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Zoo de fósiles

La mayor parte de los seres vivos que han poblado la Tierra han desaparecido para siempre. Quincenalmente, Germán Fernández Sánchez les ofrece en Zoo de Fósiles la posibilidad de conocer la vida de algunas de las más extraordinarias criaturas que vivieron en el pasado y que han llegado hasta nosotros a través de sus fósiles.

Psittacosaurus, el lagarto loro.

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Hace unos 110 millones de años, a principios del Cretácico, el clima era más cálido que en la actualidad. Aunque nevaba en invierno, los polos estaban libres de hielo, y extensos bosques cubrían las latitudes medias. Un brazo de mar separaba Europa de Asia. En este último continente vivía Psittacosaurus, el lagarto loro. Es un pariente lejano de los ceratopsios o dinosaurios cornudos como Triceratops, aunque no su antepasado directo, entre otras cosas porque Psittacosaurus tiene cuatro dedos en las manos y los pies, mientras que los ceratopsios conservan los cinco dedos originales de los vertebrados terrestres.

La cabeza de Psittacosaurus recuerda a la de un loro: El cráneo es alto y corto, con los grandes ojos muy adelantados y un pico robusto, que probablemente estaba cubierto en vida por una funda afilada de queratina para cortar las plantas de las que se alimenta. La estructura del pico, con la parte inferior que encaja por dentro de la superior, está también adaptada para romper semillas o frutos secos, que podían ser parte importante de su dieta. Los dientes en el interior de la boca se afilan al rozar unos contra otros; le sirven, como el pico, para cortar. Pero carece de los dientes trituradores de los ceratopsios posteriores. En su lugar tiene que recurrir a los gastrolitos: Traga piedras que funcionan como un molino para triturar el alimento. Estas piedras, que pueden ser hasta varias decenas, se almacenan seguramente en una molleja, como en las aves actuales.

El cerebro de Psittacosaurus es relativamente grande; y el olfato, la vista y el equilibrio están muy desarrollados. Varias protuberancias, semejantes a pequeños cuernos, se proyectan alrededor de los ojos; también hay una a cada lado del cráneo, el llamado cuerno yugal.

Un ejemplar se ha conservado con la piel, por lo que sabemos que el cuerpo está cubierto de escamas en su mayor parte. Hay escamas grandes, distribuidas irregularmente, y otras más pequeñas que cubren los huecos entre las grandes. Junto al cuerno yugal hay una estructura oscura que puede ser un escudo de queratina o un pliegue de la piel.

El estudio de los melanosomas, los orgánulos que dan color a la piel, indica que el vientre es más claro que el dorso, y que las patas traseras están adornadas con manchas o franjas, técnicas de camuflaje que utilizan en la actualidad muchos animales. La distribución de colores, con una transición suave desde el vientre claro al dorso más oscuro, indica que Psittacosaurus está adaptado para camuflarse en bosques densos con poca luz. También está muy pigmentado en la cara, los hombros y la cloaca. Esta última, debido seguramente a los efectos bactericidas de la melanina.

Psittacosaurus es un dinosaurio bípedo. Las patas delanteras miden poco más de la mitad de las traseras; son demasiado cortas para alcanzar el suelo en la locomoción. También son cortas para cavar o para llevar alimento a la boca; aunque sí puede utilizarlas para transportar material de construcción y alimento al nido. Hasta los tres años de vida, las patas delanteras crecen más rápido que las traseras, y es posible que las crías sean cuadrúpedas hasta los seis años. Esto sugiere que quizá el antepasado de Psittacosaurus era cuadrúpedo, y las crías mantienen ese rasgo primitivo. Las crías más pequeñas que se conservan miden poco más de diez centímetros de longitud. El crecimiento es bastante rápido para un reptil, aunque más lento que el de las aves; a los tres años aún pesan menos de un kilo, pero a los nueve ya llegan a veinte. Se calcula que su longevidad alcanza entre diez y once años.

Las patas traseras están unidas a la cola por una membrana, como en los murciélagos. A lo largo de la parte superior de la base de la cola hay una fila de cerdas huecas de unos dieciséis centímetros de longitud, agrupadas en conjuntos de tres a seis, que probablemente estaban queratinizadas, como las escamas. Su estructura es similar a la de las protoplumas de otros dinosaurios, y a ciertas plumas modificadas que desarrollan algunas aves actuales.

Como muchos de los restos de Psittacosaurus se han encontrado en sedimentos lacustres y los ojos y los orificios nasales están bastante altos en la cabeza, algunos autores han propuesto que Psittacosaurus era un animal semiacuático, que podía nadar propulsándose con las patas y con movimientos laterales de la cola, en la que imaginan una membrana de piel cubriendo las cerdas, como una aleta. Aunque no es la opinión general de los paleontólogos.

Psittacosaurus se extendía por lo que hoy es Siberia, Mongolia, China, y quizá llegaba por el sur hasta Tailandia. Es uno de los géneros de dinosaurio mejor conocidos; desde su descubrimiento en 1922 se han encontrado los restos fósiles de varios cientos de individuos, muchos de ellos completos, y representantes de todas las fases de crecimiento, desde crías recién salidas del cascarón hasta adultos. Se ha descrito una decena de especies basadas en diferencias de tamaño, del número y posición de las pequeñas protuberancias de la cabeza y de ciertas características del esqueleto, aunque todas son parecidas en líneas generales. Las más grandes alcanzan los dos metros de longitud, mientras que las más pequeñas no pasan de un metro.

De acuerdo con la estructura de los ojos, se supone que los Psittacosaurus alternan cortos periodos de actividad y de descanso durante todo el día y la noche. Según los fósiles, sabemos que al menos los jóvenes viven en grupo, seguramente para protegerse de los depredadores. Aunque desde muy corta edad son capaces de alimentarse por sí mismos, es posible que los adultos cuiden de las crías; un fósil muestra un joven de seis años acostado sobre treinta y cuatro crías, aunque existen dudas en cuanto a la interpretación del conjunto. En cualquier caso, como ya vimos en el episodio titulado “El mamífero grande se come al dinosaurio chico”, sabemos que las crías de Psittacosaurus podían ser presa de mamíferos carnívoros de la época, como Repenomamus. Y, por supuesto, los adultos debían tener cuidado con los grandes dinosaurios carnívoros, como el tiranosauroideo emplumado Yutyrannus, del que también hablamos aquí hace unos años.

OBRAS DE GERMÁN FERNÁNDEZ:

Infiltrado reticular
Infiltrado reticular es la primera novela de la trilogía La saga de los borelianos. ¿Quieres ver cómo empieza? Aquí puedes leer los dos primeros capítulos.

El expediente Karnak. Ed. Rubeo

El ahorcado y otros cuentos fantásticos. Ed. Rubeo


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