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Ciencia EXtrema

Desde la atalaya tranquila de nuestro planeta templado y acogedor, José María Campos Cánovas y Daniel Iván Reyes nos invitan a un viaje fascinante. En su compañía observaremos los fenómenos más extraordinarios del Cosmos: visitaremos las estrellas más masivas, los cuerpos más veloces, los lugares más fríos o calientes y los mundos más extraordinarios y diminutos. Ante nuestros frágiles ojos se abre un Universo que bate todos los récords.

Las semillas de Svalbard.

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Suele decirse que la inteligencia no consiste en conocer las respuestas sino en plantear las preguntas correctas. Como es sabido, una buena pregunta suele ser el punto de partida para la investigación, proceso que suele requerir creativas formas de desentrañar los misterios de la naturaleza que nos rodea.
En la antigüedad solía creerse que la Tierra era plana y no fue hasta el siglo VI A.C. que filósofos griegos comenzaron a especular que quizá era redonda. Tres siglos más tarde, la astronomía griega establecería el paradigma que tardaría 18 siglos en comprobarse a través de la circunnavegación del mundo en 1519 a cargo de Magallanes.

No obstante, apenas se estableció el paradigma de la esfericidad de la Tierra y ya había alguien pensando en un método para calcular su radio. Su nombre: Eratóstenes. Un griego, con no más conocimientos matemáticos que los de un estudiante actual de noveno grado, que supo aplicar sus conocimientos de trigonometría para calcular el radio de la Tierra observando unas sombras, calculando algunos ángulos y ciertas distancias. Es, pues, la inventiva un factor determinante para el diseño de experimentos que nos permitan desentrañar misterios, incluso, a menudo, los investigadores se ven en la necesidad de inventar sus propios aparatos para realizar los experimentos que requieren.
Desde la antigüedad se soñaba con viajar a la Luna pero no se había encontrado la forma de alcanzar el objetivo. Todas las materias para lograrlo estaban ya dentro de este planeta. No es que no fuera posible, solo que aún no se sabía cómo lograrlo.

La literatura de siglos pasados está llena de ejemplos con propuestas para llegar a la Luna, con casos que iban desde personas atadas a aves, hasta el cañón de Julio Verne que pretendía enviar tres hombres a la Luna en el interior de una bala gigante.

Pero esta creatividad no es exclusiva de la mente humana, la naturaleza suele valerse de ingeniosos mecanismos de supervivencia, reproducción y diseminación que suelen estar frente a nuestros ojos pero que pocas veces los observamos. Sólo necesitamos prestar más atención a lo que vemos, por ejemplo, ¿no le parece extraño que muchas de las semillas estén envueltas en empaques coloridos, jugosos, dulces y suculentos? Hablo de las frutas, ¿qué pretende un árbol al envolver las semillas de esa forma en un alimento tan atractivo?
Todos los seres vivos necesitan reproducirse, incluso los vegetales, también ellos buscan perpetuar su especie. Algunas producen puntiagudas espinas para evitar que los animales herbívoros las coman, pero, curiosamente, a otras les gusta llamar la atención de ciertos animales.

Sabemos que las plantas están limitadas en su habilidad de buscar un lugar con las condiciones favorables para la vida y el crecimiento, pues no pueden desplazarse. Por consiguiente, buscan propagarse y aumentar la población a través de sus semillas. Entonces, ¿qué pretende un árbol al envolver sus semillas de esta forma en un fruto tan irresistible? La respuesta es obvia, quieren que otros seres vivos se las coman, ellos no pueden esparcir sus semillas, pero un animal sí. Las frutas son como una carnada para atraer a quien debe comer la semilla y llevarla a otro sitio, lejos del árbol que la produjo para esparcirla. Al fin y al cabo, la semilla cuenta con una protección que impide ser digerida, así que será expulsada lejos del árbol, cuando el animal defeque.

Pero ¿qué es una semilla? Es una estructura que en su interior contiene el embrión de una planta, una cápsula que contiene la vida de una planta, dejándola en un estado latente, permitiendo suspender el crecimiento si las condiciones no son favorables, o bien, para darle el tiempo necesario para su dispersión.

Las ardillas comen bellotas, y las que le sobran, las entierran para comerlas posteriormente. Si la ardilla muere, u olvida el lugar, las semillas tendrán tiempo de germinar y un descendiente del encino continuará en este lugar. El tapir, el jardinero del Amazonas, llega a basar su dieta hasta en un 50% exclusivamente en frutas, lo que lo convierte en grandes diseminadores de semillas. De esta manera, desempeñan el vital proceso de moldear y mantener la estructura del bosque que forma su hábitat. Todo porque las semillas vienen envueltas en un atractivo empaque lleno de nutrientes, color y sabor.

Ahora bien, las especies tienen diferentes formas de sobrevivir y diseminarse. Es precisamente observando estos mecanismos como se ha aprendido a manipularlas para nuestro beneficio. Este es el caso de los bancos de semillas, que salvaguardan la diversidad de plantas para el cultivo alimentario en el futuro.

Hoy, comenzaremos con el Banco Mundial de Semillas, ubicado en el interior de una montaña de una isla remota del archipiélago de Svalbard, a medio camino entre la punta más septentrional de Noruega y el Polo Norte. Ahí se encuentra un banco de semillas conocido como la Bóveda Global de semillas de Svalbard, también conocida como la Bóveda del Fin del Mundo. Es un refugio de enormes dimensiones, construido a prueba de terremotos y bombas nucleares, donde se almacenan en la actualidad más de 250.000 muestras de semillas pertenecientes a 4.000 especies. Una cantidad en continuo aumento porque el refugio tiene capacidad para 4,5 millones de muestras. Todo ello con el fin de preservar la riqueza genética vegetal para el futuro. Y, aunque existen alrededor de 1.700 bancos de semillas en todo el mundo, la Bóveda del Fin del Mundo, intenta tener una copia de esas semillas, para salvaguardarlas en caso de que las primeras las pierdan.

Les invito a escuchar cómo es este Banco de Semillas en el podcast que Daniel Iván Reyes nos ofrece esta semana.


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