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Zoo de fósiles

La mayor parte de los seres vivos que han poblado la Tierra han desaparecido para siempre. Quincenalmente, Germán Fernández Sánchez les ofrece en Zoo de Fósiles la posibilidad de conocer la vida de algunas de las más extraordinarias criaturas que vivieron en el pasado y que han llegado hasta nosotros a través de sus fósiles.

Los yacimientos de Rusinga.

Proconsul - Zoo de fósiles podcast  - CienciaEs.com

Hace 18 millones de años, en el Mioceno, la región que hoy ocupa el noroeste del lago Victoria, entre Kenia y Uganda, estaba cubierta de selva, con un clima cálido y húmedo. Por aquella época se había empezado a formar el Rift del África Oriental, y el vulcanismo era intenso. Las colinas Kisingiri, en el oeste de Kenia, son los restos de la chimenea de uno de aquellos volcanes, cuyo cono se extendía por lo que hoy son las colinas Rangwe y las islas de Rusinga y Mfangano, en la costa keniana del lago Victoria. Aunque en el Mioceno el lago Victoria aún no existía. El volcán Kisingiri sufrió una serie de erupciones explosivas que cubrieron de cenizas un área de más de cien kilómetros de diámetro. El origen del magma de este volcán se encontraba a gran profundidad en el manto, por lo que sus lavas y cenizas contenían muchos carbonatos y compuestos alcalinos, de manera que los fósiles cubiertos por aquellas cenizas, desde orugas y bayas hasta primates y elefantes, se han conservado en un estado excelente.

En 1909, un buscador de oro descubrió en Koru, una población cercana a Kisumu, la principal ciudad portuaria keniana del lago Victoria, el primer fósil de mamífero del África subsahariana, un fragmento de mandíbula de un primate. En 1931, Arthur Hopwood, del Museo de Historia Natural de Londres, que participaba en una expedición dirigida por el paleoantropólogo Louis Leakey, encontró en las cercanías del lago tres individuos del mismo primate, que bautizó en 1933 con el nombre de Proconsul, que significa “antes de Cónsul”. Cónsul fue el nombre de varios chimpancés amaestrados que actuaron en circos, ferias y otros espectáculos en Europa y Norteamérica a finales del siglo XIX y principios del XX. El nombre daba a entender que se trataba de un ancestro de los chimpancés y, por tanto, de los homínidos. Entre 1947 y 1948, Louis Leakey y su esposa, la antropóloga Mary Leakey, llevaron a cabo la primera excavación sistemática en la isla de Rusinga, que es especialmente rica en fósiles. Allí desenterraron unos quince mil fósiles, entre los que se encontraron más restos de Proconsul, como el primer cráneo casi completo, descubierto por Mary Leakey.

Proconsul es un mono arborícola sin cola, de brazos largos, que se desplaza a cuatro patas sobre las ramas. Los huesos curvados de los dedos le permiten trepar con facilidad, pero carece de la capacidad de colgarse de las ramas sin esfuerzo que tienen los gibones y otros homínidos actuales. Los dientes caninos son grandes, y los molares pequeños. Tiene la columna vertebral flexible y el tórax estrecho, como los monos actuales. Su cara, sin embargo, era más parecida a la de los homínidos que a la de los monos del Viejo Mundo, y su capacidad craneana es algo mayor que la de estos últimos. La gran movilidad de la cadera y de los dedos pulgares le acercan también a los homínidos. Proconsul se alimenta principalmente de frutos y hojas, aunque puede complementar su dieta con pequeños animales. Los machos son más grandes que las hembras.

A lo largo de los años se han descrito seis especies de Proconsul, basadas sobre todo en diferencias de tamaño y en la anatomía dental y mandibular. De ellas, dos se han reasignado en 2015 al nuevo género Ekembo, que significa “mono” en la lengua suba de la región. Todas ellas se han incluido en la familia de los proconsúlidos. En la especie más pequeña, Ekembo heseloni, las hembras pesaban unos diez kilos, y los machos el doble; mientras que la especie mayor, Proconsul major, alcanzaba entre sesenta y noventa kilos, el peso de una hembra de gorila. Los proconsúlidos presentan una mezcla de características de mono y de homínido que complican su clasificación. Aunque hoy en día se descarta que sean ancestros directos de los homínidos, no está claro si se encuentran próximos a estos en el árbol evolutivo, o bien constituyen una rama colateral de los catarrinos o monos del Viejo Mundo, anterior a su diversificación.

Los proconsúlidos compartían las selvas en las que vivían con una gran variedad de animales: tortugas, varanos, serpientes pitón, cocodrilos, erizos, murciélagos, musarañas elefante, grandes creodontos depredadores, hipopótamos, rinocerontes, ciervos ratón; antracoterios, ungulados semiacuáticos emparentados con hipopótamos y cetáceos; gonfoterios, mastodontes con cuatro colmillos; calicoterios, herbívoros con garras y con aspecto de gorila emparentados con los caballos y los rinocerontes; monos parecidos a los gibones; roedores emparentados con las falsas ardillas voladoras africanas…

Con el paso del tiempo, el clima de la región se hizo más cálido y seco, y las selvas dieron paso a las praderas y sabanas. Terminó el Mioceno, pasó el Plioceno y comenzó el Pleistoceno. Hace solo cuatrocientos mil años, el levantamiento de un bloque de la corteza debido a la actividad tectónica represó los ríos que fluían hacia el oeste, y se formó el lago Victoria. Rusinga y Mfangano se convirtieron en islas. Las variaciones de nivel del lago a lo largo de los milenios han dejado depósitos de sedimentos en las costas de las islas, donde se han descubierto fósiles de tortugas, suidos, antílopes y otros bóvidos. Uno de esos antílopes es Rusingoryx, que vivió en Rusinga hace unos setenta mil años.

Los primeros restos de Rusingoryx se describieron en 1984, y veinte años después se descubrió un grupo de individuos enterrado en lo que había sido un brazo poco profundo de un río. Estos fósiles presentaban marcas de cortes, y estaban mezclados con herramientas de piedra. Debía de tratarse de una manada que fue acorralada, cazada y descuartizada por humanos primitivos. Rusingoryx es un pariente de los ñus, de metro y medio de altura y entre cien y doscientos kilos de peso. Un herbívoro veloz adaptado a los entornos abiertos. Pero lo que le distingue de los ñus actuales es su cráneo, único entre los mamíferos: El conducto y los senos nasales son enormes y están completamente huecos. Se trata de una peculiaridad que los asemeja a los hadrosaurios con cresta, los dinosaurios de pico de pato como Parasaurolophus, que empleaban sus grandes crestas huecas para emitir potentes sonidos. Desgraciadamente, Rusingoryx se extinguió hace unos diez mil años, así que ya no podemos escuchar cómo sonaban sus bramidos.

OBRAS DE GERMÁN FERNÁNDEZ:

Infiltrado reticular
Infiltrado reticular es la primera novela de la trilogía La saga de los borelianos. ¿Quieres ver cómo empieza? Aquí puedes leer los dos primeros capítulos.

El expediente Karnak. Ed. Rubeo

El ahorcado y otros cuentos fantásticos. Ed. Rubeo


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