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Zoo de fósiles

La mayor parte de los seres vivos que han poblado la Tierra han desaparecido para siempre. Quincenalmente, Germán Fernández Sánchez les ofrece en Zoo de Fósiles la posibilidad de conocer la vida de algunas de las más extraordinarias criaturas que vivieron en el pasado y que han llegado hasta nosotros a través de sus fósiles.

Pteranodon, un gran pterosaurio con cresta

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Hace unos 85 millones de años, a finales del Cretácico, Norteamérica estaba dividida en dos por un mar interior cálido y poco profundo que cruzaba el continente de norte a sur, desde el Ártico hasta el Caribe. Era el mar de Niobrara. En sus costas vivían aves y pterosaurios que se alimentaban de los peces que proliferaban en sus aguas. Uno de los pterosaurios más abundantes en la región, y también uno de los más grandes, era Pteranodon, cuyos fósiles se han encontrado en los estados de Kansas, Alabama, Nebraska, Wyoming y Dakota del Sur. Parece que en la zona más septentrional del mar de Niobrara, en la actual Canadá, no había pterosaurios. Algunos restos fragmentarios se han descubierto en la costa este de Estados Unidos, en el golfo de México y en Japón, pero no está clara su pertenencia al género Pteranodon.

Pteranodon fue el primer pterodáctilo que se descubrió fuera de Europa. Desde su descubrimiento por Othniel Charles Marsh en 1870 se han encontrado más de mil especímenes, que están distribuidos por museos de todo el mundo, y que han permitido conocer en detalle su anatomía y su desarrollo. A lo largo de los años se ha descrito una docena de especies. Sin embargo, aunque aún no se ha alcanzado un consenso definitivo, todos los fósiles se pueden asignar a solo dos especies: Pteranodon sternbergi, la más antigua, que algunos autores llaman Geosternbergia sternbergi, y que vivió hace entre 88 y 85 millones de años, y su descendiente Pteranodon longiceps, que existió hace entre 86 y 84,5 millones de años.

La mayor parte de las diferencias observadas entre los diversos individuos se pueden explicar por dimorfismo sexual. Los machos se distinguen de las hembras por su tamaño, un 50% mayor, por el mayor tamaño de la cresta que adorna su cabeza y por la forma de la pelvis, más estrecha. La pelvis de las hembras es más ancha en términos absolutos que la de los machos, a pesar de que estos son mucho más grandes; esto les facilita la puesta de los huevos. Además, sus crestas, como las de los jóvenes de ambos sexos, son más pequeñas y redondeadas. En cuanto a las diferencias entre las dos especies, es simple: la cresta de los machos adultos de Pteranodon sternbergi es más vertical y protuberante, mientras que la de Pteranodon longiceps es más estrecha y se proyecta hacia atrás. Entre los adultos había variaciones en el tamaño de la cresta, y algunos machos tenían una segunda cresta, larga y baja, sobre el extremo del pico. Tantas diferencias en forma y tamaño de la cresta sugieren que esta no tenía ninguna utilidad aparte de servir como reclamo para atraer al otro sexo o en combates ritualizados entre machos.

Se ha propuesto que la cresta podía servir tambien como contrapeso del pico, pero los experimentos en túnel de viento indican que esto solo servía para los machos de la especie longiceps. La cresta de las hembras era demasiado pequeña para tener un efecto apreciable y, lo que es peor, la enorme cresta de los machos de la especie sternbergi producía el efecto contrario; era tan pesada que requería más musculatura en el cuello para equilibrar la cabeza que si no hubiesen tenido cresta.

A diferencia de otros pterosaurios más antiguos, Pteranodon no tiene dientes. De ahí su nombre, que significa “ala sin dientes”. Su pico, largo, estrecho y puntiagudo, está hecho de hueso. La mandíbula superior es más larga que la inferior, y se curva hacia arriba. El pico de los machos mide más de un metro de longitud.

