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Zoo de fósiles

La mayor parte de los seres vivos que han poblado la Tierra han desaparecido para siempre. Quincenalmente, Germán Fernández Sánchez les ofrece en Zoo de Fósiles la posibilidad de conocer la vida de algunas de las más extraordinarias criaturas que vivieron en el pasado y que han llegado hasta nosotros a través de sus fósiles.

Giganotosaurus, un gran depredador argentino.

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Hace unos 98 millones de años, a mediados del Cretácico, el norte de la Patagonia argentina era una región árida con campos de dunas atravesados por cursos de agua con grandes variaciones estacionales, y con algunos parches de bosques pantanosos. Allí habitaban peces, anfibios, tortugas, serpientes y mamíferos primitivos, pterosaurios y una gran variedad de dinosaurios. Entre los dinosaurios carnívoros, el mayor es Giganotosaurus, uno de los mayores depredadores terrestres de todos los tiempos. Su nombre significa en griego “lagarto gigante del sur”.

Giganotosaurus pertenece a la familia de los carcarodontosaurios, que fueron los superdepredadores dominantes durante el Cretácico inferior, hasta que fueron sustituidos por los tiranosáuridos en el hemisferio norte, y por los abelisáuridos, más pequeños, en el hemisferio sur. Los carcarodontosaurios reciben ese nombre, que significa lagartos con dientes de tiburón, por la forma de sus dientes, serrados y aplanados lateralmente.

Los restos más completos de Giganotosaurus corresponden a un individuo de doce a trece metros de largo, con un cráneo de metro y medio a metro ochenta, y un peso de entre cuatro y catorce toneladas. Este esqueleto se expone en el Museo Paleontológico Ernesto Bachmann, en Villa El Chocón, localidad de la provincia argentina del Neuquén, a dieciocho kilómetros del yacimiento donde se descubrió.

Por su gran tamaño, se han atribuido a Giganotosaurus unas huellas algo más recientes que los fósiles: son huellas de tres dedos largos y gruesos, con garras, de 36 a 50 centímetros de largas, con una zancada de entre un metro y un metro treinta.

Aunque el rango de tamaño de Giganotosaurus coincide con el de otros grandes terópodos, como el tiranosaurio y el espinosaurio, sus huesos son más robustos, por lo que, si no era el dinosaurio depredador más grande, posiblemente sí era el más corpulento.

Giganotosaurus es un dinosaurio bípedo con un gran cráneo y un cuello corto y robusto, menos curvado que el de otros terópodos. Los brazos son cortos, pero no tanto como los del tiranosaurio; cada mano tiene tres dedos armados con garras curvas y afiladas con los que podía sujetar a sus presas mientras las mataba de un mordisco. El cuerpo, con el dorso bastante aplanado, se mantiene en posición horizontal, y la larga cola sirve de contrapeso. La caja torácica es ovalada, menos ancha que la del tiranosaurio. Las patas traseras son grandes y musculosas, más grandes que las de cualquier otro terópodo conocido. El fémur es más largo que la tibia, lo que significa que no era muy veloz comparado con otros dinosaurios depredadores; aun así, se calcula que alcanzaba los 33 km/h.

De la composición de los huesos fósiles se puede obtener mucha información. Ya sabemos que las proporciones de los isótopos radiactivos del carbono, el uranio y otros elementos sirven para determinar la antigüedad de los fósiles. Pero se pueden saber muchas más cosas. Por ejemplo, las proporciones de los isótopos de oxígeno en el fosfato de los huesos fósiles nos dan información sobre la temperatura corporal cuando se formaron los huesos. En los animales de sangre caliente, como las aves y los mamíferos, esas proporciones son similares en todas las partes del cuerpo, mientras que en los de sangre fría hay más variaciones. En el caso de Giganotosaurus, el estudio de 84 muestras de 13 huesos distintos ha revelado que la diferencia de temperatura entre las vértebras del tronco y la tibia era menor de cinco grados centígrados, lo que indica que su metabolismo era mayor que el de los reptiles actuales de sangre fría, pero menor que el de las aves y mamíferos. Son resultados semejantes a los del tiranosaurio, y sugieren una vida activa y un crecimiento rápido.

El cerebro de Giganotosaurus es relativamente pequeño, un 20% menor que el del tiranosaurio. Destaca el gran tamaño de los lóbulos olfatorios; la corteza visual tambien está desarrollada, aunque no tanto como la del tiranosaurio; además, su visión binocular se limita a un ángulo de entre 20 y 35 grados, frente a los 50 del tiranosaurio. Todo esto, unido a su relativa lentitud a la carrera, sugiere que estaba adaptado a la caza por emboscada, o que cazaba presas lentas, como los saurópodos. Quizá fuera un cazador nocturno.

La estructura craneal y mandibular de Giganotosaurus difiere en varios aspectos de la del tiranosaurio. Esto se refleja en su funcionalidad: La fuerza de la mordedura de Giganotosaurus es menos de la mitad de la del tiranosaurio, pero aquel es capaz de cerrar las fauces con más rapidez. Giganotoraurus mata a sus presas con una sucesión de rápidas mordeduras que causan profundas heridas y una abundante pérdida de sangre. Si, como parece el caso en su pariente Mapusaurus, del que hablamos en el episodio de Zoo de fósiles dedicado al argentinosaurio, Giganotosaurus vivía y cazaba en grupos familiares, podría haber cazado incluso los enormes titanosaurios que habitaban en la región, como el citado argentinosaurio.

(Germán Fernández, 27/09/2022)

OBRAS DE GERMÁN FERNÁNDEZ:

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Infiltrado reticular es la primera novela de la trilogía La saga de los borelianos. ¿Quieres ver cómo empieza? Aquí puedes leer los dos primeros capítulos.

El expediente Karnak. Ed. Rubeo

El ahorcado y otros cuentos fantásticos. Ed. Rubeo


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