacia las edades adultas. Este patrón, denominado “perfil de mortalidad catastrófico”, refleja la estructura natural de un rebaño vivo: muchos jóvenes y menos adultos. Según Rodríguez Gómez, “no es una caza selectiva de animales débiles, sino el abatimiento indiscriminado de grupos completos”.
También se estimó el peso de los animales. Los bisontes adultos cazados rondaban los 420 kilos, sensiblemente menos que en otros yacimientos cercanos donde superan los 700. Esto sugiere que los grupos humanos pudieron actuar sobre rebaños de hembras con crías, uno de los tipos habituales de agrupamiento natural de esta especie.
¿Cómo podían pequeños grupos humanos —de unas 30 personas, según las estimaciones para la época— abatir animales tan grandes y numerosos? Aunque no se han recuperado armas incrustadas en huesos de este episodio concreto, el equipo plantea técnicas de conducción, acorralamiento o despeñamiento, comunes en la caza comunal documentada en tiempos históricos. “Asustar a los animales para llevarlos hacia una zona de pendiente o un barranco sería una de las formas más eficaces de provocar una muerte simultánea de muchos individuos”, comenta Guillermo Rodríguez Gómez en el pódcast.
El resultado de estas cacerías era una cantidad inmensa de carne. Aquí surge una cuestión clave: los humanos tienen límites metabólicos para consumir grandes cantidades de proteína. Si una dieta se basa casi exclusivamente en carne magra puede producirse la llamada “inanición del conejo”, potencialmente fatal. Para evitarlo, los grupos debían complementar su dieta con grasas animales —del tuétano, el cerebro o la lengua— y también con alimentos vegetales grasos disponibles en el entorno. Aun así, la magnitud del aporte energético resulta desproporcionada para grupos tan pequeños, lo que refuerza la idea de que estos eventos no eran cotidianos, sino puntuales, probablemente una o dos veces al año en momentos concretos de concentración estacional de bisontes.
Y aquí aparece el concepto más llamativo del estudio: la sostenibilidad ecológica. Para comprobar si esta intensa explotación podía haber llevado al colapso de las poblaciones de bisontes, el equipo aplicó tablas de vida, herramientas clásicas de la biología de poblaciones. Introduciendo el perfil de mortalidad observado y datos de fertilidad extraídos de bisontes actuales, el resultado fue sorprendente: la población habría podido crecer alrededor de un 10 % anual incluso manteniendo este tipo de caza.
“Con este patrón de mortalidad, la explotación sería sostenible por sí misma: no llevaría al colapso de los rebaños”, explica Guillermo. Es decir, siempre que solo se abatiera una fracción de grupos potencialmente muy numerosos —algunos rebaños podían alcanzar cientos de individuos— la población se recuperaría sin dificultad.
La comparación con otros yacimientos europeos y americanos confirmó además que el perfil de Gran Dolina se asemeja al de enclaves donde está claramente documentado el procesamiento humano directo de bisontes. Sin embargo, la amplitud de edades representadas hace que el caso de Atapuerca sea especialmente completo y excepcional.
Tal como se subrayaba en Hablando con Científicos, estos resultados cambian la visión que a menudo se tiene de los humanos prehistóricos como simples depredadores sin planificación. Todo indica que estos grupos conocían bien el comportamiento de sus presas, actuaban en momentos estratégicos del año y mantenían una relación relativamente equilibrada con el ecosistema.
La estrecha franja sedimentaria que se observa hoy en la pared de la Gran Dolina —apenas unos veinte centímetros repletos de huesos de bisonte— es, en realidad, la huella de una compleja interacción entre humanos y naturaleza ocurrida hace cientos de miles de años. Una historia donde cooperación, conocimiento ecológico y uso responsable de los recursos ya estaban presentes mucho antes de que existiera siquiera la palabra “sostenibilidad”.
Os invitamos a escuchar a Guillermo Rodríguez Gómez, investigador del departamento de Geodinámica, Estratigrafía y Paleontología de la Universidad Complutense de Madrid, afiliado al Grupo de investigación del Centro Mixto de Evolución y Comportamiento Humano.
Referencia:
Rodríguez-Gómez, G., Rodríguez-Hidalgo, A., Saladié, P. et al. Explotación humana ecológicamente sostenible del bisonte Gran Dolina TD10.2 Scientific Reports 15 , 23178 (2025). https://doi.org/10.1038/s41598-025-01928-w
![]()
Apoya a CienciaEs haciéndote MECENAS con una donación periódica o puntual.

40,8 millones de audios servidos desde 2009
Agradecemos la donación de:
Eulogio Agulla Rodiño
Luis Felipe Alburquerque
“Me encanta Hablando Con Científicos. Felicidades!!”
Angel Quelle Russo
“Vuestra labor de divulgación de la ciencia y en particular del apoyo a los científicos españoles me parece muy necesario e importante. Enhorabuena.”
Angel Rodríguez Díaz
“Seguid así”
Anónimo
Mauro Mas Pujo
Maria Tuixen Benet
“Nos encanta Hablando con Científicos y el Zoo de Fósiles. Gracias.”
Daniel Dominguez Morales
“Muchas gracias por su dedicación.”
Anónimo
Jorge Andres-Martin
Daniel Cesar Roman
“Mecenas”
José Manuel Illescas Villa
“Gracias por vuestra gran labor”
Ulrich Menzefrike
“Donación porque me gustan sus podcasts”
Francisco Ramos
Emilio Rubio Rigo
Vicente Manuel CerezaClemente
“Linfocito Tcd8”
Enrique González González
“Gracias por vuestro trabajo.”
Andreu Salva Pages
Emilio Pérez Mayuet
“Muchas gracias por vuestro trabajo”
Daniel Navarro Pons
“Por estos programas tan intersantes”
Luis Sánchez Marín
Jesús Royo Arpón
“Soy de letras, sigo reciclándome”