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Zoo de fósiles

La mayor parte de los seres vivos que han poblado la Tierra han desaparecido para siempre. Quincenalmente, Germán Fernández Sánchez les ofrece en Zoo de Fósiles la posibilidad de conocer la vida de algunas de las más extraordinarias criaturas que vivieron en el pasado y que han llegado hasta nosotros a través de sus fósiles.

Arsinoitherium, el animal de la reina Arsínoe

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Hace unos treinta millones de años, a principios del Oligoceno, lo que hoy es el oasis de Fayún, al suroeste de El Cairo, era una región pantanosa costera rodeada de manglares y selvas tropicales. No sería muy distinta de la región de Uganda que bordea el lago Victoria y el curso superior del Nilo en la actualidad. Allí vivían, entre otros animales, tortugas gigantes, serpientes, cocodrilos, elefantes, sirenios, damanes gigantes, roedores, musarañas elefante, diversas aves, como jacanas, cigüeñas, garzas, flamencos, cormoranes, águilas… y una gran variedad de primates. Algunos mamíferos pertenecen a grupos desaparecidos, como los creodontos depredadores, los antracoterios semejantes a hipopótamos y los embritópodos. Entre estos últimos, que son parientes lejanos de elefantes, damanes y manatíes, el mejor conocido, ya que es el único miembro de ese grupo del que se han encontrado esqueletos completos, es Arsinoitherium.

En el oasis de Fayún se encuentra la ciudad del mismo nombre. La ciudad de Fayún tuvo diversos nombres a lo largo de la historia: Fue Shedet para los egipcios y Cocodrilópolis para los griegos. En el siglo III a.C., bajo la dinastía ptolemaica, el faraón Ptolomeo II Filadelfo la rebautizó con el nombre de su hermana y esposa Arsínoe II, que fue deificada tras su muerte. Cerca de las ruinas del templo de Arsínoe fue donde se descubrieron los primeros fósiles de Arsinoitherium, y por eso recibió el nombre de esa reina egipcia.

Arsinoitherium es un herbívoro ramoneador que recuerda a un rinoceronte. Esto se debe, como ya hemos visto otras veces, a la convergencia evolutiva. La forma de rinoceronte es una buena adaptación para un herbívoro, como muestran, además de Arsinoitherium y los propios rinocerontes, los brontoterios, de los que ya hemos hablado, y los uintaterios, y quizá incluso los dinosaurios ceratopsios.

La especie descubierta en Fayún, Arsinoitherium zitteli, es la mejor conocida, y la que primero se describió. Fue bautizada en honor del paleontólogo alemán Karl Alfred von Zittel, pionero de la paleontología en Egipto. Mide un metro ochenta de altura en la cruz y tres metros de largo, con un peso de hasta dos toneladas. Hay otra especie, Arsinoitherium giganteum, que solo conocemos por los dientes hallados en 2003 en el norte de Etiopía, bastante más grandes que los de la especie egipcia. Se calcula que su altura en la cruz alcanzaba dos metros y medio.

La cabeza de Arsinoitherium es alargada, como la de los rinocerontes. El cerebro es pequeño y simple, parecido al de los sirenios primitivos. La dentición es completa, de 44 dientes, como en muchos mamíferos primitivos, y no presenta los típicos huecos entre los dientes que suelen tener los herbívoros. Los molares son gruesos para triturar la vegetación dura.

El esqueleto es robusto. Las proporciones del cuerpo y las patas se parecen más a las del elefante que a las del rinoceronte. Las patas, relativamente largas y con forma de columna, tienen cinco dedos y le proporcionan soporte en el ambiente pantanoso en el que vive. Arsinoitherium es capaz de correr aunque, por su gran tamaño, los adultos no tienen nada que temer de los creodontos, los depredadores de la época.

El rasgo más característico de Arsinoitherium es el par de enormes cuernos triangulares aplanados que adorna su cabeza. Estos cuernos están inclinados hacia delante y un poco hacia los lados, y su base ocupa casi toda la parte superior del cráneo, desde encima de los ojos hasta los huesos nasales. Otro par de pequeños cuernos redondeados arranca inmediatamente detrás del primer par. Con la edad, los cuernos del hocico se hacen más anchos, más largos y más puntiagudos.

Los cuernos de Arsinoitherium no están hechos de pelo como los de los rinocerontes, sino de hueso hueco. La textura del hueso que forma los cuernos, con canales neurovasculares bifurcados, surcos longitudinales y agujeros oblicuos, y con rugosidades en la base del cuerno, recuerda a la de los cuernos de los bóvidos. En estos, los cuernos están recubiertos por una funda de queratina que les proporciona resistencia a los impactos. Podemos suponer entonces que los cuernos de Arsinoitherium también tenían una funda de queratina y que no eran un mero adorno, sino que se empleaban en las luchas durante el cortejo. Con esta funda, los cuernos habrían sido aún más largos de lo que los fósiles nos muestran. Que no es poco; en algunos ejemplares, los cuernos de hueso alcanzan un metro y medio de largo.

OBRAS DE GERMÁN FERNÁNDEZ:

Infiltrado reticular
Infiltrado reticular es la primera novela de la trilogía La saga de los borelianos. ¿Quieres ver cómo empieza? Aquí puedes leer los dos primeros capítulos.

El expediente Karnak. Ed. Rubeo

El ahorcado y otros cuentos fantásticos. Ed. Rubeo


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