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Zoo de fósiles

La mayor parte de los seres vivos que han poblado la Tierra han desaparecido para siempre. Quincenalmente, Germán Fernández Sánchez les ofrece en Zoo de Fósiles la posibilidad de conocer la vida de algunas de las más extraordinarias criaturas que vivieron en el pasado y que han llegado hasta nosotros a través de sus fósiles.

Borealopelta, un dinosaurio acorazado muy bien conservado.

Borealopelta - Zoo de Fósiles podcast - Cienciaes.com

Hace una década, el 21 de marzo de 2011, era un día normal de trabajo en la mina a cielo abierto Millennium, a treinta kilómetros al norte de Fort McMurray, en la provincia canadiense de Alberta. En la mina Millenium se extraen arenas bituminosas, de las que se obtiene petróleo sintético. Estas arenas bituminosas se formaron a partir de los restos fosilizados de plancton y otros seres marinos acumulados durante milenios en el fondo del mar de Niobrara, un mar interior que, en el Cretácico inferior, hace unos cien millones de años, dividía Norteamérica de norte a sur, desde el océano Ártico hasta el golfo de México.

Hacia la una y media de la tarde, la pala excavadora de un trabajador llamado Shawn Funk tropezó con unos restos fósiles. La licencia minera y la legislación de Alberta obligaban a la empresa a preservar cualquier fósil encontrado en la mina y a notificar el hallazgo al Real Museo Tyrrell, ya que todos los fósiles pertenecen al estado; así se hizo, y dos días después se presentaron en la mina el paleontólogo Donald Henderson y el técnico Darren Tanke. Hasta entonces, en esos sedimentos solo se habían encontrado reptiles marinos, plesiosaurios e ictiosaurios, así que los científicos se sorprendieron al descubrir que los nuevos fósiles correspondían a un dinosaurio acorazado en excelente estado de conservación. Pero no acabó ahí su buena suerte: Como la empresa concesionaria de la mina, Suncor, había tenido muy mala prensa el año anterior por la muerte de varias aves en sus balsas de decantación, la dirección vio la oportunidad de mejorar su imagen pública y no reparó en gastos para la extracción del espécimen.

Excavar el dinosaurio no fue tarea fácil; la mayor parte de los restos seguían encastrados a ocho metros de altura en un cortado de doce metros. Decenas de personas equipadas con retroexcavadoras, buldóceres, excavadoras de succión, carretillas elevadoras, martillos neumáticos, picos, palas y escobas tardaron catorce días en extraerlos. Además, el bloque de roca que contenía la mayor parte del ejemplar se partió en varios pedazos por su propio peso al izarlo. Una vez estabilizadas, todas las piezas se transportaron al museo, donde el técnico Mark Mitchell necesitó siete mil horas de trabajo durante cinco años para extraer los fósiles de la roca y prepararlos para su estudio. En reconocimiento por su trabajo, la nueva especie fue bautizada por el paleontólogo Caleb Brown, que publicó su descripción, con el nombre de Borealopelta markmitchelli. El nombre genérico, Borealopelta, significa “escudo boreal”. Por fin, el espécimen, que han resultado ser el dinosaurio acorazado mejor conservado hasta la fecha, pudo ser expuesto en el museo el 12 de mayo de 2017.

En este dinosaurio fósil se han conservado, en la posición que tenían cuando el animal estaba vivo, los huesos y los osteodermos, las placas de hueso que forman la armadura. Pero además hay restos de las fundas de queratina de los osteodermos, de la piel y del contenido del estómago. Se han detectado trazas de melanina en la piel que cubría los osteodermos, sobre todo en el lomo; el estudio de esas trazas indica que el animal era de color pardo rojizo con un patrón contrasombreado, más claro en la parte inferior, que favorece el camuflaje frente a los depredadores. Se ve que, a pesar de su tamaño y de sus imponentes defensas, no estaba a salvo de los grandes dinosaurios carnívoros.

Borealopelta pertenece a la familia de los nodosaurios, un grupo de dinosaurios acorazados que carecen del engrosamiento en forma de porra en la cola característico de los anquilosaurios, pero a cambio tienen un par de espinas en los hombros, que en este caso miden más de medio metro de largo, se dirigen horizontalmente hacia fuera, están curvadas hacia atrás y recuerdan a los cuernos de un toro. Aunque el esqueleto no está completo, faltan las patas traseras, la cola y parte de una pata delantera, se calcula que Borealopelta medía en vida cinco metros y medio de largo y metro y medio de alto, y pesaba más de una tonelada. Todo el cuerpo de Borealopelta, salvo la cabeza, el vientre y las patas, está protegido por un blindaje casi continuo formado por centenares de osteodermos de entre cinco y treinta centímetros, dispuestos en filas muy juntas; por debajo, la piel está cubierta de pequeñas escamas poligonales.

El contenido del estómago del fósil, formado en su mayor parte por helechos, con un pequeño porcentaje de hojas de cícadas, agujas de coníferas y carbón vegetal, ha permitido reconstruir con gran precisión los últimos momentos de la vida del animal. Solo unas horas antes de su muerte, Borealopelta se encontraba paciendo las plantas que crecían a poca altura en una zona que había sufrido poco tiempo antes un incendio. El estómago también contenía gastrolitos, piedras ingeridas por el animal para ayudar en el triturado de los alimentos, y pólenes que, junto con los anillos de crecimiento de las ramitas y el estado de maduración de los esporangios de los helechos, indican que la muerte del animal sobrevino a finales de la primavera o principios del verano. Tras la comida, o bien Borealopelta cayó a un río o bien fue arrastrado por una inundación; en cuanquier caso, acabó en el mar, donde se hundió inexorablemente; los dinosaurios acorazados no flotaban. En poco tiempo quedó enterrado en el fondo marino sin deformarse, y gracias a eso se ha conservado en un estado excepcional. Como las partes más pesadas de un dinosaurio acorazado eran la cabeza y la coraza, quedó hundido panza arriba, y por eso las patas traseras y la cola, que debieron estar expuestas durante más tiempo, desaparecieron, descompuestas o devoradas por algún animal marino.

(Germán Fernández, 21/01/2022)

OBRAS DE GERMÁN FERNÁNDEZ:

Infiltrado reticular
Infiltrado reticular es la primera novela de la trilogía La saga de los borelianos. ¿Quieres ver cómo empieza? Aquí puedes leer los dos primeros capítulos.

El expediente Karnak. Ed. Rubeo

El ahorcado y otros cuentos fantásticos. Ed. Rubeo


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