La envergadura media de una hembra adulta es de poco menos de cuatro metros, mientras que la de los machos supera los cinco metros y medio, y se conocen ejemplares que sobrepasan los seis e incluso los siete metros. La cola es muy corta; no supera los 25 centímetros en los machos más grandes.

La proporción entre la envergadura y el ancho de las alas, que en Pteranodon es de nueve a uno, sugiere que su vuelo era parecido al del albatros, que tiene una proporción de ocho a uno. El vuelo de los albatros, que pasan mucho tiempo pescando en el mar, se conoce como “planeo dinámico”, y aprovecha el gradiente vertical de velocidad del viento sobre la superficie del océano para recorrer largas distancias sin aletear. Puede que Pteranodon emplease una estrategia similar, aunque los estudios mecánicos indican que la fuerza de sus alas, en relación con su peso, le permitía también volar activamente.

Como otros pterosaurios, Pteranodon era cuadrúpedo cuando estaba en tierra, y despegaba de un salto, con la mayor parte de la fuerza ejercida por las patas delanteras antes de un rápido aleteo para alejarse del suelo.

Los fósiles indican que las hembras superaban en número a los machos; solo uno de cada tres ejemplares descubiertos es un macho. Ocurre lo mismo en la actualidad en animales con acusado dimorfismo sexual, en los que el macho es mucho más grande que la hembra, como es el caso de los elefantes marinos. Como ellos, es posible que Pteranodon practicara la poliginia, con unos pocos machos que compiten por hacerse con un numeroso grupo de hembras. En ese caso, las hembras se dedicarían a la incubación y la crianza, mientras que la única ocupación de los machos, además de comer, sería defender su harén de los otros machos.

La mayor parte de los fósiles de Pteranodon se han encontrado en lugares que en la época estaban cientos de kilómetros mar adentro. Es probable que anidaran en islas rocosas, protegidos de los depredadores terrestres, y que se alimentaran lejos de la costa. Pteranodon se alimenta principalmente de peces. Flotando en el agua, una hembra pequeña sería capaz de alcanzar con el pico profundidades de hasta ochenta centímetros. Sin embargo, un pterodáctilo con la cabeza tan grande como Pteranodon no podía reposar flotando en el agua como un ave acuática; su centro de gravedad está muy adelantado, de modo que la cabeza tendería a hundirse. Debería estar en continuo movimiento para mantener la cabeza fuera del agua y respirar. Por otro lado, la cabeza, el cuello y los hombros de Pteranodon son tan robustos como los de las aves buceadoras; es posible que, como los modernos alcatraces, Pteranodon se lanzara al agua desde el cielo con las alas recogidas hacia atrás. Esta técnica de pesca submarina no estaba exenta de peligros en el mar de Niobrara, donde abundaban los tiburones y otros peces depredadores, así como reptiles marinos carnívoros como los mosasaurios y los plesiosaurios; de hecho, en el interior de los fósiles de algunos de estos se han encontrado huesos de pterosaurio.

Pteranodon es uno de los pterosaurios más populares; con su característica cresta aparece en muchas películas, desde la versión de 1925 de “El mundo perdido” de Arthur Conan Doyle y la de 1933 de “King Kong”, hasta “Dinosaurio” de Disney, en 2000, y la franquicia de “Parque Jurásico”, pasando por la secuencia de “La consagración de la primavera” de “Fantasía”, en 1940, y “Hace un millón de años”, en 1966. Casi no hay película de dinosaurios en la que este gran pterosaurio no aparezca.

OBRAS DE GERMÁN FERNÁNDEZ:

Infiltrado reticular
Infiltrado reticular es la primera novela de la trilogía La saga de los borelianos. ¿Quieres ver cómo empieza? Aquí puedes leer los dos primeros capítulos.

El expediente Karnak. Ed. Rubeo

El ahorcado y otros cuentos fantásticos. Ed. Rubeo


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